Administra tu Blog

¡Crea tu Blog Ya! Fácil y Gratis

RESONOCO

08/03/2008 GMT 1

ESAS COSAS RARAS

marfuerte @ 21:34

María Elena Jiménez Vega
mjimenez@prensalibre.co.cr
“Doy gracias a la vida, que me ha dado tanto...” Definitivamente a veces no valoramos el estar vivitos y coleando.

El martes estuve en el hospital San Juan de Dios. Ese día acompañé a mi madre a una cita médica. Bien dice el dicho: no hay cosa más triste que un hospital.

Llegamos al sector de Ortopedia y, tras confirmar la cita, tuvimos además que informar la realización un examen realizado a finales de noviembre, cuyo resultado debía ser revisado por él médico. Padecimos unos minutos de zozobra, el examen de medicina nuclear no aparecía. La enfermera no andaba de buenas, si el examen se había extraviado, nada se podía hacer. Se tendría que reprogramar.

Mientras, por el salón pasaron a un niño recién nacido en incubadora. Luego a otro más chiquitito aun. Una señora con bastón le pidió el campo a un menor de edad, porque no aguantaba estar más de pie y otra señora se quejaba por las horas que llevaba en espera y al parecer no había desayunado.

Contaron que ese día, al menos no había mucha gente y que los ventiladores funcionaban. Pero es fácil imaginar con nuestro sistema de salud aquella sala abarrotada de pacientes con algún malestar y con un calor infernal.

Al cabo de dos horas de espera apareció el examen y luego el doctor nos hizo pasar a su consultorio.

El cuarto, conformado únicamente por una camilla, una cortina de tela arrugada con la insignia de la CCSS (Caja Costarricense de Seguro Social), tres sillas distintas y un escritorio sin nada más que unas hojas mal cortadas en pequeños tamaños y el expediente. Ni siquiera había teléfono, el médico mucho menos contaba con una computadora.

Al menos el doctor, un hombre joven y bastante alto por cierto, se comportó amable, algo usual en él, según las referencias de otros pacientes. Sin embargo, queda un sabor a nada tras esperar una cita durante medio año o más, que se evapora en diez minutos. El médico abrió el expediente y explicó en qué consistía el padecimiento de mi madre.

No la revisó ni mucho menos, lo que necesitaba saber estaba en el expediente. Según dijo, nada se puede hacer. Su padecimiento es como llevar un mal matrimonio, dijo el médico.

Entonces me pregunté: ¿cuántos malos matrimonios de este tipo hay? Posiblemente muchos. Pero, ¿cuántos con posibilidades de ser llevaderos? Tal vez pocos. Uno de los niños que pasó en incubadora murió esa tarde. El enfermero puso una mantilla para taparlo, mientras un aparato no dejaba de sonar, tic tic tic, como queriendo alertar lo ocurrido.

Mi madre lloró después. Fue cuando le dije que en ese consultorio no me dieron un diagnóstico fatalista, y lo único que necesito es que ella esté viva. Lo demás se resolverá, obviamente con un especialista que atienda en su consultorio y con medicamentos más eficaces, que se tendrán que comprar.

Aun con todo, doy gracias a la vida, que me ha dado tanto.

periódico La Prensa Libre 29 febrero 2008

Comentarios

No hay Comentarios »

Dejar un Comentario


<a href> <em> <blockquote> <strong> <cite> <code> <ul> <li> <dl> <dt> <dd>

Archivo | ¡Crea tu Blog Ya! Fácil y Gratis