¿Fue una guerra inevitable?
Antes del 48 Otra mirada a la crisis previa a la guerra brinda algunas sorpresas
Iván Molina Jiménez | ivanm@cariari.ucr.ac.cr
La guerra civil de marzo y abril de 1948 fue el más grave estallido de violencia política experimentado por Costa Rica en el siglo XX. Debido a ella murieron más de 4.000 personas, hubo unos 7.000 exiliados y más de 3.000 presos políticos. Todo esto representa casi el 4% de la población adulta de esa época. ¿Cómo se llegó a esto?
El Republicano Nacional, fundado por los simpatizantes de Ricardo Jiménez en 1931, se convirtió, en el resto de la década, en un partido mayoritario, hasta el punto de que, en la elección presidencial de 1940, capturó más del 80 por ciento de los votos.
El gestor principal de ese éxito fue León Cortés. Primero como ministro en la tercera administración de Jiménez (1932-1936) y después como presidente (1936-1940), Cortés se valió de una activa política de obras públicas (casi el 30% del presupuesto nacional) para consolidar el apoyo del electorado.
Sumas y divisiones. Al finalizar el decenio de 1930, el mayor competidor del Republicano Nacional en las ciudades era el Partido Comunista (Bloque de Obreros y Campesinos). Fundado también en 1931, este partido, liderado por Manuel Mora, disponía de una base sindical y de un periódico permanente ( Trabajo ). Su estrategia electoral consistió en la denuncia sistemática de los problemas sociales.
Dadas las limitaciones que la democracia les impuso, diversos sectores anticomunistas fracasaron en sus intentos por ilegalizar al Bloque. Entonces coincidieron en que la mejor manera de enfrentar a ese partido era promover una política social que mejorase la vida de los trabajadores. La gran huelga bananera de agosto-septiembre de 1934 fue decisiva en fortalecer ese anticomunismo reformista.
Hacia 1938, el Partido Republicano Nacional se había dividido en dos tendencias, una más liberal y laica, encabezada por Cortés, y otra católica, liderada por el médico Rafael Ángel Calderón Guardia. Los cortesistas acordaron apoyar la candidatura de Calderón Guardia en 1940 con tal de que los calderonistas respaldasen el retorno de Cortés a la presidencia en 1944.
Posteriormente, los calderonistas llegaron a un acuerdo con el arzobispo Víctor Manuel Sanabria para derogar la legislación liberal que limitaba la influencia eclesiástica en la educación, a cambio de que la Iglesia apoyase la política social con la que los calderonistas se proponían disputar el voto urbano a los comunistas.
Polarización. Después de ganar los comicios de 1940, los calderonistas comenzaron a considerar cómo Calderón Guardia podría prolongar su período presidencial luego de 1944 o ser reelecto ese año. El conflicto con los cortesistas no se hizo esperar y culminó en abril y mayo de 1941, cuando Cortés y sus partidarios abandonaron el Republicano Nacional, comenzaron a organizar un partido nuevo e iniciaron un ataque sistemático al gobierno, al que acusaron de desorden administrativo y corrupción.
Ante el programa social del calderonismo, la respuesta inicial de los comunistas fue el rechazo y la descalificación. Acusaron al gobierno de apropiarse de proyectos (seguros sociales) originalmente planteados por su partido y afirmaron que la política social gubernamental era demagógica y falta de sustento económico.
La actitud de los comunistas comenzó a cambiar hacia septiembre de 1940 al saber que el presidente se proponía impulsar un código de trabajo. Iniciaron entonces un acercamiento con él que fue favorecido por la confrontación creciente entre cortesistas y calderonistas.
El proceso se hizo público en agosto de 1941, cuando Calderón y Mora se reunieron y un exdiputado comunista fue nombrado director de un programa oficial para calzar a los escolares del país. Dicho acercamiento intensificó la polarización política en tres sentidos.
Tensiones. Primero tensó las relaciones dentro del Republicano Nacional ya que los comunistas apoyaron los intentos de Calderón Guardia por mantenerse en el poder (el principal adversario que Teodoro Picado debió vencer en su camino a la presidencia fue el propio Calderón Guardia).
En segundo término, al verse arrastrado a respaldar a un gobierno aliado con los comunistas, Sanabria provocó una profunda división dentro del clero.
En tercer lugar, tal alianza facilitó que la política costarricense experimentase una ideologización sin precedentes pues se planteaba la competencia entre cortesistas y “calderocomunistas” como un enfrentamiento entre democracia y comunismo, dinámica que sería reforzada a partir de 1945 por el inicio de la guerra fría.
Al final, los planes de Calderón para mantenerse en el poder fracasaron, y calderonistas y comunistas debieron apoyar a Teodoro Picado como candidato en 1944.
El triunfo de Picado en esa elección fue considerado fraudulento por los cortesistas; sin embargo, un análisis de las demandas de nulidad de las elecciones que fueron presentadas revela que, aunque todos los votos objetados hubieran sido anulados, Picado siempre habría ganado la elección.
Pese a lo polémicas que fueron las elecciones de 1944, tanto en el gobierno como en la oposición había importantes sectores interesados en resolver el conflicto político de manera negociada. Picado apoyó un proyecto de código electoral que le brindaba más garantías a los distintos partidos. Por su parte, Cortés enfatizaba que la oposición no debía recurrir a las armas; a la vez, señalaba que estaba dispuesto a negociar con Picado la designación de un candidato de compromiso para la elección de 1948.
Línea dura. Sin embargo, dentro de la oposición existía también un sector de línea dura, adversario de negociar con el gobierno e integrado por los jóvenes profesionales e intelectuales que en 1940 habían formado el Centro para el Estudio de los Problemas Nacionales, y por los pequeños y medianos empresarios que en 1943 habían constituido el grupo Acción Demócrata. Este sector, cuyo líder era José Figueres, resultó fortalecido con la inesperada muerte de Cortés a inicios de 1946.
A diferencia de sus compañeros de la oposición, los figueristas tenían todo un proyecto para transformar a Costa Rica. Sin embargo, su principal problema era que su respaldo electoral era muy reducido. Por tanto, la única forma en que podían alcanzar el poder a corto plazo era mediante una ruptura constitucional.
Debido a lo anterior, no sorprende que ese grupo fuera vinculado con los actos terroristas que estremecieron al país a partir de 1945 y que, desde mucho antes de los comicios de 1948, empezaran a preparar una insurrección armada.
Para los comicios de febrero 1948, la oposición escogió como candidato a Otilio Ulate, cuyo triunfo en la elección presidencial fue anulado en marzo por un Congreso dominado por calderonistas y comunistas. La anulación brindó a los figueristas la excusa necesaria para iniciar un levantamiento armado, supuestamente en defensa del sufragio.
No obstante, una vez que ganaron la guerra, Ulate debió esperar año y medio para asumir el poder, y el resultado de la elección de diputados de 1948 fue desconocido. Además, hoy es claro que en los comicios de 1948 hubo irregularidades que obligan a calificar la victoria de Ulate como dudosa.
Sesenta años después de la guerra civil de 1948, los aportes recientes de la investigación histórica ofrecen nuevas posibilidades de interpretación de lo que ocurrió en uno de los períodos más importantes y conflictivos de su historia.
EL AUTOR ES historiador y PROFESOR DE LA ESCUELA DE HISTORIA E INVESTIGADOR DEL CENTRO DE INVESTIGACIÓN EN IDENTIDAD Y CULTURA LATINOAMERICANAS DE LA UCR.
Suplemento Áncora. periódico La Nación 16 marzo 2008

Meneame
del.icio.us