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EUCR y EUNED
Xinia Molina | xmolina@una.ac.cr
xmolina@una.ac.cr
Setecientos escritores de nuestro istmo “viven” juntos: todos están en el Diccionario de la literatura centroamericana . Este libro fue coordinado por el costarricense Albino Chacón y realizado por un equipo centroamericano. Lo han publicado la Editorial Costa Rica y la Universidad Nacional.
Los escritores provienen de épocas distintas y fueron reunidos al considerarse que han permitido fijar a Centroamérica dentro del mapa de la literatura mundial. Ellos son referencias inelu-dibles de lo que hoy se escribe y se lee en la región.
El Diccionario ofrece las líneas generales de la literatura de nuestra región a lo largo del siglo XX y lo que llevamos del XXI. Esta obra enciclopédica es la más completa que se ha publicado hasta ahora en Centroamérica: narradores, poetas y dramaturgos de la región, conocidos unos y casi desconocidos otros; algunos con un lenguaje refinado y didáctico, otros en la acera opuesta; unos más volcados al amor y la esperanza, otros al desamor y al desencanto; unos interesados en los temas rurales y campesinos, otros en los rincones más profundos y violentos de la ciudad.
El Diccionario incorpora autores clásicos, que constituyen lo que podría llamarse el “canon mayor de las letras centroamericanas”.
En este grupo es fácil localizar información sobre Sergio Ramírez, Miguel Ángel Asturias, Rubén Darío, Jorge Debravo, Augusto Monterroso, Ernesto Cardenal, Manlio Argueta y Alfonso Chase, entre otros.
Albino Chacón percibe un segundo canon de clásicos nacionales, pero que no han alcanzado la irradiación regional o internacional de los primeros. De ellos, el Diccionario ofrece una información que aquilata su creciente importancia.
A partir de los conflictos bélicos del decenio de 1970, en el istmo surgen lo que algunos denominan escritores “de posguerra” y “del desencanto” por su manera de abordar la realidad de sus países.
Ellos aportan nuevos sujetos y un tratamiento inédito de asuntos como la identidad cultural y –sobre todo– la violencia. Se la ve de una manera ya generalizada en la cotidianidad de nuestras caóticas urbes, y no identificada con una fuerza política revolucionaria particular.
Algunos de esos escritores son Horacio Castellanos, Carlos Cortés, Franz Galich, Rodolfo Arias y Rodrigo Rey Rosa. Son autores que han logrado ya un reconocimiento internacional.
Asimismo, el Diccionario presenta a escritores jóvenes que tienen en común la intención expresa de entender las cosas y de hacer literatura de una manera completamente diferente. Piénsese por ejemplo en Alexander Obando o en Maurice Echeverría.
Se trata de una nueva generación que intenta afincar, en la literatura, su rebeldía, a menudo expresada en textos de una gran violencia en los temas y en el len-guaje. Todo ha derivado en textos ciertamente desiguales por su experimentación: a veces excesiva, pero innegablemente innovadora.
En este nuevo tipo de escritor se observa un alejamiento casi radical del espacio rural hacia el urbano. Prefieren los lugares más profundos de las ciudades, como los prostíbulos, las covachas, los bares de mala muerte, los espacios de los marginados.
De esos espacios surge una literatura en la que los protagonistas son prostitutas, chulos, trasvestis y drogadictos: todo un conglomerado urbano que durante mucho tiempo se ha considerado el ‘antisujeto’ propio del progreso y de los valores legitimados tradicionalmente.
En suma, el Diccionario ofrece una visión integral de la plurifacética producción literaria centroamericana. Del libro podrán sacar provecho, de manera particular, estudiantes, profesores e investigadores, tanto del área centroamericana como fuera de esta, donde se imparten cursos sobre cultura y literatura centroamericana.
Una cosa queda clara: las letras centroamericanas han comenzado a dejar de ser un continente ignoto para entrar con méritos propios en la geografía literaria mundial.
Suplemento Ancora periódico La Nación 6 abril 2008

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