Columna A FONDO
José A. Cabezas
jcabezas@racsa.co.cr
Se dice, continuamente, que uno de los males de nuestra sociedad, en referencia a que ha detenido nuestro progreso, es llamado “mal social del pobrecito”. Se le dice así a aquel sentimiento, prácticamente popular, de excedernos en las consideraciones y comprensiones para aquel que se haga ver como maltratado, sufrido o desventurado por la vida o por la suerte. De manera que le eximimos de exigencias.
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No vemos que eso sea un mal importante, sin embargo. La verdad es que la compasión humana es una virtud, lejos de ser un pecado.
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Si asumimos las obligaciones que el “pobrecito” debe de hacer, o bien, lo eximimos de sus deberes cuando esto no cause daño a nadie, no creemos que sea el asunto tan malo como quieren que lo veamos. Otras sociedades, por no guardar este tipo de conmiseraciones, han sido sociedades más violentas. Quizá más avanzadas, pero más violentas.
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Y es que hay, sin embargo, un mal mayor que el “pobrecito”. Que es aquel que padecen nuestros adolescentes, nuestros padres, nuestros funcionarios públicos: el mal del “mientras tanto”.
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Si el “pobrecito” es hijo de la compasión, el “mientras tanto” es hijo de la vagancia. Es aquella solución que continuamente hacemos para algunos problemas, la cual sabemos temporal, pudiendo hacerla definitiva con un poco más de esfuerzo. Y no solo caemos en eso sino que, luego, la olvidamos.
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Nuestras calles están llenas de huecos rellenados, porque no se hizo un esfuerzo más y no se buscó el presupuesto para asfaltar; las casas se desploman, porque la idea fue salir del apuro otorgando viviendas a quienes reclamaban; en los barrios se instala un tubo de agua comunal mientras se construye la red, lo que nunca se hace. La cosa es quitarse el problema de encima sin
tener que hacer el mayor esfuerzo, la máxima calidad o el trabajo más eficaz.
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Esta filosofía popular costarricense, también llamada “por mientras”, es más perniciosa, más dañina, más falsa e hipócrita que “el pobrecito”, que al fin y al cabo, lleva cierta nobleza. La primera lo que lleva es cierta mediocridad
periódico La Prensa Libre 12 marzo 2008

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