Columna Pido la palabra 2
La penúltima tentación Antonio Alfaro, periodista
analfaro@aldia.co.cr
La “penúltima” tentación quedó al desnudo la semana anterior y nada tiene que ver con Adán y Eva tapándose sus partes nobles.
Dinero. Tentador dinero.
Si usted ha seguido los informes publicados en La Nación por los periodistas Ernesto Rivera y Giannina Segnini, sabe bien de qué le hablo. Si no, permítame resumírselo: $3 millones (¡véase bien el signo de dólares!), $3 millones que pasaron por las arcas de la Conferencia Episcopal, inversiones de aquí y allá, incluidas algunas del italiano Bondaz, político de la democracia cristiana italiana. $3 millones que la Iglesia prestó luego a una empresa hotelera, como si fuera una nueva entidad bancaria al estilo del HSBC o el BCR.
Si la Iglesia fuera un banco, quizás más de un cura y sus parroquianos pasarían menos apuros, entre colectas y rifas, con tal de lograr cristianos propósitos.
Si fuera un banco... Pero no es, ni debe serlo, como dejó claro Jesús. ¡Se acuerdan: “al César lo que es del César”! También, por si acaso, lo aclaró la Superintendencia General de Entidades Financieras, al ordenarle detener su intermediación financiera o -en términos espirituales- no caer en la “penúltima” tentación.
Quizás usted se pregunte por qué la “penúltima”. ¿Y la última? La vivimos los católicos ante cada error de sus líderes. Es la tentación de agachar la cabeza. La tentación de cambiar de Iglesia. La tentación de huir en vez de quedarse, exigir y aportar.
periódico Al Día 15 abril 2008.

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