Técnicas de vuelo
Creador promotor El cineasta guatemalteco Rafael Rosal amplía nuestro horizonte cinematográfico
Jurgen Ureña Arroyo | jurgenurena@yahoo.com
Es casi una paradoja que el nombre del festival cinematográfico más importante de Centroamérica, el ya célebre Ícaro, remita al motivo de la caída. Este breve comentario es estímulo suficiente para encender la tertulia con Rafael Rosal: en pocas palabras, él explica que el intento y la rebeldía prevalecen siempre por encima de la caída.
Nadie podría negar que este inquieto creador ha estado dispuesto a rebelarse y a intentarlo todo desde que fundó Casa Comal, centro que ha producido tres largometrajes en los últimos cinco años; asimismo, abriga a la primera escuela de cine y televisión de Guatemala y al Festival Ícaro. Tampoco podrán llamarlo ‘egoísta’. Hoy, Rafael Rosal comparte algunas técnicas de vuelo diseñadas para cruzar el panorama cinematográfico de nuestra región.
¿Cómo surge Casa Comal?
En 1995 regresé a Guatemala después de una ausencia prolongada, y tuve la suerte de conocer a la persona con quien se ha levantado este proyecto: Elías Jiménez.
“Tras la firma de los acuerdos de paz, nuestro medio audiovisual era un desierto. Existía la necesidad de sentar las bases de una industria que nos diese a conocer y que nos identificara como guatemaltecos. Entonces empezamos a dar talleres de cine, y en 1998 organizamos el Festival Ícaro. Dos años después, ante la necesidad de dar un espacio físico a estos proyectos, nació Casa Comal.
A inicios de los años 90 se estrenó la película guatemalteca El silencio de Neto (1992). ¿Cómo evalúan ustedes este antecedente?
Justamente mirábamos que esta película, al igual que las coproducciones entre Guatemala y México de los años 70, era producto del esfuerzo titánico e individual del director o del productor; pero esto no se iba a traducir nunca en una producción constante. Eran necesarios equipo, personal técnico capacitado, una infraestructura básica y un festival que diera exposición a todo el movimiento cinema-tográfico emergente.
Hablemos de las dos películas de Casa Comal en las que usted participa como productor ejecutivo: La casa de enfrente (2003) y VIP (2006). ¿Cómo se ha llegado a este híbrido entre cine negro y tragedia?
Elías Jiménez, director de ambas películas, ha roto el mito de la ópera prima y está perfilando un estilo muy personal. Esa combinación de elementos, de lo sórdido, lo violento y lo erótico, hace que sus películas sean taquilleras y a la vez tengan el descaro de mostrarnos la realidad cruda y dolorosa de una sociedad en decadencia.
“Como productor ejecutivo siento que hemos sufrido y superado la carencia de recursos con este estilo cuasi documental de la puesta en escena. En ambas películas, las prostitutas son prostitutas, los policías son policías y los reos son reos, siguiendo un poco la línea del cinéma vérité y del neorrealismo italiano.
Este estilo forjado a partir de carencias recuerda las propuestas del brasileño Glauber Rocha, valoradas por los críticos pero no por el gran público. Sin embargo, ustedes han conseguido un notable éxito en la taquilla. ¿A qué lo atribuyen?
Nuestras películas han salido a la luz en circunstancias muy especiales. Lo que pasaba con Glauber Rocha es que no disponía de canales de distribución; en ese momento no había una Teleglobo que absorbiera sus películas y las enviase a un público masivo. Nosotros teníamos aquí ya cinco años de relación con las salas de cine, a través del Festival Ícaro.
“También tuvimos a nuestro favor la posibilidad de grabar en formato digital. Muchas escenas de estas películas se grabaron a dos cámaras, lo que en 35 milímetros habría resultado muy oneroso.
¿Cree que la exposición del lenguaje urbano y de la sexualidad de los personajes ha ayudado en la taquilla?
Claro, aunque algunos espectadores se han sorprendido con esto y se han salido de la sala por considerarlo vulgar. Para ellos ha sido muy fuerte escuchar el lenguaje soez de los personajes, pero creo que, al no esconder ni maquillar lo que somos, hemos conseguido cierta efectividad.
En el 2004, usted dirigió Las cruces , una película que evidencia una gran admiración por el cine del japonés Akira Kurosawa…
En Las cruces me parecía necesaria una forma preciosista, alejada del lenguaje del videoclip. Intenté que fuera la acción, dentro y fuera del cuadro, la que contara la historia; en este sentido sí hay una gran influencia del maestro Kurosawa.
“Por otra parte, hay también una clara influencia de eso que llamamos el ‘nuevo cine latinoamericano’, y un pequeño intento de renovarlo y actualizarlo.
Al igual que en La casa de enfrente y en VIP , en Las cruces hay una denuncia política, representada en la masacre contra el pueblo indígena.
Inicialmente, esta referencia era ficticia por completo. Me enteré de que había dos aldeas masacradas, de nombre Las Cruces , mucho después de estrenar la película. Recibí un mensaje electrónico de un emigrante guatemalteco que vive en Los Ángeles, en el que me decía: ‘Yo estuve ahí’.
“Entonces sentí temor de que la población que sobrevivió a aquello pudiera ver mi película como algo incorrecto o ahistórico pues nosotros elegimos el nombre porque este es un país plagado de cruces, plagado de muertos, y nos pareció una imagen apropiada de lo que ha sido y de lo que es Guatemala. La realidad siempre supera a la ficción.
¿Dónde aparece el componente documental en Las cruces ?
En los personajes de los guerrilleros, que sí tienen referentes reales. Por otra parte, en la película hay una crítica a la izquierda… ¿Qué ha pasado después de veinte años? Esta objeción es evidente en el personaje del comandante, quien se ha acomodado muy bien y es ahora una especie de funcionario público.
Parece que, a pesar de la importancia de esta perspectiva, la película intenta mostrar la complejidad del conflicto armado.
Tratamos de que los muchachos que no vivieron aquello, entiendan que fue algo más complicado que un conflicto entre buenos contra malos. Creo que la película lo logra; incluso ha sido muy utilizada en escuelas de educación media.
“ Las Cruces es casi el documento que habla sobre la guerra, ante la incapacidad de la gente de leer los catorce volúmenes publicados por la Comisión de Esclarecimiento Histórico, que quizá solo habrán leído quienes los escribieron. Era necesario hacer algo más accesible al común de los ciudadanos.
Estas películas producidas por Casa Comal parecen responder a la necesidad de contar algo que durante mucho tiempo estuvo reprimido o fue censurado.
En las circunstancias actuales, después de casi doce años de la firma de los acuerdos de paz, el mayor riesgo que tiene el realizador es la autocensura. No digo que no haya por ahí dinosaurios que quisieran aplastarle a uno la cabeza por atreverse a decir las cosas, pero creo que, en general, no existe ahora una política de Estado de persecución, tal como hubo durante el conflicto armado.
Suplemento Áncora. periódico La Nación 13 abril 2008.

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