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RESONOCO

25/04/2008 GMT 1

DEFENSORES DE LA INTELIGENCIA HUMANA

marfuerte @ 01:57

Óscar Arias Sánchez – Presidente de la República
En el marco del XXXV Aniversario de la Universidad Nacional, se celebró el 13 de marzo en Costa Rica un encuentro de rectores de Latinoamérica. Aproveché la ocasión para expresar lo que, en mi opinión, representa el espíritu de lo que un rector universitario debe ser: un defensor de la inteligencia humana, un líder de la razón, un profeta de la verdad, y el sumo sacerdote del sagrado recinto que es un centro de educación superior, tal y como alguna vez lo caracterizó Miguel de Unamuno. No es tarea vana, sino una de las más nobles que pueda ser encomendada a un ser humano. Y debe ser ejercida con el mayor celo y la mayor responsabilidad. No exagero cuando afirmo que ninguna nación será verdaderamente ilustre, si no son ilustres los rectores de sus universidades.

A lo largo de la historia, ser rector ha implicado mucho más que tomar decisiones en torno al presupuesto, el currículo o la infraestructura de una Universidad. Ser rector ha significado también, en muchas ocasiones, liderar a los estudiantes en la búsqueda de causas justas, ser la guía y la luz de los movimientos de protesta y oposición del cuerpo estudiantil, cuando esos movimientos están encaminados a acabar con políticas erróneas o inhumanas. Los rectores juegan un papel indispensable no sólo en incentivar el espíritu crítico y de disconformidad de la juventud, sino también en encauzarlo hacia la búsqueda de la verdad y la racionalidad.

Recuerdo mis años universitarios, en que me pronuncié muchas veces en contra de la Revolución Cultural de Mao Tse-Tung en China, y sobre todo en contra de la injustificada e ilegal intervención militar de los Estados Unidos en Vietnam. Nunca podré olvidar mi participación en las marchas y protestas por las calles de Londres, exclamando junto a miles de estudiantes universitarios: “Hey! Hey! L.B.J., how many children have you killed today?” (¡Hey! ¡Hey! L.B.J., cuántos niños has matado hoy?), haciendo alusión al entonces Presidente de Estados Unidos, Lyndon B. Johnson. Esas marchas me dieron la fuerza para luchar, años más tarde, por la paz en Centroamérica.

La protesta estudiantil, bien entendida, es un pilar fundamental de la democracia. No es casualidad que dictadores de todo rasgo y bandera hayan ordenando represiones violentas a las manifestaciones universitarias; ni es casualidad que grandes intelectuales como Miguel Ángel Asturias y Ernesto Sábato hayan sido también dirigentes estudiantiles. Pero una manifestación no necesariamente es justa ni necesariamente está del lado de la verdad. Los movimientos estudiantiles no son autojustificativos, sino que deben acompañarse de argumentos y deben estar fundamentados en la razón y no en el fanatismo. Es responsabilidad de los rectores acompañar a sus estudiantes en este proceso, y asegurarse de que las luchas que se libren desde el campus universitario sean para el progreso y el bienestar de los pueblos, y para la profundización de la democracia y la libertad.

Si los rectores han de ser los sumos sacerdotes del templo de la inteligencia, entonces es necesario que sus novicios abandonen el dogma y abracen la ciencia. Es necesario que las Universidades sean recintos sagrados para la tolerancia y el respeto, y no para el odio y el insulto. Es necesario que los estudiantes defiendan sus posiciones con ideas y no con violencia, y que sean capaces de sostener sus argumentos sin alzar la voz. Porque no lleva razón el que grita más fuerte, sino el que piensa mejor. Eso mismo les hizo ver Mercedes Sosa, un icono de la canción de protesta, el pasado 1 de marzo, en el Palacio de los Deportes Óscar Arias Sánchez. Ante los gritos estridentes que algunos profirieron en contra mía, y en contra de quienes me acompañaban, la cantante argentina recordó que ya muchos problemas han traído a otros países los alaridos, los alaridos donde la gente no se escucha. Quien se esconde detrás del anonimato del grito, quien se vale de la violencia verbal para defender sus ideales, traiciona esos ideales y la misma libertad que le permite expresarlos. Porque la libertad es un premio que ha costado demasiado a las sociedades modernas, como para ser ejercida irresponsablemente.

Guardo la esperanza de que los rectores de América Latina sepan acompañar a sus estudiantes en la lucha por convencer y no vencer, en la lucha por persuadir y no imponer. Los universitarios han hecho grande a América Latina. De la mano de sus rectores, sé que lo volverán a hacer. Una y otra vez.

Diario Extra 7 abril 2008.

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