Administra tu Blog

¡Crea tu Blog Ya! Fácil y Gratis

RESONOCO

27/02/2008 GMT 1

Anticipo

marfuerte @ 01:11

El libro de los pobres

Extracto de ‘El libro de los pobres’, de los periodistas nacionales Guillermo Vargas Calvo y Rafael Villegas Arango.

La ilusión de un niño...

Los pobres poseen un precioso libro. No lo hubo más lujoso, ni más discreto, ni más sabio. Reposa en él la poesía en sosiego tranquilo, como si viviese adorada en un santuario de dioses. Es un libro de oro cuyas páginas son diamantes y estrellas.

Esto lo sabía íntimamente aquel niño que en el verano pasado se murió, nadie sabe de qué dolencia. Tenía él doce años, era delgadito como un rosal nuevo; la color morena; ojos en los que se revelaba una secreta y prematura fatiga de espíritu. Rogelio Cruz lo llamaban. Murió sutilmente cual un hilo de agua cristalina. ¿Habéis visto caer de lo alto de una roca un cabello de agua que se hunde en la mansa superficie de una corriente? Pues así se hundió su existencia en las ondas de la muerte. Lo llevamos al cementerio de la aldea en una cajita blanca, cubierta con flores del campo alegre.

–Desde el día de Navidad –dice la madre llorando– lo veíamos triste, muy triste; no se quejaba; y, entretanto los otros muchachos correteaban por la calle, él ponía su cabecita en mi regazo…

¿Sabes tú, querida amiga mía, por qué se murió Rogelio? ¿No lo sabes, verdad? Oye esto: lo hirió un puñal en el propio corazón. Me reveló el secreto a mí solo un rayo de Sol rubio, que fue testigo de la desgracia.

Saborea, pues, el dulce amargor de esta historia. Rogelio era un simpático escolar; de poca inteligencia, es cierto, pero trabajaba con todos sus sentidos, sacrificaba sus fuerzas delicadas y dejábase arrastrar por el entusiasmo de sus tiernos empeños para realizar sus deberes. Las horas más intensamente negras de la noche, ¡cuántas veces se llegaron a la ventanita de la casa y en ella se reclinaron para halagarse en la contemplación del niño, fino como un rosal nuevo, que se había dormido sobre las páginas blancas de los cuadernos, así que apagaba su claridad la lámpara compañera! “Se mataba”, como decíamos en el lenguaje de escuela, y, con preferencia, el año de la mal recordada Navidad.

El maestro había ofrecido, para los mejores alumnos, valiosísimos premios: libros de cuentos, vestidos y juguetes. Rogelio, a pesar de que era el pobrete de la clase, no ansiaba vestidos ni juguetes. Un libro quería él, un libro de pasta roja y cantos dorados como los había visto un día en la vitrina de uno de los almacenes de la ciudad. Sus padres y su abuelita se alegrarían tanto con decir a los vecinos que el maestro le regaló a él un libro, ante toda la gente del pueblo, en el examen público …Trabajaba con tesón, con el empeño tenaz de los labradores de la aldea. Hora a hora, se engrandecía, se fortalecía en él la esperanza de colmar su deseo.

Llegó el 24 de diciembre. En el arreglo del saloncito estuvo él diligente y curioso [...]. El presidente inicia la repartición de premios... Resuenan los aplausos de los regocijados campesinos así que uno de los chicuelos recibe su obsequio. Es como una onda de justicia y de bondad que viene sobre la peinada cabecita de los niños a conmover el rudo sentimiento de la muchedumbre de labriegos.Mas ¿qué es eso? Han dado ya el último premio y no se ha oído el nombre de Rogelio Cruz... ¡Ah, malditos, si no saben estimular el trabajo...! Rogelio soñaba con un libro de cantos dorados; un libro que mostraría orgulloso a los viejos lugareños; que lo llevaría como si fuera un ternerito recién nacido a su casa lejana, y lo pondría en brazos de todos: en los de su madre [...]

Autores: Guillermo Vargas y Rafael Villegas

Editorial: EUNED

Pedidos: 234-7954

Suplemento Áncora. periódico La Nación 10 febrero 2008

Comentarios

No hay Comentarios »

Dejar un Comentario


<a href> <em> <blockquote> <strong> <cite> <code> <ul> <li> <dl> <dt> <dd>

Archivo | ¡Crea tu Blog Ya! Fácil y Gratis