Germinal
Año 2 Nº 60
Alfonso Chase
Tensyn Gyatso (1935) fue considerado como la 14º reencarnación de una divinidad en el antiguo estado teocrático del Tíbet, pero pareciera que quedaron lejanos esos días de una pompa formal, que lo aislaba de la cotidianidad y se ha convertido, con su exilio a cuestas, en una de las personalidades más admiradas, respetadas y escuchadas en el mundo contemporáneo, sin perder por eso los lazos con su pueblo, con su religión budista y con una forma de espiritualidad que, antes que cercarlo en valores propios de su cultura, nos ha permitido compartir con él todo el esplendor de su credo, matizado por una visión humanista, casi que universal, donde sigue siendo un guía espiritual de increíbles proporciones, enraizado en el Tíbet como estado libre, luchando pacíficamente contra la ocupación y buscando la cohesión de sus seguidores, y de él mismo, como figuras paradigmáticas de resistencia.
Su caso es singular por la extraordinaria personalidad que conlleva su
valor religioso, en el cual no ha cedido ni un ápice, pero ha transformado su misión hasta ser parte de una visión ecuménica, dando al budismo otro
significado, más moderno, pero sin perder las bases de lo que hay en un mensaje, que pareciera haber superado la visión teocrática de su misión, como líder espiritual, y de jefe temporal de su país en diversos campos simbólicos.
Convertido en mensajero de la armonía, el diálogo, muchas veces
frustrado, con la potencia ocupante, también ha especificado el valor de la estrategia de supervivencia que le ha permitido establecer su residencia en la India, y desplazarse por todo el mundo, como símbolo de la aspiración de libertad que se merece su país. Su mensaje habrá de quedar como una de las formas más hermosas y claras de acercamiento a la divinidad, el valor universal del budismo y su transformación como un líder moderno en el cual los resabios de un estado teocrático, casi inmóvil, han dado paso a grandes reformas sociales que ha propuesto y cumplido en el exilio, referentes al autogobierno del Tíbet y ha renunciado a todos los privilegios materiales o de poder que constituyeron los antecedentes de los anteriores lamas. La sabiduría, la enorme energía y la plena vida interior que expresa le convierten en una fuente de meditación por lo que hace y dice, así como por su amor y esperanza en las transformaciones del mundo. Por eso está aquí, entre nosotros, cercano a los ideales de GERMINAL, y en diálogo con todas las personas y pueblos del mundo actual.
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• Dalai Lama
Verdad en las palabras
Fotografía: Revista TIME, marzo 31 de 2008. Autor: James Nachtwey.
Discurso del Dalai Lama de aceptación del Premio Nobel de la paz 1989
Me siento profundamente emocionado por ser el destinatario del Premio Nobel de la Paz. Creo que mi elección reafirma los valores universales de no violencia, de paz y comprensión entre todos los miembros de la gran familia humana. Todos aspiramos a un mundo más feliz, más humano y de mayor armonía, y siempre hemos sentido que la práctica del amor y la compasión, de la tolerancia y el respeto a los demás, es la manera más efectiva de llevarlo a cabo. Espero que este premio dé ánimos a los seis millones de tibetanos. Desde hace ahora unos cuarenta años, los tibetanos estamos soportando el periodo más doloroso de nuestra larga historia. Durante ese tiempo, más de un millón de personas han perecido, y más de seis mil monasterios —cuna de nuestra cultura de la paz— han sido destruidos. No hay ni una sola familia, en el Tíbet o en las comunidades de refugiados en el extranjero, que no haya resultado afectada directamente.
Y aun así, la determinación y el compromiso de nuestro pueblo con los valores espirituales y la práctica de la no violencia permanecen inalterados. Este premio es un profundo reconocimiento de su fe y perseverancia.
Las manifestaciones que han sacudido el Tíbet en los dos últimos años continúan siendo no violentas a pesar de la brutal represión. Desde la imposición de la Ley Marcial en Lhasa el pasado marzo, el Tíbet ha quedado aislado, y mientras la atención mundial se ha centrado en los trágicos acontecimientos de China, el Gobierno de la República Popular ha realizado un esfuerzo sistemático para aplastar el espíritu y la identidad nacional del pueblo tibetano.
Hoy en día los tibetanos afrontamos la posibilidad real de exterminio, tanto de nuestro pueblo como de nuestra nación. El Gobierno de la República Popular China está practicando una forma de genocidio consistente en recolocar millones de colonos chinos en el Tíbet. Pido que se detenga este traslado masivo de gente. Hasta que el trato cruel e inhumano hacia mi gente cese y hasta que se otorgue a mi pueblo el debido derecho a la autodeterminación, no habrá más que obstáculos para encontrar una solución a la cuestión tibetana.
Acepto el Premio Nobel con un espíritu de optimismo, pese a los graves problemas por los que atraviesa la humanidad. Todos sabemos de la inmensidad de retos que afronta nuestra generación: el problema de la superpoblación, la amenaza sobre el medio ambiente y los peligros de enfrentamiento militar. A medida que este siglo dramático se acerca a su fin, parece claro que el renovado anhelo de libertad y democracia que se expande por el planeta proporciona una oportunidad sin precedentes para construir un mundo mejor. La libertad es la fuente auténtica de la felicidad y creatividad humanas. Solo cuando se le permite florecer puede existir un clima internacional verdaderamente estable. La supresión de los derechos y las libertades de cualquier pueblo por parte de gobiernos totalitarios atenta contra la naturaleza humana, y el reciente movimiento por la democracia en varias partes del mundo es un claro indicio de ello.
Los estudiantes chinos me han dado grandes esperanzas para el futuro de China y el Tíbet. Considero que su movimiento sigue la tradición de ahimsa o no violencia de Mahatma Gandhi, cuya figura me ha inspirado desde que era niño. El éxito final de las personas que persiguen un ambiente más tolerante debe derivar de un compromiso para contrarrestar el odio y la violencia con paciencia. Debemos favorecer el cambio mediante el diálogo y la confianza. Es mi plegaria más sentida que la situación del Tíbet pueda ser resuelta de esta forma y que un día mi país, el techo del mundo, pueda servir de refugio para las personas y de fuente de inspiración espiritual en el corazón de Asia. Espero y rezo para que la decisión de entregarme el Premio Nobel de la Paz anime a quienes transitan por el camino de la verdad y que sus pasos se imbuyan de un espíritu renovado de optimismo y fortaleza.
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La esencia del budismo es la bondad o compasión. Esta es la esencia común de las religiones, pero en particular del budismo mahayana (procurar el bien de todas las criaturas). Creo que esto es muy importante y que cada persona puede cultivarlo, aunque no tenga una fe muy desarrollada. Simplemente, por el hecho de ser humanos, valoramos la bondad. De hecho, cuando crecemos lo hacemos en medio de la bondad de nuestros padres, y sin esa bondad no podríamos existir. Esto es cierto y, por eso, aquellos niños que crecen sin el amor de los padres o los que sufren la ruptura de la familia, padecen luego problemas psicológicos.
-Discurso, 1993
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El propio Buda predicó cosas diferentes en función del lugar, la ocasión y la situación de quienes le escuchaban. Lo distintivo de la situación contemporánea es que casi todo el abanico de tradiciones budistas que han evolucionado en tierras diferentes son accesibles a quien esté interesado. Especialmente alentador es que las mujeres budistas se estén despojando de sus restricciones tradicionales y desfasadas y se dediquen a practicar y fomentar la práctica budista.
-“Saludo a las
mujeres budistas”
1995
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No podemos seguir invocando las barreras nacionales, raciales o ideológicas que nos separan, sin generar repercusiones destructivas en el contexto de la nueva interdependencia, teniendo en cuenta que el provecho de los demás es la mejor forma de provecho propio. La interdependencia, por supuesto, es la ley fundamental de la naturaleza. No solo la infinidad de formas vitales, sino el más sutil nivel de los fenómenos materiales está también regido por la interdependencia. Todos los fenómenos, desde el planeta hasta los océanos, las nubes, los bosques y las flores, brotan en dependencia de sutiles modelos energéticos. Sin la interacción adecuada se disolverán y se pudrirían.
-“Responsabilidad universal y ecología global”
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Nuestras tradiciones artísticas han sido una fuerza creativa en Asia y a menudo han servido de influencia, patrón y modelo de arte para muchos países. Por medio del intercambio y el aprecio por el arte religioso tibetano, hemos desarrollado una comprensión mutua y nos hemos acercado a otras culturas; ideas importantes que se han fraguado en nuestra religión se han expandido y han arraigado en el Asia Central y más allá. Por ejemplo, sería imposible hablar de las tradiciones budistas en la India, la ruta de la seda del Asia Central, o en China, Corea y Japón, o en áreas del sureste asiático sin hacer referencia a los rituales, ideas y formas artísticas desarrolladas en el Tíbet.
-Discurso, 1995
Revista Abanico, periódico La Prensa Libre 5 abril 2008.

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