Hace 60 años (2)
Segunda República fueron un inmenso y añorado avance para los sectores progresistas del país.
El mismo Figueres diría en su momento que, la obra de esos 18 meses de gobierno viene a complementar los bastiones del liberalismo de Jiménez Oreamuno y González Víquez y que a su vez, se ubica en la línea de las ideas de Jorge Volio, Alfredo González Flores, Omar Dengo y Roberto Brenes Mesén entre otros.
De ahí que, es muy cierto que con lo acaecido de 1940 a 1948 se divide la historia nacional en dos partes. Esto se debe a que el conflicto armado, no significó un regreso al pasado sino, el fortalecimiento del Estado reformista.
Es claro que si bien es cierto algunos estamentos de la oposición al Caldero – Comunismo buscaban la abolición de la reforma social, correspondió a Figueres y los socialdemócratas su defensa.
III
Ahora vivimos otros tiempos. Durante 1995 se llevó a cabo el denominado pacto “Figueres – Calderón”, el llamado “pacto de los hijos de los caudillos”. Tal pacto, procuraba la profundización del modelo de liberalización económica de cara a dejar la planificación económica en manos del mercado, disminuir la intervención del Estado en la economía y permitir que la distribución de la riqueza se diera de manera más focalizada.
Del mismo modo, en 1996, se da el rompimiento del monopolio en el manejo de cuentas corrientes por parte de los bancos estatales, con lo que se da un fuerte golpe a la nacionalización bancaria En ese mismo año, se acelera el proceso para romper el monopolio del ICE, que desembocará en las protestas contra el llamado “Combo eléctrico en el 2000, ya bajo la administración del Dr. Miguel Ángel Rodríguez. La continuidad de esta lógica se observa en el planteamiento programático y accionar del actual gobierno (DR – CAFTA incluido). Por su parte, la abolición del ejército sigue siendo uno de los grandes hitos de la política costarricense.
Este reencuentro con los hechos bélicos de 1948 nos debe servir para hacernos la promesa de defender los pilares del Estado Social de Derecho, de defender los pilares propios del régimen de justicia social que tantos frutos nos ha dado.
60 años después, los ideales por los que pelearon uno y otro bando están en entredicho. Se habla de competitividad sin hablar de solidaridad, se habla de libertad comercial, pero no de plena realización humana, se habla de oferta y demanda del mercado, pero no de la esclavitud que ésta dinámica conlleva y por la que cada vez se pierde lo que nos hace verdaderamente libres y completos.
60 años después el celo por la honestidad en la función pública, está cada vez más deteriorado. Aumenta el descrédito del tema político y se pierde la fe en la guía de los destinos del país. 60 años después se pondera más el individualismo que el bien común y se denigran los derechos de las y los seres humanos.
60 años después nuestro pueblo debe tener plena conciencia de los costos de los conflictos armados. No corresponde a los habitantes de nuestro país el llamar a la violencia, no corresponde a los gobiernos de nuestro país el propiciar los abusos y la injusticia.
60 años después se plantea un nuevo llamado al arrepentimiento y la corrección de quienes cobijados por las banderas que se defendieron en aquel momento, hoy dentro o fuera del poder, procuran objetivos contrarios al Estado Social de Derecho.
Este aniversario debe permitirnos avanzar en el convencimiento de que el mero capitalismo y el liberalismo no son eficientes en la distribución de la riqueza. El capitalismo no ha eliminado la miseria ni logrado la justicia. Por el contrario, ha permitido la concentración de la riqueza en pocas manos.
Este aniversario debe hacernos conciencia sobre los peligros que se ciernen sobre la herencia del Calderonismo, el Comunismo y el Figuerismo. Son las tentaciones que cotidianamente nos quieren hacer olvidar que el mercado es bueno para producir riqueza, pero no para distribuirla.
Son las acciones de los gobernantes que un día sí y otro también golpean el concepto de tener una democracia política con democracia social. En este sentido, ya hay daño patente. La ciudadanía va olvidando qué es una democracia social y conforme el Estado se va retirando de las esferas de la distribución de la riqueza, las demandas por la justicia social se hacen más claras. ¿Qué herencia dejarán estos gobernantes para el futuro?, ¿Qué concepto tendrán las próximas generaciones de esas personas?
Si bien es cierto estos son tiempos de libre comercio, no necesariamente son tiempos de comercio justo. Esto nos debe conducir a pensar en mejores formas de distribución del producto nacional e internacional.
Junto a esto, debe procurarse que los vehículos de movilidad sean más democráticos. Del “48” se heredaron vías y oportunidades para el ascenso social que permitían el cambio positivo de situación en amplios sectores sociales. Hoy, dicha movilidad es más dificultosa y diferenciada. Inclusive, los estudios más recientes muestran como dentro de la misma clase media, ya hay sectores que pueden ubicarse mejor que otros en la economía globalizada.
Otra parte de la herencia de 1948 tiene que ver con el sistema de partidos políticos. De esta coyuntura surgirá el Partido Liberación Nacional y lo que en mucho tiempo se conoce como el “antiliberacionismo”. En él, se hallaba la vertiente Calderonista, también el conservadurismo del Ulatismo y la propuesta programática de la democracia cristiana.
Es claro que un antecedente de la conformación de un partido permanente de oposición al Partido Liberación Nacional fue la coalición Unidad, y que en lo programático, expresó ser socialcristiano.
De 1983 al 2002 el Partido Unidad Social Cristiana (PUSC) se mostró como un importante actor, tanto en la oposición y en algunos momentos como gobierno, además, se denominaba heredero del Calderonismo.
Luego de su más reciente cuatrienio en el Ejecutivo, el PUSC está en una evidente crisis de cúpula que se ha visto agravada por los hechos de corrupción que han afectado a sus ex presidentes.
Por su parte, el Partido Liberación Nacional sufre desde 1983 una crisis ideológica en la que ha ido, de la izquierda democrática o socialdemocracia a una “derechización” que lo hace definirse como “socialdemócrata flexible”.
Dada la crisis de esas agrupaciones herederas de 1948, es que 60 años después, se muestran dos escisiones de éstas: el Movimiento Libertario, grupo separado del PUSC y que, en lugar de hacer defensa de la obra de Calderón Guardia, se constituye en un claro partido neoliberal, y el Partido Acción Ciudadana que trata de ser un representante de la socialdemocracia clásica costarricense pero que no ha logrado este propósito en términos ideológicos.
De los hechos armados que venimos hablando, un gran perdedor fue la izquierda que pasó de ser parte de la coalición gobernante a la ilegalidad y a partir de 1975, con poco arrastre electoral.
En suma, del bipartidismo fuerte que nos dejó la guerra civil estamos hoy ante un mosaico de grupos en donde no se termina de alcanzar la estabilidad del pasado. Está por verse cuál será el futuro en esta materia.
En otro orden de cosas, se alega que el Estado ha perdido sus proporciones y que es ineficiente por su alta burocratización, de esto se viene hablando desde 1983 y puede ser cierto, pero la solución no está en desarticular el tal, sino, establecer normas de eficiencia y control ciudadano.
Hace 60 años, e inclusive un poco más, se declaró en Costa Rica la guerra contra la pobreza, en esta no debe cejarse, no podemos combatir la pobreza a costa del aumento de la desigualdad, en resumen, debe volverse sobre los más preciados conceptos de justicia social.
A 60 años “del 48” muchas cosas han cambiado, muchas para bien, otras tantas para mal, lo lamentable es que en este tiempo se olvide dicha conmemoración, porque por ella, se vio el nacimiento de una nueva etapa en la historia de Costa Rica.

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