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RESONOCO

08/03/2008 GMT 1

Vejez: remordimiento o esperanza

marfuerte @ 21:30

Fernando F. Sánchez C.

El arte de envejecer es el arte de conservar la esperanza – A. Maurois

Politólogo

Días atrás comentamos sobre las ventajas del “bono demográfico”, o sea el fenómeno que ocurre cuando la mayoría de la población se encuentra en edades en las que producen más de lo que consumen (entre 24 y 57 años). El balance favorable entre la capacidad productividad del grueso de la población y su nivel de consumo, genera una oportunidad irrepetible para propiciar el auge económico y elevar los niveles de vida en un país. Esto, a su vez, es consecuencia de otro proceso: el paulatino envejecimiento del habitante promedio, producto de la baja en la tasa de fecundidad y de la elevación en la expectativa de vida de los ciudadanos (La Nación, 10/1/08) .

Este proceso lo confirma un revelador estudio de Luis Rosero Bixby, en el que se advierte que la población costarricense mayor de 65 años explotará en las próximas décadas. De 300.000 adultos mayores en el 2000, aumentará a cerca de 2 millones para el 2050. ¡Un aumento de más del 600%! Los adultos mayores pasarían del 7,6% al 30% del total de la población. Por ejemplo, en el 2050 los que hoy tienen 18 años cumplirán 60 “abriles”. De ahí que en este tema, que es asunto de todos, ser previsores es mucho menos altruista de lo que parece.

Educación e infraestructura. Hoy, aunque como sociedad estamos envejeciendo, aún contamos con la mayor parte de la población en edades productivas. Por ello, no solo es necesario ofrecer la educación y construir la infraestructura indispensable para el crecimiento económico y el bienestar de la población, sino también utilizar inteligentemente lo que ya se tiene, y prepararse para el futuro. Nuestra negligencia en esta urgente tarea supondría “desperdiciar” el bono demográfico y obviar sus implicaciones. De ser así, tristemente, confirmaríamos la sentencia del expremier británico Benjamín Disraeli: “La juventud es un disparate; la madurez, una lucha, y la vejez, un remordimiento”.

Ahora bien, en lo que respecta al proceso de envejecimiento de nuestra población, la atención que requieren los adultos mayores –en su mayoría– no solo es clínica, sino también “humana”, orientada a propiciar mejoras en su calidad de vida y sus vínculos afectivos. Parafraseando al santo Padre Pío de Pietrelcina, poco cura un médico al que sobran medicinas, pero le falta amor. Nuestra apuesta hacia el futuro, entonces, debe orientarse a generar la infraestructura y conocimientos necesarios para que los adultos mayores presentes y futuros (léase nosotros mismos), tengan acceso continuo a los servicios públicos que garantizan la alta calidad de vida que, en general, ofrece hoy nuestro país.

Un ejemplo palpable de las decisiones que tenemos pendientes es el de los centros de atención hospitalaria dirigidos a este segmento de la población. Hasta ahora, un único hospital especializado en adultos mayores (el Blanco Cervantes) ha bastado para las necesidades médicas de este grupo. La razón, de nuevo, la explica Rosero Bixby: el porcentaje de ciudadanos de más de 65 años se ha mantenido prácticamente estable en los últimos 40 años, oscilando entre el 6% y el 8%. Pero ¿podremos seguir con un solo centro de atención cuando suceda el cambio demográfico previsto por este y otros expertos? ¿Será suficiente el Blanco Cervantes para una población de 2 millones de adultos mayores, casi un tercio de la población total del país? Todo apunta a pensar en nuevos hospitales o centros de atención integral para adultos mayores.

Estructura aprovechable. En este sentido, la construcción del nuevo Hospital de Heredia nos brinda una insospechada oportunidad. El nuevo San Vicente de Paul ya ha comenzado a levantarse con los mayores adelantos tecnológicos, y, con ello, se asegurará la atención clínica de medio millón de heredianos. Pero atrás queda, en manos de la CCSS, el inmueble que por décadas ha albergado al viejo hospital. Esta edificación ciertamente se hizo insuficiente para atender la actual población florense, pero de ninguna manera debe quedar en abandono. Con las reparaciones del caso, la mayor parte del viejo edificio cuenta todavía con las condiciones apropiadas para funcionar como un centro de salud. La Caja podría tomar una decisión muy sabia: remodelarlo y transformarlo rápidamente en un segundo hospital o centro integral de atención geriátrica.

“El arte de envejecer es el arte de conservar la esperanza”, decía el autor francés André Maurois. Cada decisión que retrasemos hoy para mejorar la calidad de vida de nuestros adultos mayores, acabará a la larga siendo un acto autodestructivo. Brindarles atención especial no solo es un merecido homenaje y un acción de justicia social, sino también una inversión en nuestro propio e inexorable futuro. Nuestras acciones de hoy determinarán si la vejez en nuestro país llega como un nostálgico “remordimiento”, o si, por el contrario, se convierte, siguiendo a Maurois, en una edificante oportunidad para depurar la virtud de la esperanza.
periódico La Nación 29 febrero 2008.

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