REVOLUCIÓN ELECTORAL NORTEAMERICANA
Julio Suñol
Estados Unidos de Norteamérica entró de rondón en un proceso electoral revolucionario visto desde diferentes perspectivas y con distintos criterios. Esto no surgió de la noche a la mañana. El fenómeno se procesó en el tejido social de una nación hoy atribulada por una guerra absurda e ilegal –efectuada con el auxilio de la mentira y el engaño– la cual ha sido un factor más, promotor de la crisis económica y de la vivienda como parte de una anunciada recesión. Es que la aventura militar que llevó al empantanamiento de Irak ha costado miles de millones de dólares y la lamentable pérdida de millares de preciosas vidas de jóvenes norteamericanos y de civiles iraquíes.
El hecho positivo de que una gran mayoría del pueblo –según las últimas encuestas– se muestre favorable a tener un presidente negro o una presidenta mujer, revela un cambio cualitativo en el pensamiento estadounidense. Esto probablemente hubiese sido impensable hace solo diez años.
La coyuntura novedosa de que grandes mayorías se estén decantando por Barack Obama, no solo negro sino también mixto en muchos sentidos (madre norteamericana, padre africano, nacido en Hawái, abogado de Harvard, ex residente en Indonesia y promotor comunitario en Chicago) viene a demostrar cómo es verdad que el país es abierto y permite estos ascensos que van más allá del denominado “sueño norteamericano”, para trascenderse en la búsqueda de un líder que pretende cambiar al país y dejar atrás las frustraciones nacionales y los errores, las torpezas y las evidentes limitaciones de George W. Bush.
En debate efectuado el jueves 21 anterior en la Universidad de Tejas, se vio y oyó a los dos aspirantes haciendo sus planteamientos teóricos y ello transcurrió en general en un marco de respeto mutuo y de moderación, lo que se convierte asimismo en garantía de unidad partidaria para las elecciones generales de noviembre.
La fecha para dirimir las posiciones de ambos será el próximo 4 de marzo, en Tejas y Ohio, cuando las primarias y caucuses podrían determinar incluso la derrota de la ex primera dama, agobiada en el presente por no haber podido ganar ni una sola de las 13 confrontaciones últimas, incluyendo la global en la que el joven senador salió victorioso en las votaciones registradas en decenas de países en los cuales los estadounidenses concurrieron a sufragar.
La señora Clinton tiene obvios méritos profesionales y en el proceso de los debates y exposiciones demostró su conocimiento de los males existentes en su país y aportó ideas y reflexiones para encontrar soluciones. Habría que preguntarse, sin embargo, qué le ha perjudicado.
Primero, debe destacarse la calidad, la capacidad, la decencia y el fuerte carisma de Obama. Pero de seguido se puede argumentar que la presencia del ex presidente Clinton en la campaña puede haber hecho más mal que bien. Esto por cuanto su participación vino a devaluarla a ella, por aparecer entonces como una persona necesitada de la ayuda de su esposo para afrontar la lucha que bien podía librar sin él y sin cargar con sus debilidades. Este cumplió con dos mandatos exitosos para los estándares norteamericanos, ya había sido presidente por ocho años y el riesgo era –y es– contar con ocho años más de clintonismo (por la posible reelección) y con la presencia de un posible copresidente innecesario y no bien visto.
Frente a ellos está el casi ungido candidato republicano John McCain, quien representa una clase de conservadurismo no grato para los extremistas de derecha de esa orientación. El problema de este aspirante, hasta ahora, había sido que tenía enfrente a sus propios compañeros de ruta, republicanos ortodoxos, que no han visto en él al hombre suficientemente conservador. En esta agrupación lo importante es probar que se es tan recalcitrante como el presidente Bush, o más y mejor.
Empero, como todo tiene su contrapunto, ahora resulta que quienes se hacían lenguas por las denuncias contra McCain por la supuesta existencia de un añejo afer con una promotora en el Senado de grupos empresariales, lo que consiguieron fue que los extremistas de derecha que no lo apoyaban, terminaran dándole su respaldo al cerrar filas con él.
Las encuestas de la actualidad subrayan que será un demócrata quien triunfe en los comicios de noviembre próximo, y cuando investigan quién tiene más posibilidades de ganar, concluyen que hoy la elección se la arrebataría a McCain cualquiera de los dos probables candidatos demócratas, nada más que Obama lo haría con un 5 ó 6 por ciento a su favor y la señora Clinton solo con un 1%.
La pregunta que corresponde hacer y algunos se la hacen, es qué lograría Latinoamérica con el triunfo de un demócrata, están quienes apuestan a la candidata Clinton frente a los que creen en Obama. Lo cierto, sin embargo, es que hace rato, desde los tiempos de Franklin D. Roosvelt, nuestro continente no ha visto un auténtico interés en esta área, como no fuera en los pocos meses de gobierno del Presidente Kennedy, con su Alianza para el Progreso, la cual terminó difuminándose y sin resultados dignos de exaltar.
Diario Extra 28 febrero 2008

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