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RESONOCO

05/04/2008 GMT 1

Columna Ojo Crítico

marfuerte @ 21:22

Rodolfo Cerdas

Politólogo

Un factor negativo de esta Costa Rica globalizada es la tendencia a fundir el poder político con el económico y el mediático. Esto, tradicional en el Istmo, se evitó aquí gracias a nuestros grandes políticos liberales (Ricardo Jiménez, Cleto González) que, pese a provenir de grandes familias cafetaleras, supieron guardar la distancia debida con los intereses sectoriales de su familia y clase.

Cuando los campesinos adquirieron derecho a votar, porque con el café sus parcelas subieron de valor y el sistema censitario, que exigía un mínimo de capital para elegir y ser elegido, se le hizo disfuncional a la oligarquía cafetalera para monopolizar el poder, estableció como requisito saber leer y escribir.

Así, de un plumazo, redujo el padrón a solo el 10%. Entonces sus hijos, que formaban el llamado Olimpo, burlaron la exclusión introduciendo como gratuita, obligatoria y costeada por el Estado la enseñanza primaria. Afianzaron así una autonomía del sistema político de cara al interés de familias y sector social.

Hoy tenemos otra Costa Rica. Transnacionales y nuevos ricos no ven como necesaria la conexión entre el crecimiento económico y el bienestar social; no ven que la pobreza, además de un problema ético e histórico, exige ser erradicada para que haya democracia, paz social y Estado de derecho. Mientras miles de jóvenes sean excluidos del sistema productivo, porque su mala formación impide integrarlos, la delincuencia será imbatible, e insegura la vida social. Aun el éxito turístico será insostenible, lo mismo que la estabilidad, la paz social y la democracia. Y ni siquiera vivir en guetos millonarios resolverá el problema.

Esta realidad no puede ignorarse. Por proclamarlo, la Iglesia se ha ganado, como el Galileo, burlas y críticas: la verdad incomoda los goces de la abundancia ciega. También la proclama la pobreza que se oculta bajo los puentes y las barriadas donde ni siquiera la Policía osa entrar. Por eso la reforma que se requiere es mucho más que oxigenar políticos y partidos en extinción. Es una última oportunidad para insuflarle vida a una democracia devaluada por la concentración del poder, la banalización política y la disfuncionalidad de un Estado que, cada vez más, responde a clanes financieros familiares y no al interés de la sociedad en su conjunto.

Esa reforma debe cumplir con algunos objetivos esenciales: mejorar la calidad de la representación política, garantizar una efectiva rendición de cuentas, adecentar la financiación electoral y reconstituir las élites dirigentes, devolviéndoles su autonomía y funcionalidad democráticas.
periódico La Nación 23 marzo 2008

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