Columna Pido la palabra
La jarana
Ana Coralia Fernández, periodista
paradigma@racsa.co.cr
Estudié en una escuela pública. La cosa es que un día vendían allí alguna tontera y costaba la increíble fortuna de cincuenta céntimos.
Mis finanzas, para variar, estaban en cero y le pedí “el cuatrillo” a una compañera que siempre tenía platica. Me lo prestó y ambas olvidamos el asunto: ella cobrar y yo pagar.
Entonces perdí mi primer diente y era costumbre que un ratón maravilloso y rico, en los sortilegios de la noche, le cambiara a uno la pieza dental por una moneda. Cuando desperté, descubrí un cuatro bajo la almohada y mi diente de leche ya no estaba.
Llevé mi tesoro a la escuela y le conté, justamente a mi acreedora, sobre mi pequeño capital. Ella, con un extraño brillo en los ojos recordó la deuda y ante mi negativa de pagarle, me acusó con la Niña Marta que en aquellos días, era la máxima autoridad del aula.
–¿Es cierto que Olga le prestó la plata y usted no lepagó?-, dijo la Niña.
–Sí-, contesté repasando las tablas del suelo.
–¿Y es verdad que ahora tiene el dinero?
–Sí-, contesté. Mis mejillas eran unas antorchas.
–Entonces páguele y asunto arreglado.
Nunca me costó tanto cancelar una deuda como aquella. Desde entonces cumplo con mis jaranas a tiempo y no compro nada que no pueda pagar antes de perder más dientes...
Mi gratitud es, –y por eso lo comparto– para mi maestra. Ella marcó una huella indeleble de principios y valores, sin tanta alharaca.
periódico Al Día 24 marzo 2008

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