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RESONOCO

06/03/2008 GMT 1

El pensamiento electoral humanista

marfuerte @ 01:23

Danilo Rodríguez Montero
daromontero@yahoo.com
La ideología muchas veces recula en tanto sentido práctico del quehacer político. Sin embargo, para los humanistas, en esta coyuntura de segundo referéndum en viabilidad de concretarse, y para la Costa Rica del siglo XXI, el pensamiento ideológico se torna neurálgico.

Porque la Costa Rica del siglo pasado dejó la sensación de desilusión en lo político, reduciéndolo a una competencia por el poder. En tanto el poder mismo calienta el dinero del todo social y en tanto el candidato accediera a él también, podía impunemente hacerse cual producto propio del producto material del todo social para su beneficio personal, y ello deformó el quehacer político en su esencia, deformando esa Costa Rica.

Con los referendos se nutre el acto electoral del qué y del para qué, sin —por el momento— cuestionar el quién. Así entonces, el cheque en blanco que endosamos como pueblo cada cuatro años, al elegir un gobierno nacional, un poder ejecutivo, estableció su detente, su alto ahí, su límite. De nuevo, un pueblo soberano enaltece el acto electoral para incidir en la toma de las decisiones, ordenando al Ejecutivo ejecutar lo que él, cual soberano, ha decidido, sin cambiar a quien ha de ejecutarlo.

Esto, en el pensamiento electoral humanista, es lograr ver al ser humano como valor central y acudiendo al paradigma de ningún ser humano sobre otro ser humano. Actuar, en consecuencia, sujeto
—incluido el todo ciudadano— a equivocarse, mas equívoco o no, en paz y concordia avanzar en la toma de decisiones propuestas desde el político profesional, y al que mantenemos para que proponga, asesore —no tesoros— sino que atesore con lo nuestro para él mismo. En este proceso del quién (gobernar) se ha pasado al qué, y el caso del convenio UPOV, para cuyo eventual referéndum recogeremos firmas, sería no solo una decisión tica exclusiva, sino también, más allá del acuerdo legislativo, un acceso influenciando el concierto de las naciones, en tanto un convenio para el que los ticos, en una competencia contra nosotros mismos, para resolución de conflictos habríamos inventado un cómo, una forma de acordar, un modo de decidir sui generis, que nos hará más dignos de confianza entre los vecinos, afectando en ellos también la forma de
hacer las cosas, al extremo de que les humanizaríamos también, pasando en el acto no violento activo del sufragio en referéndum; a educarnos en el acto respetuoso de la propuesta del ya elegido, para proponer más, no más que el soberano, quien al final decide a su cuenta, riesgo y principio de opción sin monopolio de la verdad. ¡El cielo, que el cielo sea el límite!
periódico LA Prensa Libre 22 febrero 2008

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