Columna Pido la palabra
Vomitan las cucarachas
Roxana Zúñiga Quesada
ropazu@racsa.co.cr
Doy gracias a nuestros gobernantes de todas las épocas porque amamantaron las interminables presas en la capital. Con su incapacidad para remediarlas, me hacen un regalo...
Metida a diario en el intestino de ese reptil de acero y hule, tengo tiempo para reflexionar en las diversas ramas del árbol nacional. Comparto con ustedes algunos de esos “derrames cerebrales”.
Mientras los japoneses pregonan hasta quedarse afónicos que en las empresas modernas la gente es el activo principal –más importante que edificios, computadoras y máquinas–, en este bello país obligan a un inspector del Tránsito a trasladarse todos los días de Guanacaste a San José.
La explicación oficial la sé: su plaza es aquí y no en la provincia del norte, y por la escasez de personal deciden recordarle dónde debe laborar.
Pero ¿por qué no buscan una solución más sensata y adecuada para el trabajador? Me niego a creer que el “matapalo” de la tontería haya secado el arbusto de las neuronas en esa institución.
Otro: a un hombre relacionado con el cobro de millonarias comisiones en el caso ICE-Alcatel lo nombran para administrar un fondo de ¢1.500 millones que dará el Gobierno a los ganaderos. Es horriiiiiiible… es como poner a Angelina Jolie a cuidar la castidad de Brad Pitt.
Uno más: a nuestros pobres policías no solo los matan de colesterol con una dieta aderezada con mayonesa, sino también los hacen vivir peor que los delincuentes. El estado de las comisarías haría vomitar a las cucarachas y daría diarrea a las ratas.
Gracias por las presas.
periódico Al Día 6 marzo 2008

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