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RESONOCO

25/04/2008 GMT 1

Chávez hasta en la sopa (2)

marfuerte @ 23:46

Sergio Ramírez
El gran novelista nicaragüense Sergio Ramírez estuvo recientemente en Caracas. El presente artículo, publicado en La Nueva Revista de Libros de Nueva York, reseña el actual régimen político de Venezuela. Se reproduce en Costa Rica en tres entregas, como una contribución especial para Página Abierta.

Uno puede imaginar a Venezuela de dos maneras: como en la historia del rey Midas, que todo lo que tocaba lo convertía en oro, aún los alimentos que se llevaba a la boca, de modo que se moría de hambre; o como el glorioso país de Jauja, donde corren por los prados ríos de miel y de vino, llueven del cielo longanizas y jamones, abundan los patos y las ánades que vuelan ya cocinados para posarse en las mesas, y no se necesita ni arar ni aserrar.

De acuerdo a la reforma constitucional propuesta, la jornada laboral sería reducida de 44 a 36 horas, en una aplicación escalonada que empezaría con los trabajadores del Estado en enero del 2008, y llegaría a su totalidad en el 2010; la filosofía que trasluce desde el fondo de la benéfica intención, es que en un país tan rico en recursos, y donde el petróleo seguirá siendo el maná divino por los próximos 200 años, según calcula el presidente Chávez la duración de las reservas del subsuelo, no hay que esforzarse tanto.

Pero este sentimiento tampoco es nuevo, ni consecuencia de la filosofía de Chávez, que lo único que ha hecho es exacerbarlo frente al alza inusitada de los precios del petróleo, ahora en la temible frontera de los 100 dólares por barril. El síndrome del país bendecido por la gracia divina siempre ha estado allí, al punto que el escritor Arturo Uslar Pietri llamó una vez a sus conciudadanos a dedicarse “a sembrar el petróleo”, en lugar de gastarlo sin reflexión.

Y que el petróleo cueste hoy en día tanto no depende del azar, sino, en primer lugar, de una exitosa estrategia que Chávez se empeñó en orquestar desde su subida al poder en 1998: revivir a la OPEP, el organismo formado por los países productores de petróleo, y darle su papel de cartel internacional para determinar los precios del crudo en el mundo. La guerra de Irak y la voracidad de China en tragar petróleo han contribuido al alza, pero es un tanto que nadie puede quitarle a Chávez .

El dinero producido por el petróleo viene a ser como una lluvia de la que todos se mojan necesariamente, pero de acuerdo a las premisas socialistas del gobierno, los más pobres deben mojarse más. Es la razón de la existencia de las Misiones, que ahora tendrían rango en la Constitución Política de acuerdo a las reformas propuestas. Las Misiones han costado más de 30 billones de bolívares desde el año 2003, y en el presupuesto del año 2008 tienen asignados 3.5 billones, con un incremento del 70% desde el año pasado.

Las Misiones Robinson I y II, bautizadas en homenaje al maestro de Bolívar, Simón Rodríguez, que usó el nombre Robinson como seudónimo durante la lucha por la independencia, están destinadas a ofrecer alternativas informales de educación a los adultos que no tuvieron oportunidad de asistir a la escuela de manera formal. Atienden a 3 millones de personas, y el costo por alumno es de mil dólares, mientras el costo por estudiante de una escuela básica es de 89 dólares, según un estudio del experto Mariano Herrera.

No hay duda que se trata de un número impresionante de estudiantes, cerca de un 20 por ciento de la población adulta del país, personas que antes no tenían ni cédula de identidad porque ni siquiera estaban censadas, parte de esa masa sin rostro de los estratos más pobres y marginados, los de “barrio adentro”, como se llama la misión de salud organizada por Chávez para ellos. Pero las criticas de los expertos en educación se ciernen sobre las misiones educativas en cuanto a su eficacia, y su calidad. Caras, y malas. Muchos van, se alega, porque se les paga una beca o subsidio por asistir, pero no con la intención de estudiar. El ex presidente de la Comisión de Educación de la Asamblea Nacional, José Luis Farías, ahora adverso a Chávez, dice que “la gente se fastidia de procesos pedagógicos anacrónicos, además del desorden y la corrupción”.

Para quienes adversan las Misiones, se trata de una operación de clientelismo político, sin calidad pedagógica. “Un estudiante recibe 15 horas académicas semanales, pero sin profesor ni materiales, mientras un estudiante del sistema formal tendrá 40 horas”, alega Farías. En lugar de profesores, hay facilitadores que apenas han recibido un breve curso de adiestramiento, y no están sujetos a supervisión, ni a evaluación.

Las universidades del Estado, que se rigen en Venezuela de manera autónoma, como en toda América Latina, han entrado también en el paquete de reformas constitucionales, y, para empezar, quedaría abolido el sistema de admisión selectiva de los estudiantes, lo que presupone una medida democrática, aunque los rectores lo han visto como un atentado a la calidad de la enseñanza. La reforma establece además que para elegir a las autoridades académicas votarán los profesores, los estudiantes, los empleados y los obreros de cada centro, una disposición que, según la rectora de la Universidad de Carabobo, María Luisa Aguilar de Maldonado, consumaría el control político de unas entidades que hasta ahora han sido reductos antichavistas.

La Constitución daría un vuelco al sistema institucional y marcaría un rumbo diferente a la sociedad, con nuevos conceptos en cuanto a la propiedad privada, y los límites a las inversiones extranjeras. Pero sobre todo, afirmaría los mecanismos de centralización del poder. Quitaría a los estados y municipios facultades que pasan a manos de la presidencia, y a la vez crearía un nuevo estamento de Poder Popular, paralelo a los otros poderes del Estado, que ya incluyen un “Poder Moral”. El Poder Popular, dice el nuevo artículo 136 de la Constitución “no nace del sufragio ni de elección alguna, sino de la condición de los grupos humanos organizados como base de población”.

Pero la perla de las reformas es la potestad que Chávez tendría de reelegirse continuamente en la presidencia, sin ningún límite. Mientras tanto, su Partido Socialista Unido de Venezuela, actuaría como “una gran maquinaria que vaya más allá de la mecánica electoral, para que desempeñe funciones políticas, organizativas, ideológicas…” según el propio Chávez.

En un pronunciamiento en contra de las reformas constitucionales, la Conferencia Episcopal ha expresado que “la reforma vulnera los derechos fundamentales del sistema democrático y de la persona, poniendo en peligro la libertad y la convivencia social, y la consideramos moralmente inaceptable”. Los obispos católicos nunca se han entendido con Chávez, a quien acusan de “secuestrar el lenguaje de Dios”, y él, a su vez, los acusa de tener al diablo debajo de la sotana.

Del otro lado están también los empresarios, asociados en Fedecámaras, entidad que respaldó abiertamente el golpe de estado contra Chávez en 2002, y están los medios de comunicación tradicionales, aunque Chávez se ha cuidado de venir creando una extensa red alternativa de radios y televisoras comunales. Tras el episodio de la cancelación de la señal de la RCTV, las reformas constitucionales establecen que en tiempos de suspensión de garantías el Estado tiene la facultad de censurar a los medios, sobre los que pesan ya la Ley de Responsabilidad Social, y las reformas al Código Penal que los hace solidarios con el delito de difamación. Y están las universidades, y los estudiantes que han salido a las calles a protestar contra las reformas.

La oposición a Chávez sigue siendo, sobre todo, un asunto de la clase media silenciosa, que no tiene expresión en partido políticos fuertes. Los partidos tradicionales, Acción Democrática (socialdemócrata) y COPEI (socialcristiano), que tuvieron el monopolio compartido del poder desde 1958, tras la caída del dictador Marcos Pérez Jiménez, fueron dinamitados por el fenómeno del chavismo, y no hay fuerzas emergentes capaces de penetrar en los estratos populares.

Pero la sociedad venezolana sigue polarizada de arriba a abajo. Todos aquellos con los que me tocó hablar, universitarios, estudiantes, intelectuales, periodistas, choferes, empleados de hoteles y centros comerciales, meseros de restaurantes, viven una división dentro de sus familias, unos con Chávez, otros en contra. No hay lugar para posiciones intermedias, o desapasionadas, tanto como fue la situación en Nicaragua en la década de los ochenta, para el tiempo de la revolución sandinista, salvo que entonces la polarización se manifestó en la guerra en la que hermanos de sangre peleaban entre sí, la que no es, dichosamente, la situación aquí. (Concluye en la próxima entrega).
Suplemento Página Abierta. Diario Extra 8 abril 2008.

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