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RESONOCO

30/04/2008 GMT 1

La cuestión tibetana

marfuerte @ 23:50

Edgar Cascante Zúñiga | edgarcascante@costarricense.cr

Analista Internacional

El arresto de 60 monjes tibetanos el pasado 10 de marzo disparó un ciclo de violencia en el Tíbet, el cual ha sido identificado como el más intenso de las últimas décadas. Asimismo, motivó protestas en contra de la represión china en Austria, Canadá, Estados Unidos, Gran Bretaña, Japón, Nepal y la provincia de Gansu, esta última al noroeste de China.

Lo mismo que en otras latitudes, el uso de la violencia deparó daño humano y pérdidas materiales. Por un lado, el Centro Tibetano para los Derechos Humanos y la Democracia informó de que la agresión resultante de las acciones de los nacionalistas tibetanos y la represión china generó 79 muertos, 1.200 detenidos y un centenar de desaparecidos.

Por otra parte, según las fuentes oficiales chinas, el daño material alcanzó 120 viviendas incendiadas y 908 comercios, siete escuelas y cinco hospitales destrui- dos, y provocó pérdidas por un monto de $34.7 millones.

Nacionalismo. Lo acaecido nos recuerda la relevancia de los etnonacionalismos en las relaciones internacionales del siglo XXI. En el caso particular de China, el tema de las minorías étnicas ha ocupado la atención del Partido Comunista Chino desde mediados del siglo XX.

Y no es para menos. China es una nación compuesta por 56 etnias. A parte de la mayoría Han, las étnicas restantes representan menos del 10% de la población total, pero tiene una importancia estratégica al ocupar más del 64% del territorio. Entre ellas destaca la minoría tibetana.

Hoy, para referirse al Tíbet es necesario comprender el tipo de nacionalismo que se manifiesta allá y, consecuentemente, identificar su propósito nacional. Es posible fechar el nacionalismo tibetano en el marco de la invasión china en 1950. En aquella época se ejecutó la operación “Liberación del Tíbet” por parte del ejército de la República Popular de China, para poner fin al supuesto régimen de opresión feudal de los propietarios siervos, dirigidos por los monjes-abades.

Desde entonces, el nacionalismo tibetano ha oscilado entre la independencia y la autonomía. Es decir, es un nacionalismo político. Por un lado, fundamenta su aspiración separatista a través de la evidencia inequívoca de la independencia del Tíbet desde hacía un siglo atrás. Destaca el establecimiento de un gobierno soberano, moneda propia, sistema postal, leyes y costumbres. Y, además, relaciones diplomáticas con Gran Bretaña, Estados Unidos, Francia, India, Nepal y Burna ,hoy Myanmar

Por otra parte, la aspiración autónoma emerge con la política china de modificar el estatus tibetano ofrecido en el Acuerdo de los 17 Puntos (mayo de 1951), que alcanza su clímax con la represión del año 1959. Junto con una continua política cultural, económica, educativa y social que pretende la asimilación tibetana a China.

Integración. En marco de la integración de la economía china al mundo, el nacionalismo tibetano tiene un componente de privación relativa, es decir, falta de aprovechamiento de las oportunidades y beneficios que la industrialización y el desarrollo económico del Tíbet tiene previsto ofrecer.

A primera vista, es posible determinar que la inversión china ha producido réditos en el sector primario, secundario y terciario tibetano. Por ejemplo, más de 20 ramas industriales, más de 480 empresas a nivel cantonal y una expansión del sector servicios: alimentos, informática, telecomunicaciones y turismo.

Sin embargo, existe un resentimiento tibetano de carácter étnico al percibir que la política china ha promovido un cambio demográfico y social a favor de la población migrante, tanto trabajadora como empresarial. En consecuencia, la población tibetana se resiente porque el migrante goza de una posición privilegiada en asuntos relativos al comercio, empleo, explotación de recursos naturales, salarios y vivienda.

Al día de hoy la solución de la cuestión tibetana requiere una iniciativa política que tenga como eje transversal la identidad y la unidad de la etnia tibetana en el marco de una economía globalizada. En este sentido, emerge la necesidad de revisar el régimen de autonomía que goza el Tíbet con el propósito de garantizar la administración real de sus propios asuntos.

Por otra parte, resolver la inserción económica y social de la población tibetana localizada en la India y Nepal, en calidad de refugiados. Finalmente, reducir y revertir el impacto negativo de la política china hacia el Tíbet a través de la solidaridad étnica, jugando un papel esencial la figura del Dalái Lama como líder espiritual de los tibetanos.
periódico La Nación 12 abril 2008.

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