Administra tu Blog

¡Crea tu Blog Ya! Fácil y Gratis

RESONOCO

11/03/2008 GMT 1

¿El verdugo involuntario de Putin?

marfuerte @ 02:29

Nina L. Khruscheva

Nina Khrushcheva, autora del libro Imagining Nabokov: Russia Between Art and Politics, es profesora de Asuntos Internacionales en la New School y miembro asociada del World Policy Institute de Nueva York.

MOSCÚ — La pregunta sobre si Vladimir Putin permanecería o no en el poder –tema en torno al cual giraban los debates en la política rusa y en el exterior– ya se contestó. Sí y no.

La elección del acólito de Putin durante mucho tiempo, Dmitri Medvedev, al que este personalmente eligió para sucederlo como presidente de Rusia, significa que Putin está desprendiéndose formalmente de toda la pompa del poder del Kremlin. Sin embargo, actualmente parece que lo único que está dejando Putin es el saludo de los 21 cañonazos y el asiento principal que establece el protocolo, si acaso. Al decidir convertirse en el primer ministro del presidente Medvedev, Putin siente que está más cerca del poder porque tendrá el control del Gobierno minuto a minuto.

Esta transferencia extraña de cargos pero no de poder –que tal vez es una ligera mejoría comparada con los gobernadores del sur de Estados Unidos que solían dejar como sucesoras a sus esposas cuando expiraba su periodo gubernamental– es el escenario de Putin. Sin embargo, ¿qué pasaría si no es el de Medvedev? ¿Y si después de algunos años Medvedev se independizara de su patrón como Putin lo hizo de Boris Yeltsin, el hombre que lo entronizó en el Kremlin? Si eso sucede, será conveniente conocer, si la tiene, la postura de Medvedev.

Hay algo de Medvedev que salta inmediatamente a la vista: sus vínculos con lossiloviki, la ex- KGB y los militares que han dominado durante la era de Putin, son indirectos. Como abogado experimentado, debería entender, en principio, la importancia del Estado de derecho. Y, como viceprimer ministro desde el 2005, supervisaría los proyectos prioritarios nacionales de Rusia (un conjunto de políticas para desarrollar el bienestar social), lo que le permitiría conocer con más claridad que cualquiera de lossiloviki , concentrados en obtener y mantener su poder personal, las profundas fallas de Rusia.

Las promesas de modernizar las condiciones feudales del ejército ruso que hizo Medvedev también lo distinguen, dado el rotundo fracaso de la reforma militar en la era de Putin. Además, parece creer que las confrontaciones entre el Estado y la sociedad civil son contraproducentes. En efecto, insiste en que la función del Gobierno es fortalecer a la sociedad civil sobre la base del Estado de derecho. Todo eso suena bien. El problema es que ya lo escuchamos con Putin –otro abogado experimentado–, que, cuando empezaba su administración, prometió “una dictadura de la ley”, una reforma militar, una reforma agraria y, por consiguiente, el retorno al sueño agrícola de Rusia que la economía planificada posterior a 1917 echó a perder. En cambio, Putin y sus camaradas de la ex-KGB actuaron al margen de la ley, abandonaron las reformas económicas y sociales significativas, y aprovecharon los altos precios mundiales del petróleo.

Existe la esperanza, aunque pequeña, de que Medvedev, a diferencia de Putin, sí tenga la intención de hacer lo que dice. El hecho de que no tenga antecedentes militares ni haya formado parte de la KGB sugiere que su concepción del Estado de derecho podría no estar del todo influenciada por un cínico deseo de poder. Sin embargo, su trayectoria no es alentadora. Como viceprimer ministro de Rusia desde el 2005, no ha ido más allá de la retórica consoladora. Durante ocho años ejecutó las órdenes de lossilovik combinando un papel de cardenal gris del Kremlin con el de tesorero de la fuente principal del poder de lossilovik, la presidencia del gigante energético ruso Gazprom, propiedad del Estado. Medvedev también coordinó la intromisión rusa en las elecciones de Ucrania en 2004, lo que condujo a la “Revolución Naranja” de ese país.

Más generalmente, como jefe de la administración presidencial de Putin, Medvedev supervisó directamente la creación del actual sistema autoritario del Gobierno ruso. Por ello, era más que indicado que se convirtiera en el viceprimer ministro de asuntos sociales en el 2005, porque ya había logrado detenerlos casi por completo. Se supone que Rusia es un misterio, pero el mundo está acostumbrado a ver cómo rompe sus promesas: gran parte de los analistas estaban seguros de que Putin encontraría la manera de permanecer en el poder incluso sin tener que reformar la Constitución. Y lo consiguió.

En efecto, las promesas liberales de Rusia se han desechado sistemáticamente. Las reformas desestalinizadoras de Nikita Khrushchev tuvieron su fin en la era de estancamiento de Leonid Brezhnev; la democratización de Boris Yeltsin dio como resultado el autoritarismo de Putin. Citando las tristemente inmortales palabras de Victor Chernomyrdin, primer ministro de Rusia en la era de Yeltsin, “queríamos lo mejor, pero resultó ser lo mismo”. Sin embargo, con lo predecible que es generalmente el antidemocrático sistema de gobierno de Rusia, el país sorprende de vez en cuando. Khrushchev denunció a Stalin, su mentor. Originalmente, Mikhail Gorbachev fue puesto en el poder para dar continuidad a la visión del comunismo inspirada en la KGB de Yuri Andropov, pero en cambio condujo a la Unión Soviética hacia elglasnost y laperestroika y, accidentalmente, hacia la libertad.

¿Y si Putin se equivocó al elegir a Medvedev como su sucesor, y este se niega a ser su clon y en cambio sigue el ejemplo de Khrushchev, Gorbachev y Yeltsin? ¿Y si el supuesto títere empieza a controlar los hilos?
periódico La Nación 1 marzo 2008

Comentarios

No hay Comentarios »

Dejar un Comentario


<a href> <em> <blockquote> <strong> <cite> <code> <ul> <li> <dl> <dt> <dd>

Archivo | ¡Crea tu Blog Ya! Fácil y Gratis