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RESONOCO

12/03/2008 GMT 1

Erosión y cambio en la política partidaria

marfuerte @ 01:42

Claudio Alpízar Otoya *
En tiempos en que nuestro ambiente político se caracteriza por una variada oferta de agrupaciones políticas, que para algunos representa un fortalecimiento de la democracia y para otros un debilitamiento de las institucionalidad de los partidos políticos -tan importantes en el desarrollo de la democracia- tuve la oportunidad de leer el más reciente libro del Dr. Fernando Sánchez Campos, titulado “Partidos políticos, elecciones y lealtades partidarias en Costa Rica: erosión y cambio”, del cual entre muchas cosas rescaté los últimos dos conceptos para titular este artículo.

La mencionada obra viene a esclarecer muchas de las inquietudes que al respecto se han venido discutiendo alrededor del tema en cuestión, pues para entender el proceso que alrededor de los partidos políticos se genera, debemos escudriñar la historia reciente de la política costarricense, que sin dudarlo es en la que se sustentan las
mayores virtudes del acertado análisis del Dr. Sánchez Campos.

Tal vez muchos han olvidado o desconocen que las alianzas que se generaron antes y después de la Guerra Civil de 1948, se caracterizaron por su multiplicidad ideológica, pues encontramos a la Iglesia Católica y al Partido Comunista aglutinados junto con el Partido Republicano de los ex presidentes Rafael A. Calderón Guardia y Teodoro Picado, una alianza poco ortodoxa y difícil de digerir para muchos en aquella época, e inclusive para no menos en la actualidad. Sin embargo, no solo esta alianza llama la atención, pues también la oposición aglutinó una alianza extraña, el Partido Unión Nacional (PUN), de don Otilio Ulate, de oposición y también liberal, al verse relegado de aquel pacto y posterior a la Guerra Civil, decide unirse con el Movimiento Figuerista, que originalmente tuvo carácter insurgente y muy ligado a movimientos revolucionarios de América Latina. A esta coalición se sumó el Partido Social Demócrata (PSD), en el que la figura más emblemática, de aquellos jóvenes ilustres, era don Rodrigo Facio.

Es importante rescatar, como afirma el Dr. Sánchez, que “...los partidos ya tenían alguna base ideológica (socialcristiana, comunista o socialdemócrata). Existían claros proyectos encontrados en cada coalición (...) que sin embargo se disimularon camino a las elecciones de 1948 y, posteriormente, a la Guerra Civil”. Argumento desde el que podemos analizar mucho de lo que acontece en la actualidad, especialmente en el parlamento, en el cual es evidente que existen alianzas más sustentadas en objetivos comunes que en apego a la ideología partidista. Por otra parte, estamos prontos a que empiecen los fueros políticos camino a las elecciones de 2010, en las cuales no sería sorpresa una coalición tipo “ensalada ideológica”, en aras de enfrentar al Partido Liberación Nacional, pues pareciera que Costa Rica está a las puertas de regresar a un sistema de partido dominante, en un sistema multipartidista, similar al del periodo 1953 a 1986, como el que analiza con detalle el autor del libro referido.

De hecho, las crisis parlamentarias que se han venido suscitando con más profundidad en los últimos dos periodos (2002-2006 y 2006-2010), y de la cual el presidente, Óscar Arias, ha sido muy crítico por su lentitud y atrofia para el sistema en general, tiene muchos de sus elementos originales en el fortalecimiento del Parlamento que se da 1949, que se desvirtuó con un espectro multipartido, agravado con las falencias del reglamento que lo rige.

Se comete un gran error cuando se abstrae la crisis de partidos políticos, cuando se aísla y trata como un problema de coyuntura, ignorando las raíces y la evolución que los mismos han padecido en el sistema que los abriga en la llamada Segunda República.

En el estudio de Sánchez Campos, llama la atención la
referencia a que los partidos políticos en nuestro país fueron experimentado diversos procesos, que les permitieron evolucionar de ser instituciones inestables y que giraban alrededor de personalidades, a organizaciones fuertes. Ahora bien, el mencionado estudio recopiló y analizó información hasta las elecciones de 2002, que es cuando se empieza a configurar el espectro multipartidista de hoy en día, y en el cual el autor llama la atención sobre una característica: “el hecho de no tener diferencias ideológicas profundas entre los grupos políticos más importantes que compiten por el poder (...) se puede considerar una de las razones para la estabilidad democrática de Costa Rica”.

Esta afirmación debe ser analizada a la luz de los últimos acontecimientos políticos, pues pareciera que en alguna medida el Partido Acción Ciudadana (PAC) ha aglutinado a la izquierda nacional. Es un grupo que aparenta cohesión, pero que perfectamente a lo interno podría estar padeciendo fuertes confrontaciones ideológicas como las sucedidas a mediados del siglo pasado, lo que a la postre provocaría escisiones importantes en ese partido y un
realineamiento de su caudal electoral de 2006.

El Dr. Sánchez Campos con este libro -su sexto- que debería ser de consulta, tanto en colegios como en universidades- nos aporta toda una riqueza investigativa de suma importancia para el análisis de la coyuntura actual de nuestra política partidista, pero sin dejar de lado la historia -madre y maestra- que parece erosionar y llamar a un cambio en los partidos políticos.

* Politólogo
periódico La Prensa Libre 3 marzo 2008

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