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RESONOCO

05/04/2008 GMT 1

Lecturas de las elecciones en España

marfuerte @ 21:24

Enrique Gomáriz Moraga

fundación género y sociedad

La victoria del gubernamental PSOE en las elecciones al Congreso, que le entrega la iniciativa para formar Gobierno, al mismo tiempo que tiene lugar un claro crecimiento del opositor Partido Popular, que resulta el partido más votado en estos comicios para las Cortes Generales (Congreso y Senado juntos), hacen compleja la interpretación de los resultados electorales del pasado 9/M. Una lectura apretada de este podría ser la siguiente: en una España políticamente dividida, la victoria del socialismo es paradójica e inestable, sobre todo ante un horizonte político problemático.

España sigue dividida. La evidencia de la división electoral que muestra una simple mirada al mapa resultante, se convierte en un problema al comprobar que es, además, el reflejo de una divergencia política y cultural más profunda. La crispación política que hizo irrespirable la pasada legislatura se incrementó con la campaña electoral. Algo que no era capricho de los líderes ni aun de las élites políticas: los sondeos realizados después de los debates televisados mostraron que los votantes de ambos bandos exigían mayor dureza a ambos contendientes. Y lo más trágico es que esa pelea solo se detuvo ante la elevación de los hechos dramáticos: el asesinato perpetrado por ETA el último día de campaña.

Desde luego, la división política de España ya no se refiere principalmente a su nivel de vida. Pese a la desaceleración económica actual, en estos últimos cuatro años el nivel de vida de los españoles ha seguido creciendo vigorosamente, como desde hace décadas.

El problema es que cada mitad de España no solo quiere vivir bien, sino que quiere hacerlo con su propio estilo de vida. Mariano Rajoy le llama a eso “la defensa de la identidad y las costumbres españolas”. Y sabe que es algo que le piden enfáticamente sus votantes. El problema consiste en que las costumbres españolas hace mucho tiempo que están profundamente divididas: frente a una España monárquica, católica y de rancias maneras de vivir, siempre hubo otra republicana, laica y que le gusta ser más progresista que nadie. Y esa división puede cambiar de matices, pero la divergencia se mantiene.

Es cierto que, de tanto en tanto, aparecen procesos que logran suavizar esa polarización ideológica y que parecen enterrar para siempre el espectro de las dos Españas. Como sucedió con los quince años de transición que siguieron a la muerte del general Franco. Pero, para sorpresa de muchos, el rebrote de los demonios familiares sigue esperando a la vuelta de cada esquina.

Una victoria electoral paradójica e inestable. La victoria del PSOE en las elecciones al Congreso de Diputados supone una apreciable paradoja: se obtiene con el mayor número de votos de la historia de la democracia (11.282.210), pero con una de las distancias más cortas de su inmediato seguidor y rompiendo con los presupuestos de la propia estrategia electoral socialista. Tales presupuestos eran principalmente dos: a) mejores resultados a mayor participación y b) alianzas con los nacionalismos moderados, que surgirían como poderosas fuerzas políticas en Cataluña y el País Vasco. El primero se demostró bastante errado: allá donde hubo mayor participación ganó el PP (País Valenciano, las dos Castillas, Madrid) y el mayor crecimiento del PSOE se produce donde la abstención es más fuerte: Cataluña (30%) y País Vasco (35%). Pero lo más espectacular sucede en estas dos nacionalidades históricas.

El diario El País tituló en páginas interiores: “Cataluña y Euzkadi salvan al PSOE”. Algo que es literalmente cierto: el PP gana en el resto de España, por más de trescientos mil votos y dos diputados. Pero la caída espectacular de los nacionalistas catalanes y vascos, así como el derrumbe del PP en esas comunidades, todo ello a favor del PSOE, hacen que este partido obtenga la victoria en el conjunto del Estado.

Ahora bien, ese voto nacionalista a favor del PSOE es un préstamo con un alto interés y elevada volatilidad. Cualquier tensión con Madrid y regresa a los partidos nacionalistas tradicionales en ambas comunidades. Oscilaciones que conocen muy bien los dos partidos españolistas: no hay que olvidar, por ejemplo, que los socialistas catalanes, que hoy se alzan con 25 diputados, obtuvieron 17 en el año 2000.

Por otra parte, el PP ha vuelto a ganar por goleada en el Senado, donde obtiene 101 asientos, frente a los 89 del PSOE. Algo que, además del inconveniente legislativo que supone para el gobierno, significa que el PP cobrará quinientos mil euros más que el PSOE de las subvenciones a los partidos, que se otorgan por el total de votos obtenidos.

Un horizonte político problemático. El gobierno entrante enfrenta una suma considerable de retos. La situación económica sigue deteriorándose y el desempleo se agudiza. El terrorismo y sus aliados siguen teniendo impacto en el País Vasco, no solo por sus acciones desalmadas, sino porque su decreciente influencia política todavía existe: su llamamiento a la abstención hizo que, por ejemplo, en Guipúzcoa, solo votara el 58% del total.

En el plano territorial, las fricciones por el estatuto catalán y el vasco –si es que se logra detener el referéndum independentista– son solo la mitad del problema: la otra mitad es la reacción autonomista de las otras comunidades ante lo que consideran un agravio comparativo. Madrid ya ha dejado saber que también desconocerá las leyes estatales que no le agraden, comenzando por la de Educación. Todo ello en un contexto que impide al PSOE establecer alianzas parlamentarias estables, no solo por razones aritméticas sino políticas, incluso internas: en el pasado Comité Federal del PSOE, los socialistas vascos y catalanes advirtieron a Zapatero que las negociaciones con los nacionalismos no deben hacerse en su contra.

La buena noticia es que después de las elecciones, tanto Zapatero como Rajoy, se han mostrado bastante conciliadores, hablando ambos de evitar los errores pasados y el clima de crispación. La cuestión es saber si los van a dejar, si no habrán ido ya demasiado lejos y si serán capaces de sofocar las tempestades sembradas. Interrogantes que se develarán en los próximos años, pero que no tienen mucha pinta de tener respuestas precisamente fáciles.
periódico La Nación 23 marzo 2008

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