Sin lugar para mediocres
Leonora Carrington-Remedio Varo
Manuel Bermúdez
Forja
Cada tantos años, el certamen más famoso del mundo del cine, el que convoca la Academia de Ciencias y Artes Cinematográficas de Estados Unidos, y que reparte los premios Oscar, se aparta de su tendencia a lo fastuoso y comercial para promover un tipo de cine donde gobierna la calidad. Es ese momento raro cuando el talento transforma la industria en arte y se destacan películas cuyo contenido, narración y realización se salen de la oferta hollywoodense.
Para la octogésima entrega, que se llevó a cabo el pasado 24 de febrero, mostró una contienda de profesionalismo y compromiso con un cine más inteligente y menos aparatoso, sustentado principalmente en el trabajo de los actores de más talento y menos divismo.
Las cuatro categorías principales actriz y actor protagónico y secundario recayeron en actores europeos. Como protagonistas, la francesa Marion Cotillard por su interpretación de Edith Piaf en La vie en rose y el inglés nacionalizado irlandés Daniel Day-Lewis por su papel del petrolero Daniel Plainview en There will be blood, adaptación de la novela Oil de Upton Sinclair dirigida por el joven director independiente Paul Thomas Anderson. Como secundarios la británica Tilda Swanton por la ambiciosa ejecutiva en Michael Clayton y el español Javier Badem por un asesino despiadado en la adaptación de la novela No country for old men un crudo señalamiento de la sociedad estadounidense contemporánea dirigida por los hermanos Ethan y Joel Coen, quienes ganaron también la categoría de mejor dirección y mejor película.
El apasionado trabajo de Daniel Day-Lewis es una garantía en la pantalla. Proveniente de una familia de intelectuales, actores y gente del mundo del teatro y el cine, escoge sus personajes y, como lo hacía el legendario Marlon Brando, los adapta y transforma con su propio estilo.
Cameron Diaz dijo que durante los seis meses de trabajo para Pandillas de Nueva York, dirigida por Martin Scorsese, conoció a Daniel Day-Lewis sólo como Bill, el tenebroso carnicero, que es el personaje que interpreta.
Para su papel en En el nombre del padre, el actor británico se encerró en un celda durante días para identificar dentro de sí las emociones ante la privación de libertad.
Su versatilidad lo llevó de interpretar a Christy Brown, el artista irlandés discapacitado en Mi pie izquierdo, con lo que ganó su primer premio British Academy of Film and Televisión Arts (BATFA), el premio más importante del cine británico en 1989 y posteriormente el Oscar; y luego al vigoroso guerrero de El último mohicano.
Extraordinario en todos los detalles, interpretó a John Proctor en la versión cinematográfica de la obra Las brujas de Salem, clásico del teatro norteamericano escrita por su suegro Arthur Miller.
Aunque Marion Cotillard apenas inicia su carrera, bajo un manto de maquillaje oculta su belleza juvenil y hace un derroche de talento en la interpretación biográfica de la cantante francesa Edith Piaf a lo largo de 30 años. Podría trabajar el año entrante junto a Javier Bardem en Nine, filme acerca de un director de cine, Guido Contini, y sus tribulaciones personales, con un guión de Federico Fellini.
Javier Bardem ha sido consecuente con su profesionalismo como artista. Le gusta retarse constantemente en los personajes que interpreta. De ahí que trabaje con directores independientes como el pintor y director Julian Schnabel con quien hizo Antes de que anochezca, o cuando lo dirigió John Malkovich en El bailarín de arriba, acerca de la detención del líder de Sendero Luminoso Abimael Guzmán en Perú. Recientemente estuvo como Florentino Ariza en la versión cinematográfica de El amor en los tiempos del cólera, como el sacerdote Lorenzo en Los fantasmas de Goya y antes como Ramón Sampedro en Mar adentro.
Ahora interpreta al despiadado Antón Chigurh quien deja a su paso una estela de cadáveres y sangre mientras trata de alcanza sus objetivos más inmediatos. Bardem encaja perfectamente con ese estilo de humor negro que caracteriza a los hermanos Coen.
Tilda Swinton, ya la habíamos visto en su papel de bruja malvada en las Crónicas de Narnia pero en Michael Clayton le da tal intensidad a su personaje que revela una nueva forma de monstruo cuya ambición de poder y éxito en los negocios le llevan a acudir al crimen para ocultar los efectos secundarios de un producto cuya representación tiene su empresa con un contrato multimillonario. Este personaje secundario es el contrapeso del protagonista Clayton interpretado por Clooney.
La carrera de los hermanos Ethan y Joel Coen inició con éxito con Simplemente sangre y así se ha mantenido en su estilo particular y su rigurosidad en cuanto al lenguaje. Vinieron luego Miller's Crossing, Fargo, Barton Fink, O Brother where art thou, El gran Lebowski, entre otras; en los 90 eran toda una referencia del cine independiente, pero poco a poco han entrado en un juego con la gran industria hasta realizar proyectos tan poco justificables como la comedia romántica Intolerable cruelty con Catherine Zeta Jones y George Clooney.
Suplemento Forja. Semanario Universidad 29 febrero 2008

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