Columna PRISMA
RECIBA PAZ Y NO AMARGURA
Por Mario Ugalde C.
Subdirector
mugalde@diarioextra.com
El ser humano tiene dentro de sí mismo la capacidad para ser completamente feliz o terriblemente infeliz. Esta capacidad se desarrolla sobre la marcha, dependiendo de la actitud que se tenga para afrontar los escollos que se presenten en el camino, y de la influencia que tengamos de la familia, la escuela, los amigos, y el ambiente en que nos desarrollemos.
Pero ¿qué sucede en la familia? Pues que los padres siempre nos estamos quejando, “que todo sube de precio, que el dinero no alcanza, que los niños se portan mal, que los abuelos se enferman, que los negocios no caminan, que si llegó tarde o temprano, en fin, a todo siempre le vemos únicamente el lado negativo.
Por qué mejor no vemos todo más positivamente y en lugar de quejarnos de las enormes presas en las carreteras agradecemos a Dios que tenemos automóvil, o en lugar de afligirnos por las goteras que se meten en la casa damos gracias por tener donde vivir. Apliquemos la filosofía de Abraham Lincoln: “Casi todas las personas son tan felices como deciden serlo” y veremos un cambio muy positivo en nuestra vida y en la forma de comportarnos.
Para ayudarles a encontrar la ruta a la felicidad, hoy les contaré la historia de un profesor comprometido y estricto, conocido también por sus alumnos como un hombre justo y comprensivo. Resulta que un día de verano al terminar la clase -mientras organizaba unos documentos encima de su escritorio- se le acercó uno de sus alumnos y en forma desafiante le dijo: “Profesor, lo que me alegra de haber terminado la clase es que no tendré que escuchar más sus tonterías y podré descansar de verle esa cara aburridora”.
El alumno estaba erguido, con semblante arrogante, en espera de que el maestro reaccionara ofendido y descontrolado. El profesor miró al alumno por un instante y en forma muy tranquila le preguntó: ¿Cuándo alguien le ofrece algo que no quiere, lo recibe?
El alumno quedó desconcertado por la calidez de la sorpresiva pregunta. Por supuesto que no. Contestó de nuevo en tono despectivo el muchacho.
Bueno, -prosiguió el profesor-, cuando alguien intenta ofenderme o me dice algo desagradable, me está ofreciendo algo, en este caso una emoción de rabia y rencor, que puedo decidir no aceptar.
No entiendo a qué se refiere. -dijo el alumno confundido-. Muy sencillo, -replicó el profesor-, usted me está ofreciendo rabia y desprecio y si yo me siento ofendido o me pongo furioso, estaré aceptando su regalo, y yo, mi amigo, en verdad prefiero obsequiarme mi propia serenidad.
-Muchacho, -concluyó el profesor en tono gentil-, su rabia pasará, pero no trate de dejarla conmigo, porque no me interesa, yo no puedo controlar lo que usted lleva en su corazón pero de mí depende lo que yo cargo en el mío.
Cada día, en todo momento, usted puede escoger cuales emociones o sentimientos quiere poner en su corazón y lo que elija lo tendrá hasta que decida cambiarlo. Es tan grande la libertad que nos da Dios y la vida que hasta tenemos la opción de amargarnos o ser felices. ¿Qué escoge usted? No sé..., pero si decide amargarse seguramente al final del camino se arrepentirá y ya será demasiado tarde. Si quiere mi hunilde opinión lo mejor es que decida ser feliz, por eso a partir de hoy, cuando se sinta triste porque no conseguió lo que quería, solo decida ser feliz, entienda que Dios ha pensado en algo mejor para darte.
Diario Extra 16 febrero 2008

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