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RESONOCO

08/03/2008 GMT 1

LA RONDA DE LOS LIBROS

marfuerte @ 02:44

Alfonso Chase
Harry Potter y las reliquias de la muerte

J.K. Rowling
Salamandra Editores, 2008

Llegamos al fin de la saga de Harry Potter, en sus siete versiones diferentes. La autora finaliza un ciclo y su protagonista también. Es el más completo libro de todos, por la sencilla razón de que pretende resumir el aprendizaje del héroe al llegar a su adolescente madurez y dejar perdido, si así puede decirse, el encantamiento de los valores mágicos que lo protegían, excesivamente, a él y a sus amigos, grupo esencial para entender toda la propuesta narrativa, con las características básicas de cada uno y la toma de decisiones finales en manos de Harry Potter, con ese insuperable liderazgo de que la autora supo dotarlo.

Desde “La piedra filosofal” a “Las reliquias de la muerte”, todo ha sido una búsqueda para vencer el mal, consumar una venganza, con armas de crecimiento interior, donde el grupo crece hacia dentro y hacia fuera, en una alocada lucha que tiene toda la imaginación de la autora, recreada en los mitos fundadores de todas las culturas, de casi todos los tiempos, en la visión occidental que tenemos de ellos, posiblemente a partir de los años 60, con los libros de Joseph Campbell, Robert Graves y ciertos asuntos tomados de Mircea Eliade, todo adoptado para una lectura lineal donde se toman, como emblemáticas razones, los recursos de una escuela de magia, donde los héroes están en proceso de aprendizaje continuo, en la lucha entre lo bueno y el mal, y los fantasmas del pasado, que provienen de sus progenitores.

A partir de una cita de Esquilo, se busca la protección a los muchachos con los dioses de los poderes subterráneos y es allí donde la autora da forma a la saga final, buscando una protección que emana de lo profundo, pero en la cual se interna el grupo original para buscar, siempre, un objeto emblemático en manos de extraños sujetos.

Es el libro construido más rigurosamente, porque todos sabemos, por medio de su lectura, que habrá de tener un final y porque en la aventura el protagonista es llamado como Harry Potter, Harry o simplemente Potter, en esa búsqueda del nombre real que le hará tener dominio de su destino y de su futuro. Este viene del abajo por medio de la presencia del señor Tenebroso, pero la historia se complementa con las vertientes de la información: diarios, periódicos, biografías apócrifas, automemorias, para dar un hilo a toda las historias anteriores y sumergir luego al héroe al submundo, como un nuevo Orfeo, adolescente, que baja a recoger el fuego de la vida.

La dúctil madurez de Potter
—tiene 17 años— es la culminación de un proceso de búsqueda, y es también el final de la saga, cuando ha recogido sobre su memoria y consciencia todo el aprendizaje a que fue sometido y conoce, de primera mano, las verdaderas historias de Voldemort, Albus Dumbledore, y otros, cuyas vidas y mentiras dan forma a todo ese proceso de maduración que se logra en este libro, que no ha variado un ápice el interés de sus lectores juveniles que consumen, ahora en español, los casi 2 millones de ejemplares que parecen desplazarse en todo el mundo.

Las reacciones de ellos ha sido variadas. Tranquilidad por la no muerte de Potter, el joven ya en posesión de su apellido, la unidad de los amigos, el valor final del héroe para saber que todo el viaje ha sido un aprendizaje interno, desligándose de cualquier trofeo exterior, para dejarlo por allí para ser encontrado luego o perdido para siempre y olvidado. Hubo niños y niñas que viajaron de lugares lejanos, al menos en España, hasta los centros libreros para estar el momento del lanzamiento del libro. Otros que se sintieron desamparados, al no poder seguir leyendo la saga, también descubrieron nuevos libros, que ya son viejos para otras generaciones, donde pueden lograr atisbos de la magia de la lectura. Las reliquias de la muerte son eso: reliquias. Los
héroes salen de la “tenebra” para encontrar la luz y 19 nueve años más tarde, los hijos de Potter y
Ginny salen para emprender un viaje de formación, como lo hicieron ellos antes. Con toda la parafernalia que se inventaron, las estrategias y los planes que los dejaron vivir y vencer. En Albus Severus, el hijo, confluyen todas las historias. Es un producto real de siete tomos de
lectura que, sin ilustración alguna, cautivaron a una generación de niños-jóvenes. Y otras más viejas, según se dice en las callejuelas del mundo.

Poesía reunida
1911-1982
Djuna Barnes
Igitur poesía, No. 23, 2004

Los anteriores libros de esta prestigiosa editorial contienen el sumum de la poesía más representativa del siglo XX y algunas obras nuevas de escritores españoles. El libro que reseñamos es de Djuna Barnes (1892-1992) y recoge sus poemas casi completos, algunos editados y otros que constituyen su legado, al seguir escribiendo casi hasta los 90 años, convertida en un icono de la literatura mundial, en el encierro del Village neoyorquino, por el que displicente se paseaba, absorta en la contemplación de su gloria y preocupada en lo que habría de comprar en un mercadito cercano de su casa.

Miss Barnes —así gustaba llamarse— escribió una novela única, cuentos maravillosos, reportajes exquisitos, artículos muy ponzoñosos, poemas llamados casi perfectos por sus críticos y lectores, y contribuyó a hacer de su vida una especie de santuario, manteniendo algunos amigos y amigas, se podían contar con la mano, viviendo de una pensión perpetua que su amiga Peggy Gugenhaim le otorgara, por el simple hecho de que debía sobrevivirse a sí misma.

Este libro viene a cimentar su reputación como poeta, al lado de los más grandes escritores norteamericanos del siglo XX, y fueron la mayoría publicados póstumamente, como ello lo quería, a partir de cuando algunos editores de revistas se permitían rechazarlo o hacerle sugerencias impertinentes sobre los textos que les enviaba.

En la sutileza de su oficio, la señorita Barnes combinó lo clásico con lo moderno, las más nuevas tendencias de los imaginistas o la idea del poema objeto, hecho de palabras sutiles, ideas claves, todas partiendo de su visión de un mundo reptando en su consciencia y que pueden leerse como un documento personal, que recoge el pulso del mundo para comunicar, primero a ella, luego a nosotros, lo que concebía como la poesía que permanece. Algunas versiones fueron trabajadas hasta 30 veces, inmarcesible a todas las tendencias o modas, a no ser la implantada por ella misma. El contenido amoroso, sus grandes amores reflejados en sus palabras, se unen a la visión religiosa de las imágenes. Era católica, mas la selecta visión de la palabra y las ideas, unidas para producir emociones casi intangibles. Son 70 años de poesía escrita intermitentemente, pero que la hicieron sobrevivir hasta la longevidad, con ascética pobreza, la dignidad de anciana arisca y malhumorada, con una inteligencia asombrosa, como la describió siempre su amiga y grande poeta como ella, Marrianne Moore. Djuna Barnes vivió en Europa muchos años, y allí escribió la primera parte de estos poemas, repartidos en revistas y publicaciones minoritarias, 1911-1938, y luego de su regreso a su país natal, en 1941, una segunda oleada de poemas, muy pocos sobreviven a su deseo, más los poemas de Ptchin Place, en Nueva York, hasta sus últimos días, y que fueron editados en 2004, y ahora este espléndido libro que no había sido editado en inglés, honor y gloria para Phillip Herring, su compilador, y al esfuerzo de Osías Stutman y Rosa Lentini, en la traducción de este legado. Para los lectores de Barnes podría ser la primera edición limpia de errores que se conozca, de la mayoría de sus poemas mas representativos, que la hacen ocupar un lugar de privilegio en la poesía universal y de su país.

Personae
Ezra Pound
Editorial Hiperión, 2007

Una obra imprescindible del poeta norteamericano Ezra Pound (1885-1972), en su extraordinaria quinta edición consecutiva en español, a partir de 2000, traducida de la más completa realizada por los profesores Leo Baeshler y A. Woltonh Litz, que en los años 90 fijó para la posteridad la obra breve de este poeta, donde se recoge parte de la edición de 1920, la cual llevaba a 1926 seis ediciones que dieron forma a la reputación del poeta, hasta que en 1946 la editorial New Directions, la diera a conocer para lectores interesados en las vanguardias y cuya influencia ha sido catalogada de excepcional en la obra de los poetas de esa fecha a este siglo, a nivel mundial.

Si bien es cierto que se han publicado los famosos Cantares (1955) y en los años 70 una
espléndida traducción al español del profesor Vázquez Amaral, la obra de poemas breves se conoce fragmentariamente en español, en pequeños libros que forman parte, ahora, de esta obra de 550 páginas, traducida por Jesús Munárriz y Jenaro Talens, en edición bilingüe.

Las cinco ediciones de la obra, en esta traducción, han sido un suceso editorial que ha merecido notas de prensa y ha puesto en contacto la poesía de Pound con círculos que generalmente no la conocen en su totalidad. El trabajo de los académicos norteamericanos es prolijo, con detalles finales para enmarcar cada poema en las revistas que fueron publicados, con las correcciones del autor, todo en el anexo, para no
turbar la lectura, más la inclusión de otros poemas no conocidos o
desperdigados en diferentes publicaciones, incluidos fragmentos de los primeros “Cantos”, no “Cantares”, que son el origen y la base de la gran obra final de este poeta.

Como abarcan un periodo determinado, se pueden seguir los rastros del imaginismo, la propia originalidad del autor, su vasta cultura y el deslinde que estableció con la poesía que se estaba haciendo a principios de siglo en Estados Unidos, el Reino Unido, de la Gran Bretaña y Francia, lugares en los cuales el autor residió. Ese distanciamiento con la tierra natal le permitió hacer una obra original, sumida en la gran cultura de su tiempo, con la libertad creativa que le fuera característica, pero con un rigor poético expresado en la copiosa antología. En realidad no son poemas breves, por ejemplo en Ripostes (1912), o en algunos no publicados por el autor, pero es el dedicado al pintor Whistler donde se puede sentir esa realidad de alejamiento, pero de universalidad, que hace de la obra de Pound algo insólito y permanente para entender el desarrollo de la poesía de su tiempo, como eco de una vasta observación de las culturas en transformación y a la herencia recibida, ¡como relevo no!, sino como absorción y síntesis para dar forma a un lenguaje personal, como lo hicieron muchos otros expatriados norteamericanos: Barnes, Stein, T.S. Eliot, por ejemplo, al darle forma al hecho artístico.

La traducción es cuidadosa, clara y no solo literal, sino que obviamente está hecha por escritores que conocen la mentalidad de Pound, las circunstancias históricas que la acompañan y el uso de un lenguaje particular, al tocar temas universales.

La carga de los trascendentalistas de la Nueva Inglaterra, Whitman incluido, le permite hacer un pacto, hay un poema memorable sobre esto, sobre lo que fue el exilio
0interior y la grandeza expresada por Henry James cuando mira las cosas desde el entorno del afuera, que se semeja un poco al vorticismo de los poemas primeros de Pound.

La más completa, revisada y plena antología de este autor, en sus primeros poemas. Un complemento de lectura al que también reseñamos de Djuna Barnes, más el libro de Elizabeth Bishop, que anda por ahí en busca de lectores avispados.

Revista abanico, periódico La Prensa Libre 28 febrero 2008

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