Columna Surco
Francisco Barahona R.
En política se impone el crudo análisis de las realidades por las que atraviesa un país, con el fin de adoptar medidas que beneficien, en teoría si nos referimos a un sistema democrático, al mayor número de ciudadanos. Desgraciadamente esto no siempre sucede y con frecuencia, las minorías poderosas y gobernantes se sirven con la cuchara grande aprovechándose de sus influencias con los políticos o simplemente, sustituyéndolos a ellos al ocupar directamente puestos de responsabilidad pública del más alto nivel.
Pareciera que en Costa Rica esto es lo que sucede y desde hace tiempo, si analizamos los procedimientos utilizados para la aprobación de las leyes en la Asamblea Legislativa, si consideramos además los nombramientos al frente del Poder Ejecutivo, incluyendo a los ministerios o instituciones autónomas y en ciertas embajadas. Allí encontraremos la crema y nata de los decidores en política y conociendo sus orígenes e intereses, podremos fácilmente discernir hacia que lado del viento colocan cada uno de ellos o en grupo sus velas. Por supuesto que hay unas pocas excepciones, pero también en política, una golondrina no hace verano y mucho menos en estos tiempos de cambio climático alocado.
El país lleva casi cinco años abocado a discutir el TLC en forma unívoca y monotemática, con lo que ha aumentado su deuda en proyectos de interés social y nacional, donde ya no solo el gobierno anterior de Pacheco nos dejó en el aire, sino el actual que lleva consumido la mitad de su tiempo y pese a los ofrecimientos hechos en campaña electoral, todavía no vislumbramos, salvo palabras y promesas nada coherentes y concretas, un trabajo de cumplimiento de su Plan Nacional de Desarrollo, donde además, por un lado hubo sustitución de Ministro y por el otro hasta la Contraloría General les acaba de enmendar la plana con un documento lleno de críticas y recomendaciones inteligentes, para ver si al fin levantan vuelo.
Y en nuestro Congreso la situación es peor, con una débil alianza de 36 diputados, más dos que condicionan su apoyo pidiendo favores de diverso tipo y una oposición que sabe que no tiene los votos necesarios para impedir la aprobación de las mal llamadas “leyes complementarias al TLC” y que comienza a dar una imagen de división interna y acomodo electoral de cara a las próximas elecciones presidenciales.
Y todavía más decepcionante es el ver a muchos de los y las diputadas de la coalición, renunciando a sus derechos de palabra en aras de supuestamente ganar tiempo y donde sistemáticamente han venido rechazando todas las mociones de la oposición, solo por ese hecho, despreciando la oportunidad de mejorar en lo sustantivo por esa vía, muchas de las disposiciones legales que a golpe de tambor y de reglamento, a veces mal interpretado están aprobando. Qué desilusión para muchos de nosotros el ver estas actitudes, pues bien sabemos que muchos de esos diputados y diputas antes sí tenían criterios propios y progresistas, pero en contraste con el presente, los vemos sumidos en el silencio y quizás en la obediencia política partidista.
En fin que esto es lo que acontece en la cúpula del poder, pero tengamos cuidado, la ciudadanía está vigilante a estas realidades y como cada acción provoca una reacción y el cambio es permanente, pues veremos a futuro cual es el resultado que tales comportamientos extremos provocan en la sociedad civil organizada.
periódico LA Pensa Libre 28 febrero 2008

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