La independencia de Kósovo
Antonio Barrios Oviedo | anbarov@racsa.co.cr
Las fronteras étnicas trascienden las fronteras geográficas
Profesor
Kósovo no es solo un territorio, es historia, cultura, religión, santuario y fue escenario de una de las guerras más sangrientas entre los otomanos y los serbios. Por lo tanto, para que se entienda lo que está pasando allí, debe existir una articulación adecuada de la política internacional y del Derecho Internacional (DI) para que la convivencia de los kosovares y la minoría serbia no dispare otra crisis.
Perspectiva del Derecho Internacional. Primero, las siguientes preguntas: ¿tienen derecho los actores a reclamar un territorio?, ¿cómo lo regula el DI?, ¿debía la OTAN intervenir o era competencia de otro organismo?, ¿justifica una intervención militar la independencia?, ¿debió ser resuelto por un actor estatal? Los actores que reclaman el territorio kosovar son el Gobierno de Serbia, con el respaldo del Gobierno de la República Federal de Yugoslavia (RFY) al amparo de la Constitución Política de 1992, y el pueblo kosovar y su Ejército de Liberación de Kosovo (ELK), actor beligerante desde 1999, según el Artículo 3, común a las Cuatro Convenciones de Ginebra, y el Protocolo II de la misma Convención respecto al “conflicto armado”, que tuvieron contra Serbia.
La posición de la RFY, interlocutor y portavoz del Gobierno de la República de Serbia era que las acciones separatistas del ELK en Kósovo bajo jurisdicción serbia, comprometían la integridad territorial y la seguridad nacional de la RFY. El argumento de Kósovo es que la protección militar de la OTAN desde 1999, por mandato internacional, es superior en jurisdicción a la RFY; por lo tanto, tienen derecho la independencia. Este “mandato” es aún debatible dada la oposición de Rusia y China en el envío de fuerzas internacionales a Kósovo en ese año. Como justificación de su intervención, Estados Unidos y Europa adujeron riesgos incontrolables a su seguridad regional e invocaron los artículos 3 y 5 de la OTAN, pese a que el conflicto sucedía en la territorialidad de la RFY. Y, mientras la OTAN bombardeaba Serbia, los diplomáticos occidentales inventaban algo así como las Kosovo Forces (KFOR) o las Implementation Forces (IFOR), la misma OTAN pero con otro nombre menos evidente.
Aunque los kosovares insisten en la legalidad de su independencia como nación diferente a la serbia, las condiciones jurídicas de una ocupación militar en el territorio kosovar, precisamente desvirtúa tal condición. El principio de autodeterminación está en el Artículo 1-2 de la Carta donde se insta a las naciones a desarrollar relaciones amistosas entre sí, “basado en el respeto de igualdad de derechos y autodeterminación de los pueblos”. Este derecho es imposible sin el consenso del Estado afectado por dicha secesión, en este caso Serbia, quien ya dictaminó enviar su protesta a la Corte Internacional de La Haya.
¿Futuro de Kósovo? Debe primar la cautela ante cualquier ímpetu en temas de independencia, recuperación o pérdida territorial para evitar una nueva balcanización. ¿Cómo actuaría España si pierde al País Vasco, Colombia a San Andrés, Rusia a Chechenia, o Costa Rica a Guanacaste, o qué harían los taiwaneses si le conceden a China la anexión de Taiwán? La comunidad internacional falla mucho cuando, al reconocer los derechos de un pueblo, deja a la deriva a otros. Los palestinos pueden declarar su Estado una vez que la comunidad internacional los apoye verdaderamente en la justa recuperación de sus territorios ocupados por Israel. Paradójicamente, Turquía apoyó la independencia de Kósovo, pero se la niega a los kurdos por temor a la fragmentación territorial.
Aun cuando ya todo fue “arreglado” a favor de los kosovares, los serbios de Kósovo no saben cuáles son sus competencias constitucionales ni sus derechos como ciudadanos, en un Estado que ahora les es ajeno. Al no existir una agenda de retiro de las tropas, ¿se convertirá Kósovo en una nueva colonia de la OTAN? ¿Ejercerá Albania influencia en los kosovares, uniéndose a la causa los albano-macedonios? Occidente ya amenazó a Serbia de no alentar el separatismo en Kósovo porque Europa no solo teme perder control ante una nueva guerra, sino el debilitamiento de un nuevo Gobierno unitario, en función de cualquier decisión política, económica o militar.
Los europeos no acaban por entender que en los Balcanes las fronteras étnicas trascienden las fronteras geográficas, incluso más allá de cualquier arreglo político, amenaza militar o sanciones económicas, aplicables a quien se atreva no solo a desafiar a la Unión Europea, sino a promover un nuevo separatismo. El Derecho Internacional está sujeto a la interpretación deliberada de quienes tienen el poder para acomodar a sus peones en el tablero internacional. Y Europa no es la excepción, puesto que la independencia de Kósovo no es un acto de caridad, sino una estrategia geopolítica en el nuevo esquema de seguridad regional en el lindero balcánico para reducir la influencia de Rusia en los Balcanes, terminar por occidentalizar a Serbia y favorecer la colocación del escudo antimisiles de EE. UU., so pretexto de protegerse de los Estados “terroristas” como Corea del Norte e Irán.
periódico La Nación 25 marzo 2008

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