Aliados muy inesperados
Años 30 y 40 Diplomáticos de los Estados Unidos simpatizaron con las actitudes de los comunistas ticos
Iván Molina Jiménez | ivanm@cariari.ucr.ac.cr
Ubicados cerca del campus de la Universidad de Maryland, los Archivos II son un moderno complejo de edificios que forman parte de la red de Archivos Nacionales de los Estados Unidos. Después de pasar sus estrictos y sofisticados controles de seguridad, es posible atisbar algunos de sus secretos, como la simpatía que el comunista Manuel Mora despertó entre los diplomáticos norteamericanos antes de la guerra civil de 1948.
Aquellos documentos, antes confidenciales, revelan igualmente las opiniones de los diplomáticos de Estados Unidos, destacados en San José, sobre las medidas dictadas por los gobiernos costarricenses para afrontar la crisis económica de 1930. Revelan también qué pensaban de las reformas sociales del decenio de 1940, y de la alianza de la administración de Calderón Guardia con los comunistas.
Un análisis de los informes que enviaron al Departamento de Estado muestra tres tendencias principales: 1) una actitud muy crítica frente al orden social y político prevaleciente en Costa Rica; 2) una identificación con aquellas políticas públicas que, de acuerdo con esos diplomáticos, eran afines con las impulsadas por el gobierno de F. D. Roosevelt para reducir el desempleo y la pobreza en Estados Unidos; 3) una clara simpatía por los comunistas costarricenses.
‘Abran los ojos’. Tan temprano como en mayo de 1933, Charles Eberhardt, jefe de la legación estadounidense desde 1930, expresaba que una de las razones de la expansión del comunismo en Costa Rica eran “los bajos salarios pagados por los grandes productores de café” (en diciembre de 1932, los comunistas acababan de ganar sus primeros asientos en la municipalidad de San José).
En esta misma línea se expresó el sucesor de Eberhardt, Leo R. Sack (1933-1937), en febrero de 1934, luego de que los comunistas ganaran sus primeras dos diputaciones. Según Sack, su llegada al Congreso podía contribuir a renovar la reaccionaria política costarricense, al obligar a los diputados de otros partidos “a abrir sus ojos a problemas e injusticias que han sido ignorados por décadas”.
Igualmente, en julio de 1934, Sack señaló: “El futuro del comunismo en Costa Rica, en mi opinión, será absolutamente determinado por la propia política del gobierno hacia las reformas sociales y económicas [...]. De hecho, siento que, a menos a que el gobierno encuentre inspiración en las políticas del presidente Roosevelt e intente hacer algo similar por las grandes masas de la población, simplemente estará propiciando el día en el que los pobres se levantarán contra los agiotistas”.
Fiel a lo anterior y a la política de buena vecindad que la administración Roosevelt promovió en sus relaciones con América Latina, Sack rechazó la solicitud del gerente de la United Fruit Company para que el gobierno estadounidense interviniera en la gran huelga bananera de agosto-septiembre de 1934.
Cuando Sack fue sustituido por William H. Hornibrook (1937-1941), los comunistas costarricenses habían abandonado su ultraizquierdismo inicial y enfatizaban una política de defensa de la democracia para enfrentar al fascismo y al nazismo. A tono con este cambio, Hornibrook empezó a “descomunistizarlos”.
En marzo de 1939, Hornibrook señaló que Manuel Mora era “un orador capaz [que] es escuchado con respeto”. Añadió que el Partido Comunista era “principalmente un partido laborista interesado en mejorar la suerte de las clases más bajas”.
‘Liberalismo’. Poco tiempo después, el nuevo jefe de la legación estadounidense, Arthur Bliss Blane (1941-1942), diría de Mora: “Su comportamiento es inatacable. [...] actúa ante todo en defensa de los intereses del hombre común”.
La tendencia descrita cambió brevemente durante la gestión de Robert M. Scotten (1942-1943), fuerte crítico del acercamiento entre el gobierno de Calderón Guardia y el Partido Comunista. Este proceso culminó en septiembre de 1943 con la formación del Bloque de la Victoria, que postuló como aspirante presidencial a Teodoro Picado.
Sin embargo, Fay A Des Portes (1943-1944), sucesor de Scotten, pronto recuperó el enfoque más abierto de sus predecesores. Des Portes (con cuya gestión la legación fue transformada en embajada), indicó en un informe de mayo de 1944:
“Es bastante curioso que haya habido poca discusión seria acerca del programa [de gobierno del Bloque de la Victoria], y la mayoría de las críticas sigue la línea de que ‘el país ha sido entregado a los comunistas’. A la luz de este marco intelectivo por parte de la oposición, es interesante notar que el programa no es decididamente radical ya que está compuesto en su mayor parte por una combinación de liberalismo decimonónico y el tipo de legislación social que caracterizó a la década de 1930 en los Estados Unidos”.
Antes de formar el Bloque de la Victoria, en junio de 1943, los comunistas disolvieron su partido y fundaron uno nuevo, Vanguardia Popular. Hallett C. Johnson (1944-1947), sustituto de Des Portes, procuró determinar cuán comunista era esta nueva organización. Su conclusión fue que, aunque desconocía las conexiones de Vanguardia Popular con la Unión Soviética, creía que no se le podía considerar una organización comunista.
La simpatía de Johnson por ese partido era evidente todavía en mayo de 1946, cuando lo definió como un “partido ex comunista”. Además, enfatizó que, aunque sus vínculos con Moscú eran difíciles de verificar, parecían “algo tenues” y que su programa “podría ser definido en la mayor parte de los países como meramente [...] progresista”.
‘Inobjetable’. Walter J. Donnelly, quien reemplazó a Johnson entre abril y octubre de 1947, procuró distanciarse del gobierno de Picado; no obstante, todavía creía que el comunismo en Costa Rica no era un peligro inminente. Su sucesor, Nathaniel P. Davies (1947-1949), era un individuo cuya carrera diplomática incluía el desempeño de funciones en Pernambuco (Brasil, 1926-1929), Manila (Filipinas, 1946-1947) y Moscú (Unión Soviética, 1947). Se lo tenía por especialista en comunismo.
Según algunos investigadores, Davies era de línea dura, autoritario e impulsivo; pero llama la atención lo que manifestó en un informe del 22 de abril de 1948, en vísperas de que los principales líderes comunistas fueran encarcelados o expulsados tras la terminación del conflicto armado iniciado el 12 de marzo anterior y encabezado por José Figueres. En ese informe, Davies expresó:
“En todas mis muchas conversaciones con Mora, tanto reuniones del comité de conciliación como en privado, me ha impresionado como el ponderado e inteligente líder de un partido dedicado a un progresista e inobjetable programa de legislación social. En sus maniobras políticas en apoyo de este programa, por otro lado, él parece partir de que el fin justifica los medios y usa todas las técnicas bien conocidas del comunismo internacional”.
Con base en la información considerada, resulta evidente, que desde la década de 1930 por lo menos, los diplomáticos de los Estados Unidos se identificaron con la tendencia del sistema político costarricense a dar respuesta a los problemas sociales por medios institucionales.
El hecho de que el Partido Comunista compartiera ese enfoque, facilitó que jefes de legación y embajadores simpatizasen con los esfuerzos socialmente reformistas de dicha organización. De esta manera, la legislación social aprobada en Costa Rica en los decenios de 1930 y 1940, lejos de ser impugnada por los representantes del “imperio”, encontró en ellos algunos de sus más inesperados aliados.
EL AUTOR ES HISTORIADOR E INVESTIGADOR DEL CENTRO DE INVESTIGACIÓN EN IDENTIDAD Y CULTURA LATINOAMERICANAS DE LA UCR. ESTE ARTÍCULO SINTETIZA ASPECTOS DE SU LIBRO ‘ANTICOMUNISMO
Suplemento Áncora. periódico La Nación 13 abril 2008.

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