Necesidades prioritarias: desfutbolización y desgerencialización de la política costarricense
Bernardo Aguilar González*
En el último debate previo al famoso super martes (5 de febrero), donde los electores de 22 estados estadounidenses votaron, tanto en las primarias republicanas como en las demócratas, los senadores Clinton y Obama dieron una cátedra del tipo de liderazgo que hace falta para el siglo XXI.
Para mí, como costarricense comprometido con las ideas del estado solidario, este debate lleva un sueño a la realidad. Sé que el cambio en Estados Unidos a nivel político tiende a afectar las modas políticas costarricenses. Así que oír a dos candidatos que no solamente no tienen miedo de hablar con ideas progresistas, sino que miran la inmigración no como un asunto de seguridad nacional sino de derechos humanos y el fracaso del modelo de desarrollo neoliberal es espléndido.
Sin embargo, lo que más me llamó la atención esta vez estuvo alrededor —como lo dije antes— del modelo de liderazgo. Dos factores fueron fundamentales para el diálogo productivo y fue claro que eran modelados a propósito: el debate fue cordial, buscando un mensaje de unión con vista del bienestar del pueblo de Estados Unidos, identificando como el mayor enemigo a las consecuencias de la desdichada parte de la última década, que ha pasado bajo el “liderazgo” de George Bush. Segundo, expresamente se rechazó el modelo político gerencial de liderazgo, el cual se identificó con el mismo fracaso pasado.
Las implicaciones de estos puntos para los costarricenses son enormes. Como buen tico, me encanta el futbol. ¡Soy un fiebre! Por ello me gustan los ejemplos basados en el fútbol. Disfruté enormemente los libros de Franklin Foer “Cómo el fútbol explica el mundo” y “El fútbol a sol y sombra”, de Galeano. De ellos aprendí la utilidad del deporte rey para los políticos (estoy seguro de que el lector ha pensado en Brasil), pues me parece que hoy en día tenemos un tipo de polarización en Costa Rica que se asimila a las tendencias de nuestro deporte favorito.
Las opciones político partidistas aún son escasas (aunque hayamos pasado de dos a unas pocas). La falta de imaginación abunda (¿cómo es posible que al PUSC se le acabaran los líderes?) y los partidos establecidos resisten la apertura. Prueba de ello es la reciente readopción del pródigo Antonio Álvarez Desanti, orquestada sabiamente por el marketing de Liberación y la resistencia que se siente a nivel de las tiendas del PAC de la sola mención de una coalición que abra el espectro político y recoja todos los puntos de vista que se encuentran representados en los comités patrióticos.
¿Es más fácil seguir siendo herediano, saprissista, liguista, cartago, y estarse solo preocupando de quién gana el próximo torneo para luego irse al lugar donde se reúnen los amigos y pavonearse de que se va con el ganador? Costa Rica puede ser mejor que esto.
Por otra parte, el modelo gerencial ha sido abusado también en nuestro país. El Incae y otras casas de entrenamiento gerencial se han llenado, porque hay gerencias en todo y para todo. Como en Costa Rica copiamos bien, el gerente ha llegado a tener un espacio de privilegio y liderazgo en nuestra sociedad. El gerente es el héroe.
Es el que garantiza (no importando por ello que su salario sea exorbitante) que los accionistas reciban dividendos. Psicológicamente, las capacidades que definen a un buen líder político han sido identificadas en el pasado reciente con el perfil del buen gerente.
Así, el ciudadano común pasa de ser un ente político que requiere de formación cívica y otras capacidades humanistas, a ser estrictamente un consumidor, asalariado o —cuando tiene la papa en la mano— un accionista. Se nombra al gerente en un ejercicio donde los que votan son generalmente los accionistas y… ¡presto! El país se maneja con criterios de eficiencia.
Este modelo de liderazgo se encuentra, luego de la crisis de los bienes raíces en Estados Unidos, sumamente cuestionado. Lo que está viendo el ciudadano hoy en ese país es una buena cantidad de gerentes que, a pesar de que sus compañías perdieron cantidades increíbles de dinero, salen de las empresas con la reputación de haberlas llevado a una situación financiera insostenible por prácticas inmorales, pero con los bolsillos bien llenos. ¿Qué sustento ético tiene este modelo, entonces?
No en balde en Alemania, en una reciente encuesta, una vasta mayoría de los encuestados han rechazado este modelo y lo culpan de la creciente disparidad en la riqueza, que ha aumentado en ese país en los últimos años.
Hacia el final del debate político en cuestión, el senador Obama fue increpado sobre su falta de capacidad gerencial, en tanto el ex gobernador republicano Mitt Romney sí la tiene. La respuesta del senador Obama fue devastadora: “¡Pues fíjese que en Estados Unidos tenemos hoy día un presidente que no solo cumple con ese perfil, sino que ha gobernado sobre todo para el beneficio del poder corporativo, y vea usted cómo nos ha ido!” Me dejó boquiabierto y pensando en mi país.
*Profesor de Economía y Estudios Latinoamericanos
Prescott College
Prescott, Arizona, EE.UU.
periódico La Prensa Libre 7 febrero 2008

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