Reactivación de las reformas electorales
Ronald Alfaro Redondo
Politólogo, Estado de la Nación
La discusión sobre la reforma del sistema electoral se reactivó en las últimas semanas, luego de estar relegada por varios años en la Asamblea Legislativa. Por la importancia del tema, considero que en el debate actual no deben perderse de vista dos premisas fundamentales. La primera es que los sistemas electorales están compuestos por un conjunto de elementos y que los efectos políticos derivados de su aplicación dependen de la combinación de estos factores. Por lo tanto, cambios en cualquiera de sus partes alteran, a su vez, al sistema como un todo. La modificación impensada de uno de los componentes puede dar origen a resultados políticos no deseados tales como la autofabricación de mayorías parlamentarias.
La segunda premisa básica es que todo sistema electoral produce algún nivel de desproporción en la transformación de votos en escaños. Por ejemplo, en 2006 el sistema electoral costarricense registró, en la elección legislativa, los niveles más altos de desproporcionalidad desde 1953, manifestándose así una menor capacidad del sistema para garantizar un principio básico de la democracia: la igualdad política. Pero, desde un punto de vista comparativo, el nuestro es de los sistemas con menos distorsiones.
Buena parte de la discusión sobre la “imperfección” del sistema electoral se ha centrado en los efectos de la fórmula electoral, y particularmente en la influencia del subcociente, al que se le atribuye la responsabilidad de la desproporción. En alguna oportunidad se llegó a considerar que la fórmula electoral era el principal aliado del bipartidismo pues impedía a las fuerzas emergentes obtener más escaños en el Congreso. Sin embargo, el sistema de partidos políticos dejó de ser bipartidista sin que mediara ninguna modificación en la regla del subcociente.
Al sobredimensionar la influencia de la fórmula en el sistema electoral se han subestimado los efectos de otros componentes del sistema, tales como el diseño y el tamaño de las circunscripciones electorales. Las circunscripciones son las unidades territoriales (provincia, cantón) dentro de las cuales los ciudadanos votan por los candidatos de su preferencia. Entre mayor sea el número de representantes que pueden ser electos por circunscripción, mayor es la propor- ción entre el número de votos y la distribución de escaños. La provincia de San José en la elección legislativa es un buen ejemplo. Por el contrario, las circunscripciones pequeñas son más desproporcionales, como ocurre en Limón y Heredia, y en otros países que tienen este tipo de unidades territoriales.
En conclusión, si lo que se pretende es mejorar los niveles de proporcionalidad y representatividad del sistema electoral, no se deben crear circunscripciones pequeñas, sean estas uninominales o plurinominales, con el argumento de que así se mejora la calidad de la representación. No es cierto; lo que crea es una distorsión a favor de dos partidos políticos grandes. Por otro lado, si se va a modificar la fórmula electoral, debe alterarse el tamaño de las circunscripciones para equilibrar las diferencias existentes. Idealmente el sistema electoral debe aprovisionarse de circunscripciones en las que se nombren diez o más representantes políticos. Esto, indudablemente, implica aumentar el número de diputados.
periódico La Nación 24 febrero 2008

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