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RESONOCO

04/03/2008 GMT 1

Un país sin memoria

marfuerte @ 00:32

David Díaz Arias

Guerra Civil del 48 y sesquicentenario de la Campaña Nacional 1856-57…

Historiador

El artículo que publicó don Fernando Durán Ayanegui el pasado domingo 10 de febrero en la Página Quince de La Nación constituye un grito que probablemente no encuentre un oído, o quizás no el oído indicado, para anidar. La crítica fundamental de este escritor y químico nacional consiste en advertir que seguramente al recuerdo del sexagésimo aniversario de la Guerra Civil de 1948 le ocurrirá lo mismo que al de la conmemoración del sesquicentenario de la Campaña Nacional de 1856-1857. Así, la memoria del principal conflicto social costarricense del siglo XX acabará sin ninguna conmemoración oficial. ¿A qué se debe esta insistente política del olvido que prevalece en la sociedad costarricense de principios del siglo XXI?

Dudo en tener una respuesta sencilla para una pregunta tan compleja. Sin embargo, mirando otras experiencias conmemorativas en el mundo que tanto desea nuestra clase política imitar, es una lástima que las lecciones culturales no se aprendan tan bien como las económicas. Una de las cosas que me llamaron primero la atención de la sociedad estadounidense, es su culto, sino individual por lo menos público y continuado, al pasado. Por eso, es sencillo encontrar aún en pequeños pueblos estadounidenses, una clara política de conservación de los monumentos históricos, una afición por la conmemoración del pasado compartido y un deseo de reenactment (digamos: revivir) la historia local y nacional. Ese apego al pasado se complementa muy bien con la existencia de bibliotecas públicas que se convierten realmente en un espacio cotidiano familiar y fundamental que es inédito en nuestro escenario nacional.

Recuperación del pasado. Lo más llamativo sin embargo, es que el pasado se recupera a pesar de la diferencia. Una de las cosas que hacen interesante el estudio de la Guerra Civil estadounidense (1861-1865) es que a través del tiempo ha experimentado una profunda democratización en su análisis. Así, las distintas memorias de ese evento han sido recuperadas volviendo sumamente problemático su examen y sus variaciones a través del tiempo. El profesor David W. Blight ha sido quien ha evidenciado esta multiplicidad de la experiencia del recuerdo en un libro extraordinario: Race and Reunion: The Civil War in American Memory (Harvard University Press, 2001). Y ha sido un colega suyo, Walter Benn Michaels, quien ha dado en el clavo al indicar la importancia fundamental del recuerdo para una sociedad como la estadounidense. Según Michaels, la historia, al brindarnos memorias del pasado, nos da a su vez una identidad porque el aprender de la experiencia pasada de otra gente nos hace recordar nuestra propia experiencia histórica. Es decir, es en el recuerdo de un pasado compartido que los estadounidenses se definen como tales y renuevan los votos hacia su nación.

Es una lástima que en el actual contexto nacional costarricense la conmemoración de una historia compartida no parezca estar en la agenda ni en el escritorio de alguno de nuestros padres de la patria. Empero, los lugares en la agenda no constituyen una buena excusa para obviar el pasado. Si este país tiene futuro como nación, dicho futuro no descansará ni se garantizará solamente en la estabilidad económica.

La casa dividida de la que hablaba Lincoln en su famoso discurso de marzo de 1861 se podía sostener unida por medio de “las cuerdas místicas de la memoria”. Así, el pegamento que une a las naciones tiene como ingrediente fundamental al recuerdo. Sin memoria podemos aspirar a tener un país, pero no tendremos una nación.

Periódico LA Nación 17 febrero 2008

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