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RESONOCO

12/04/2008 GMT 1

Crisis andina y ciencia política

marfuerte @ 20:33

Gerardo Castillo Martínez *
Para quienes estudiamos la politología alguna vez y tratamos de mantenernos “al día” interpretando lo que acontece a nivel nacional o internacional, de acuerdo con el instrumental teórico y conceptual aprendido de esta ciencia social, no deja de sorprendernos la multiplicidad de factores que supuestamente intervienen -directa o indirectamente- en la construcción, aparición, consumación o reformulación de un fenómeno social.

Como nos enfrentamos al difícil “arte” de extrapolar, a partir de determinados marcos de referencia útiles para el caso en análisis, las tendencias probables del comportamiento de los actores que se desenvuelven en el campo del poder específico que está bajo estudio, con miras a “saber” las razones por las cuales se tomó tal o cual decisión o el potencial rumbo que tomará esa definición de poder en uno o varios escenarios de interés, la Ciencia Política es -y necesariamente debe ser- relativa, subjetiva aunque con aspiraciones -inalcanzables- de objetividad, pero, sobre todo, muy dinámica, característica entendible dado que la “materia prima” que emplea para sus observaciones proviene, a diferencia de un laboratorio de medición cuantitativa, de los volubles e impredecibles actos humanos realizados en sociedad.

Aclaradas estas limitaciones intrínsecas del conocimiento de su objeto de estudio que posee la Ciencia Política, aún cuando en condiciones “normales”, con arreglo a una teoría en particular, se puede intuir “el” desenlace de un proceso sociopolítico derivado, por ejemplo, de una crisis diplomática-militar internacional, la “lección” inmediata dejada, hasta ahora, por el conflicto entre Ecuador y Colombia, agravada por la inesperada intervención oficiosa de Venezuela y Nicaragua, y que elevó en varios grados la tensión en Los Andes, hace que las hipótesis más buscadas -y, de repente, las teorías de las que nacen éstas- para explicar el fortuito arreglo de las desavenencias binacionales, deban ser replanteadas. ¿Quién se iba a imaginar, excepto, quizás, el presidente Leonel Fernández, durante el Foro de Río, y a iniciativa suya, que sus pares en disputa iban a disipar la crisis con un apretón de manos, después que “todo” apuntaba a un escalamiento militar de consecuencias insospechadas? ¿Quién, si no el gobernante de República Dominicana, habría podido esperar que el presidente Álvaro Uribe hiciera lo mismo con su colega Chávez y -talvez también con- Ortega, gestos con los que atenuó y resolvió otras diferencias con estos países, y que posibilitó, en el caso de Nicaragua, el reestablecimiento de relaciones diplomáticas con Colombia, dos días después que las había cortado?
¿Cómo se “tenía” que desarrollar y manifestar el “curso de los acontecimientos” a partir de las declaraciones del presidente venezolano y las del nicaragüense posterior al rompimiento de relaciones de Ecuador con Colombia?: ¿como una inevitable guerra en donde el hipotético escenario estaba signado por el enfrentamiento potencial entre un país y tres más coligados? Es posible que los marcos teóricos utilizados por algunos de los y las analistas que explican las relaciones interestatales sobre la base del realismo, la Teoría del Dominó y el conflicto inherente en la geopolítica mundial, hayan influenciado la formulación de una conclusión semejante. Y si fue así, el “ambiente” previo al Foro de Río parecía que daba la “razón” a quienes pensábamos de esa manera: los modelos en que nos habríamos apoyado para estas elucubraciones apuntaban en esa dirección.

Dichosamente la evolución de los sucesos no siguió ese camino. ¿Se equivocó la Ciencia Política, específicamente la del área de la política internacional? Sí y no. Sí, pues los resultados de los que nos inclinamos por esa “salida”, no condujeron a las conclusiones elaboradas.

No, porque esta ciencia es inexacta, incompleta, y perfectible, expuesta a la necesaria retroalimentación, la cual, por otro lado, debe permitir la superación de estadios de conocimiento y de perfiles analíticos.

La crisis andina, definitivamente, se ha constituido en un “caso prueba” refrescante para la politología.

* Politólogo
periódico La Prensa Libre 1 abril 2008

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