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RESONOCO

28/03/2008 GMT 1

Los trabajos de don Joaquín

marfuerte @ 01:57

Rescatado El ‘Repertorio Americano’ vive en una colección completa, ubicada en la unaLiteraturaLos trabajos de don Joaquín

Bértold Salas Murillo | bsalas@una.ac.cr
Durante casi cuarenta años, entre 1919 y 1958, fue un trabajo de “goma y tijeras”, como don Joaquín solía llamar a las tareas de un editor: encontrarse con textos ajenos para llevarlos a ese público suyo; lidiar con las pruebas de imprenta y el correo, y buscar quién patrocinara su revista, la comprara, o escribiera en ella.

Es imposible separar Repertorio Americano de la figura de Joaquín García Monge, su único editor. Sin embargo, fueron escasas las oportunidades en las que él escribió: media docena de ensayos y algunas notas al lector –generalmente como intermediario en una polémica–, a través de unas 19.000 páginas.

La invisibilidad de García Monge es uno de los tantos detalles significativos que surgen tras un repaso por los 1.185 números del Repertorio Americano , revista preparada en una oficinita a 100 metros al norte de la iglesia de La Soledad, en San José, y leída por intelectuales de todo el continente.

Material de consulta para investigadores de ciencias y humanidades, el Repertorio americano ocupa un lugar privilegiado en las bibliotecas de numerosas universidades del norte y del sur del continente.

En nuestro país, el público encuentra tres colecciones íntegras en la Universidad de Costa Rica (UCR), la Biblioteca Nacional y la Universidad Nacional (UNA). Esta última es resguardada por el Programa Repertorio Americano , del Instituto de Estudios Latinoamericanos (IDELA), que dirige Julián González.

Recién pensionado como profesor de Literatura en la UNA y de Francés de la UCR, González continúa ad honorem con el trabajo al que ha dedicado más de 30 años. Este es resguardar el Repertorio Americano y promover el estudio y la difusión de esas páginas, que dicen tanto sobre Costa Rica y América.

Miscelánea. Sin ahorrar en palabras, Repertorio Americano se presentó en su primer número como una “Revista de Prensa Castellana y Extranjera. De Filosofía y Letras, Artes, Ciencias y Educación, Misceláneas y Documentos”. Después evolucionó y abrevió a “Cuadernos de Cultura Hispánica”, pero siempre tuvo lugar para artículos de todas las disciplinas.

También acogió imágenes: allí aparecieron grabados de Emilia Prieto y Francisco Amighetti, así como dibujos de Carlos Salazar Herrera, Juan Manuel Sánchez y Manuel de la Cruz González, entre otros. Antes de su partida a México, Francisco Zúñiga vio reseñado su trabajo escultórico.

Al principio, la revista era quincenal; después, conforme el tiempo hizo mella en la vitalidad de García Monge, sus apariciones fueron espaciándose. “Sin embargo, su longevidad es única en Hispanoamérica”, indica González.

Según explica, algunos artículos e ilustraciones eran reproducidos de otras publicaciones, con autorización del autor. Sin embargo, una parte importante de los textos eran escritos específicamente para el Repertorio Americano .

De primera o segunda mano, allí figuran artículos de Gabriela Mistral, Pablo Neruda, Victoria Ocampo, Teresa de la Parra, Alfonso Reyes y José Vasconcelos, entre muchos otros.

González recuerda cómo, el año pasado, el Programa colaboró con unos investigadores estadounidenses que buscaban un texto de Jorge Luis Borges: “Parece que lo escribió para el Repertorio Americano porque no lo encontraban en ninguna otra fuente”, dice.

En cuanto a costarricenses, están casi todos los intelectuales de la primera mitad del siglo XX. Algunos nombres: Carlos Luis Fallas (allí presentó la primera parte de Gentes y gentecillas ), Max Jiménez, Julián Marchena, Eunice Odio, Lilia Ramos, Moisés Vincenzi y, ahora como escritores, Amighetti, Prieto y Salazar Herrera.

Un asiduo de las páginas de opinión de los diarios, Clodomiro Picado, envió varios artículos científicos. De Emma Gamboa, a quien se recuerda como educadora, se publicaron artículos sobre literatura infantil.

En Repertorio Americano apareció el más célebre ensayo de Yolanda Oreamuno: El ambiente tico y los mitos tropicales (1939), una dura crítica al comportamiento costarricense y que está entre las “razones” de su exilio.

Carmen Lyra publicó unos 75 textos, entre combativos ensayos y relatos que después recogería en Los cuentos de mi tía Panchita . González resalta que nunca utilizó su verdadero nombre, María Isabel Carvajal, aunque al principio firmaba “Lira”.

Algunas interesantes ausencias: Joaquín Gutiérrez, quien partió muy joven a Chile; intelectuales del Centro para el Estudio de los Problemas Nacionales, como Justo Facio, quienes escribían en Surco ; y Luis Ferrero, discípulo y contertulio de don Joaquín durante sus últimos años.

Vuelva a la página 3. Son evidentes cierta informalidad periodística y las limitaciones técnicas para el diseño. Un artículo que comenzaba en la página 8, se cortaba abruptamente para anunciarse: “Pase a la página 15”, donde, después de tres párrafos, indicaba “Vuelva a la página 3”.

Una misma sección para reseñar las novedades editoriales podía llamarse “Libros que acaban de llegar”, “Noticia Libros”, “Entérese y escoja” o “Libros que convienen a los maestros”.

Como fue mencionado, los temas eran diversos: un antiimperialismo influido por José Martí y José Enrique Rodó, la discusión en cuanto a la americanidad, la negritud y el indigenismo, los problemas de la democracia latinoamericana, los derechos de las mujeres, nuevos asuntos de las artes y las ciencias... Los ascensos del fascismo y nazismo fueron seguidos de cerca y, según asegura González, rechazados desde el principio.

Paradójicamente –o quizá no tanto–, mientras la Guerra Civil Española pobló páginas, no hay una sola mención a la Guerra del 48, en Costa Rica. Con la excepción de intelectuales que se reinventan para alguna elección –García Monge fue uno de ellos–, son escasas las intervenciones de políticos en las páginas de Repertorio Americano y nunca con textos partidistas.

En aquellos tiempos sin Internet, este trabajo de recopilación era vital para el intercambio de ideas a través de América. Incluso hoy, la abundancia de información conduce a que extrañemos a gente que, con goma y tijeras, como García Monge, nos rescaten del naufragio que es navegar por la Red.

EL AUTOR ES PERIODISTA ESPECIALIZADO EN CRÍTICA DE CINE Y LITERATURA.

Corazón

y vasos

Repertorio Americano incluyó publicidad desde sus primeros números. Sin embargo, Julián González explica que la publicidad se hizo frecuente solo en los últimos veinte años de su existencia.Aparecen anuncios de empresas como la importadora John M. Keith, sastrería La Colombiana y la aerolínea Taca. El Ciclo Club ofrece papel tapiz que puede ser solicitado al teléfono 323. Una década después, la mueblería El Hogar (“200 varas al este de la Iglesia El Carmen”), informa sobre su nuevo teléfono: 3339.El Banco Anglo Costarricense invita a la gente a ahorrar, y el Banco Nacional de Seguros promueve los seguros para los trabajadores. También hay publicidad de la Sal Uvina, especial “para las agruras, las flatulencias, el dolor de cabeza y el mal aliento”. La kinocola se promueve con una explicación rica en detalles sobre su composición química y sus beneficios contra el cansancio.Abundan los anuncios de profesionales: Rogelio Sotela, (también poeta) y Octavio Jiménez (colaborador muy regular de la revista) ofrecen sus servicios de abogado y notario. También lo hacen el médico y cirujano Eduardo Fournier Quirós, y el cardiólogo Eugenio García Carrillo, hijo de García Monge, quien se especializa en “corazón y vasos”.Casi como un canje con los mecenas de la revista, algunas ediciones tienen por portada a damas costarricenses, Ester Jiménez Morales (junio, 1920).

Descubrir

el Repertori o

Según explica Julián González, la colección que está en el IDELA incluye los 1.185 números de la publicación.“En realidad, son tres colecciones: una íntegra, en perfecto estado, con sus cincuenta volúmenes empastados, donada por el Banco Central”, explica. También se encuentra empastada, aunque incompleta en un 10%, una segunda colección que la UNA recibió de la Escuela Normal de Heredia. Finalmente, hay una colección de ejemplares de Repertorio Americano que en su momento no circularon: aunque no están todos los números, de la mayoría hay dos o más ejemplares.Por ser de papel con al menos 50 años de antigüedad, las tres colecciones son de consulta restringida, pero se ha hecho un duplicado en facsímil de cada uno de los números. Estas reproducciones están a disposición del público.

Suplemento Áncora 9 marzo 2008

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