¿Otro cuento tico?
Dada la capacidad predictiva de este artículo, sobre el temaque tratalo publicamos.
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Aramis K. Vidaurre Á.
Muy resuelto se lo escuchó al ministro de Seguridad, Fernando Berrocal, en días pasados como reacción del hallazgo de un maletín con aproximadamente $500 mil dólares provenientes de las FARC.
“Este país tiene que saber, porque aquí hay gente en los sectores políticos que ha perdido la razón. De lo que dice la computadora saldrán muchas cosas: las relaciones no solo con la mafia que organizaron para distribuir la droga, sino con algunos sectores políticos de este país que han perdido el sentido de la realidad”, declaró el funcionario.
Este hecho tuvo como epicentro la residencia de un profesor universitario, quien a la vez diversos medios lo ligaron con ciertos sectores políticos allegados al ala Socialdemócrata y a grupos opositores al TLC. El morbo causado por dicho contacto tampoco se hizo esperar: al ministro Berrocal se le pidió que diera nombres. Hay que recordar que el hallazgo se derivó del operativo en que murió el segundo al mando de las FARC, Raúl Reyes, hermano de la caridad según el presidente Hugo Chávez. Como resultado, en una de las computadoras decomisadas se encontró un correo electrónico en el que se indicara a Reyes dónde y en qué forma se podía encontrar ese dinero. No olvidemos que tal maniobra en la que cayó Reyes fue el detonante de las tensas relaciones entre Colombia y Ecuador, que al final se resolvió en un show mediático en Santo Domingo, República Dominicana que el presidente ecuatoriano no pudo evitar.
Cuando se lo escuchó al ministro Berrocal “sacando pecho” por el país y la democracia, inevitablemente vino a memoria cierto Deja Vu, llámese otra historia ya contada. En la última década hemos sido testigos de innumerables referencias a “políticos nacionales” supuestamente conectados con actividades relacionadas con el narcotráfico o actividades ilegales. Por ejemplo, ha sido característico que al acercarse una campaña presidencial salgan cuestionamientos a las donaciones o contribuciones para los partidos políticos, sobre todo, los llamados “tradicionales”. De la misma forma, la historia da cuenta de distintas comisiones legislativas conformadas para investigación de actividades supuestamente ligadas al narcotráfico que relacionaban personalidades del ámbito político que pararon en nada, algunas con recomendaciones éticas y morales sobre ciertos personajes que la sacrosanta Sala Constitucional se trajo abajo.
Referencias a la mafia rusa, a la mafia china, a la mafia siciliana y otras mafias han quedado en el olvido, aunque en su momento recibieron toda la atención del caso, o talvez no la tuvieron. La ingenua afirmación del presidente Arias de que la supuesta desaparición del hermano del ex vicepresidente Casas estaba relacionada con el narcotráfico, quedó en el medio por varios días; pero el Mandatario nunca rindió cuentas del porqué de semejante aseveración.
Por otro lado, no hay que olvidar el nefasto asesinato del periodista Parmenio Medina en julio de 2000. Durante prácticamente todo el período transcurrido hasta la llegada del juicio en 2007, se habló de que los autores intelectuales serían prominentes figuras políticas. Al final, tales figuras nunca aparecieron y fue el sacerdote Minor Calvo junto a un empresario quienes fueron a prisión.
El problema de las palabras del ministro Berrocal no está en que quiera entrarle con bisturí hasta donde hayan llegado las FARC, el narcotráfico o mafia organizada en nuestro país, sino en que precisamente sus palabras vayan a quedar en el olvido o peor aún, en el abismo de otra comisión legislativa “investigadora”. ¿Estamos a las puertas de otro cuento tico?
periódico La Prensa Libre 26 marzo 2008

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