Columna Pido la palabra
El chayote y Chang
Roxána Zúñiga Quesada
ropazu@racsa.co.cr
Cuentan que una costarricense se marchó a Estados Unidos en busca del “$ueño” americano. Iba con la ilusión de un cartago o un herediano ante un campeonato de fútbol.
Estuvo tres meses hasta que la “Migra” la apresó cuando regresaba de hacer las abundantes compras en el súper. Los patrones se quedaron sin empleada y la doméstica, sin hogar. La pérdida, de cualquier marca que sea, deja un hoyo negro en el alma.
Sabía que Tiquicia era su destino, pero el fracaso no lo asumió con madurez ni sabiduría. Deseaba que envidiaran su triunfo y, para ello, nada como el fachenteo. Tras retornar al “paraíso de la bajada de piso”, un familiar la invitó a comer olla de carne. Cuando le sirvieron el humeante manjar, los plátanos cayeron tiesos, el camote se volvió loco, la yuca empezó a mentir, el tacaco se puso verde del colerón y el elote pelaba los dientes…
¿Qué fue lo que pasó? La compatriota, al mirar el plato, expresó con candidez estúpida: “Oh, ¿qué es esta verdura?”, y señalaba al chayote. ¡Tan solo 90 días fuera y había olvidado el fruto de esa enramada!
Gracias a Dios no todos son igual de bobos. Existe, por ejemplo, el magnífico ejemplo de Franklin Chang, quien, aun con sus logros y méritos, nunca ha perdido la humildad.
Este insigne científico impartió la lección inaugural del INA con la sencillez de quien se come la empanada de frijol y toma el fresco de frutas. Los grandes auténticos no necesitan olvidarse del delicioso picadillo de chayote
periódico Al Día 21 febrero 2008

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