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RESONOCO

29/02/2008 GMT 1

Más allá de un índice

marfuerte @ 00:13

Leonardo Merino Trejos

Respecto al tema del desempeño ambiental, tenemos problemas y desafíos urgentes

Politólogo

Costa Rica fue calificada en el quinto lugar mundial del Índice de Desempeño Ambiental (IDA), elaborado por las universidades de Yale y Columbia. Valga la oportunidad generada por esta noticia para reflexionar sobre algunas tareas pendientes, a fin de consolidar los logros ambientales y enfrentar nuevos retos, debilidades y vulnerabilidades señaladas por la sociedad civil y la investigación científica reciente.

El alcance de este puesto implica un reconocimiento, sobre todo, a las fortalezas consolidadas en materia de conservación por varios años. El IDA evalúa un conjunto de indicadores respecto a los avances en la reducción del estrés ambiental sobre la salud humana, la vitalidad de los ecosistemas y el manejo de recursos naturales.

Parte de lo que sustenta este resultado es la protección de un 26% del territorio, y más de un 33% tomando en cuenta la participación privada y comunitaria. Ocupando solamente el 0,03% de la superficie terrestre, el país aporta el 4,5% de la biodiversidad conocida del mundo. Además, ha logrado ser uno de los pocos países en recuperar cobertura forestal, alcanzando en el último estudio (2006) un 48% de su superficie.

Área marina. Pese a lo significativo de estos datos, el IDA, como cualquier estudio con indicadores comparados internacionalmente, no logra precisar algunos problemas y desafíos nacionales urgentes que vulneran estas fortalezas.

En primer lugar, el país tiene aún deudas importantes para el adecuado resguardo de la biodiversidad. Estudios recogidos por elInforme Estado de la Nación , como el Proyecto Grúas 2, identifican todavía “vacíos de conservación”, entre los que sobresale una escasa área marina protegida, menor a un 1%, contra la recomendación internacional de al menos un 10%.

Esto se agrava por la existencia –como reportan Cimar y Conservación Internacional– de zonas de gran riqueza ecológica sin ninguna modalidad de protección, actualmente sometidas a enormes presiones por la actividad inmobiliaria turística: entre ellas resaltan los golfos Dulce y de Papagayo. Ahora, además, se propone una incoherente reactivación de la amenaza petrolera en el Caribe.

En segundo lugar, la existencia de áreas protegidas no garantiza el cuido de los bienes ambientales.

Grúas 2 muestra que las principales zonas de recarga acuífera están fuera de estas áreas, lo cual significa que la disponibilidad y calidad de este recurso están sometidas al poco controlado impacto de zonas urbanas y agrícolas. Igualmente, según el estudio de cobertura del ITCR y la Universidad de Alberta, dos terceras partes del área de bosque no están bajo ninguna forma de protección, lo que denota una alta vulnerabilidad de esta recuperación a los cambios en la economía local o en la política forestal.

Agua y aire. Fuera de la agenda de conservación, Costa Rica enfrenta importantes desafíos relacionados con la huella ambiental de las actividades productivas y el uso inadecuado del territorio. Esta situación golpea la calidad del ambiente en las zonas urbanas y, más recientemente, amenaza las zonas costeras y las principales cuencas hidrográficas, afectadas por desechos, contaminación, erosión y uso intensivo de agroquímicos.

Ya se reportan situaciones límite en recursos como la madera sostenible, agua y aire de calidad, recursos marino-costeros y energía limpia. Esta agenda es más complicada de gestionar, y lejana al diseño y capacidades del sector público. Para ejercer su control, se cuenta con instrumentos débiles como la Setena, los planes reguladores (inexistentes en la mayoría de cantones y sujetos a irregularidades en su creación y manejo en muchos casos) y un sector ambiental desarticulado y con ineficiente gestión institucional, según ha planteado la Contraloría General del República. Lo anterior genera que muchas actividades económicas de alto impacto ambiental se den al margen del marco normativo del país.

La positiva valoración internacional del país en estudios como el IDA desafía nuestra responsabilidad. Lejos de ser motivo de complacencia pasiva, nos debe dirigir a profundizar la relación entre conservación, actividades productivas, equidad social y un control público de cara a la población. Existe una sociedad civil informada y activa, y una base de logros innegables desde el Estado. Esta fortaleza, con voluntad política y un diálogo abierto, permitiría una revisión crítica y la búsqueda de un mejor balance entre los retos ambientales para un desarrollo humano sostenible.
periódico LA Nación 14 febrero 2008

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