Chelsea y el poder
Amalia Chaverri
En los Clinton se perfila una simbiosis entre matrimonio y proyecto político
Filóloga
Si Hillary Clinton gana las elecciones en Estados Unidos, Chelsea tendrá como padres a dos presidentes de la mayor potencia mundial.
Egresada de prestigiosas universidades, Chelsea inicia sus estudios en el campo de la química, pasa a la historia, incursiona en la danza y, finalmente, estudia relaciones internacionales. Ha disertado sobre algunas propuestas políticas de su padre, se desenvuelve con soltura, y ha estado sometida a la prensa y a las críticas.
En la actualidad aparece, con bastante frecuencia, en las actividades de la campaña demócrata acompañando a su madre.
¿Por la continuidad? Permítanme esta atrevida conjetura, entendida como la posibilidad de que algo suceda a partir de una proyección de las tendencias del momento: ¿estarán preparando sus padres a Chelsea para continuar, como grupo familiar y por la vía democrática, con su proyecto político?
La sucesión intrafamiliar del poder, como constante histórica, ha tenido varios “formatos”: los matrimonios entre hermanos en la realeza egipcia; los antiguos modelos monárquicos –muchos endogámicos– de Occidente y Oriente; la tragedia que, antaño y hasta el presente, implica la ausencia del vástago (recordar a Napoleón); también algunas monarquías actuales cargan con el “tremendo” problema de no tener sucesor masculino. Están también las nuevas formas de sucesión –dentro del marco de las democracias– , en las que las esposas “heredan” la presidencia de su esposo, o la madre o el padre “hereda” el poder a un hijo (Butho, Gandhi, Bush), y, en el caso costarricense, dos de sus presidentes son hijos de expresidentes.
Veamos los datos (no evaluaciones ni juicios) del matrimonio Clinton, que, si bien comparte rasgos con los anteriores, tiene, a nuestro juicio, características que le dan un plus sobre los otros casos.
Exitosos y respetuosos. En los Clinton se perfila una simbiosis entre matrimonio y proyecto político. Como pareja, y más allá de todos los vaivenes ocurridos, han logrado mantener el lazo conyugal desde jóvenes.
Como socios fundadores de esa unión “matrimonio-proyecto político” han sido exitosos y respetuosos de sus respectivas carreras profesionales, claros y ambiciosos en sus metas, tenaces en el afianzamiento de su proyecto político y solidarios en momentos de crisis para no entorpecer el camino recorrido y, por lo tanto, defensores del estatuto matrimonial, tal como se mencionó.
Por otra parte, la comunicación, conjunción de intereses que existe entre ellos y su hija, parece sólida. El proyecto político se afianza y consolida con más eficacia, no solo por los intereses que comparten, sino por los lazos afectivos.
Si se concreta la llegada de Hillary Clinton a la presidencia y Chelsea asume algún papel protagónico, creo que sería interesante ponerle atención.
Los cambios geopolíticos, económicos y sociales que se dan día a día en nuestro mundo globalizado, e inciden en la necesidad de nuevas formas para el manejo del poder, sustentan que me haya planteado esta atrevida conjetura.
periódico La Nación 7 febrero 2008

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