Librero
A solas, el fin
Péter Nádas
La propia muerte
Novela
Adan Kovacsis, traduc.
Henning Jensen P.
Universidad de Costa Rica
El húngaro Péter Nádas es una descollante figura de la narrativa actual, pero ello no ha conducido a que su presencia sea profusa en nuestro idioma, a diferencia de lo que sucede, por ejemplo, en alemán, idioma al que se ha traducido casi toda su obra.
Por fortuna, Círculo de Lectores ha incluido, en su catálogo, La propia muerte , libro que se encuentra postulado para el Premio Internacional IMPAC de Literatura de Dublín del 2008.
Nacido en 1942, Nádas se dedica a la creación literaria desde la década de 1960 y es, a la vez, fotógrafo profesional. Literatura y fotografía se despliegan en su obra como géneros autónomos que, con sus propias dinámicas y pulsos específicos, se apoyan recíprocamente.
En la fotografía, Nádas organiza las instantáneas individuales en una trama narrativa, y, como escritor, utiliza el lenguaje con precisión fotográfica. Texto e imagen son reconstrucciones paralelas de la memoria privada y la colectiva.
Quizá sea ese apoyo de la literatura en la fotografía lo que ponga en marcha, en la prosa de Nádas, la imbricación de lo íntimo con lo general, de tal suerte que la imagen de un hilo particular permite entrever la complejidad del tejido global. A través de las personas percibimos las tensiones y contradicciones sociales.
La gran narrativa europea del siglo XX, desde Proust y Mann hasta Sebald, se articula como ejercicio de una imaginación literaria que penetra en el entramado de la historia colectiva. La literatura actúa como testigo crítico del drama social.
Una obra de Nádas, que pertenece a esta tradición, es su novela El libro del recuerdo . Publicada en 1986, ella consagró a su autor como escritor de estatura universal. Es un vacío cultural que la traducción castellana no sea accesible actualmente debido a que la editorial española no ha realizado una reimpresión. Es de esperar que el creciente renombre del autor ayude a superar esta omisión.
La propia muerte constituye una narración del infarto de miocardio sufrido por el autor, desde sus síntomas iniciales hasta la reanimación, pasando por tres minutos y medio de muerte clínica.
La prosa de Nádas es muy precisa, y el lenguaje, sencillo y poderoso. En la descripción minuciosa, el fotógrafo apoya al escritor. En la visita al dentista: “Debajo del largo babero blanco atado al cuello, tenía la camisa y el pantalón mojados, y notaba las gotas de sudor que me bajaban por las piernas”.
Quien lea ese texto quizá lo haga con la expectativa de encontrar la representación sublime de una experiencia límite. Esta expectativa es frustrada por la retórica de Nádas, la cual es tan aguda como discreta, aunque, a ratos, también es exaltada. La sobriedad del relato despoja a cada evento individual de todo sentido más allá de la experiencia humana.
Nádas es consciente de que transgrede el marco de las perspectivas habituales: “Los perros ladradores del infierno desearían que callara la boca y no hablara de esto”.
La capacidad de sentir y conocer se expande por efecto de la pérdida de los horizontes del tiempo actual y del espacio presente: “A falta de mejor fórmula, se suele decir que, en el instante de la muerte, el hombre repasa los hechos de su vida haciendo el recorrido a la inversa. Para ser sinceros, no repasa nada. Eso sí, ve con claridad, ya que el recuerdo tampoco tiene cabida en la intemporalidad”.
En ausencia de tiempo y espacio, se pierde el pensamiento conceptual. Nádas utiliza un verbo alemán para referirse a este fenómeno: umkippen . Ocurre un vuelco: “Volcar desde el vacío con sus tinieblas crepusculares –allí donde todo está junto, la fuerza, la protección– y caer al otro lado”.
De esa manera, el texto de Nádas mantiene la descripción del morir atada a lo inmanente. La muerte como tal es indescriptible. Sin embargo, el lenguaje de Nádas se aposta frente a ella como testigo de lo inexpresable.
Suplemento Áncora, periódico La Nación 9 marzo 2008

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