“En arca abierta…”
Diego Víquez
La mera acumulación de bienes y servicios no basta para proporcionar la felicidad humana
Filósofo
Pablo VI, hace 40 años, hacía la siguiente afirmación: “Este liberalismo sin freno, que conduce a la dictadura, justamente fue denunciado por Pío IX como generador del ‘imperialismo internacional del dinero’”. Lógicamente se refería al liberalismo económico.
Algo ha pasado en Costa Rica y en el mundo desde que el papa Montini dijera lo anterior; sin embargo, algo pasa ahora en Costa Rica y en el mundo que hace que la frase recobre una alarmante actualidad.
La fuerza del dinero. La fuerza del mercado no es otra que la fuerza del dinero; por ello, deberíamos estar prevenidos frente a las pasiones e instintos que puede desatar la codicia desmedida; ella, con y como el poder, son capaces de provocar en el ser humano reacciones insospechadas. Esto, si pensamos en ambos por separado (poder y dinero); pero, cuando ambos se unen en santa alianza, el riesgo se torna aún mayor, por duplicado. Poder y dinero, aunque históricamente juntos, la misma historia nos demuestra que los momentos más lúcidos de la Humanidad y de los países se producen cuando entre ambos hay alguna distancia o, al menos, elementos de contrapeso que permitan que las fuerzas desbocadas del afán de lucro y de la erótica del poder tengan sus frenos y controles.
Debe estar prevenido el país, quienes aspiran a gobernarlo y quienes lo gobiernan, de este riesgo, especialmente porque no creo que exista ser humano que pueda resistirse a las mieles del poder y del dinero, juntos en poderoso coctel.
Un país no puede sacrificarlo todo ante el altar del lucro; pensar ingenuamente que con el crecimiento económico vendrá la Jerusalén celestial es, cuando menos, ingenuo.
El poderoso pensador Juan Pablo II, buen conocedor del alma humana, como filósofo y como sacerdote, escribió este magnífico texto en una de sus encíclicas sociales: “…ha entrado en crisis la misma concepción ‘económica’ o ‘economicista’ vinculada a la palabra desarrollo”. En efecto, hoy se comprende que la mera acumulación de bienes y servicios, incluso a favor de una mayoría, no basta para proporcionar la felicidad humana. Ni, por consiguiente, la disponibilidad de múltiples beneficios reales, aportados en los tiempos recientes por la ciencia y la técnica, incluida la informática, traen consigo la liberación de cualquier forma de esclavitud.
Objetivo moral. Al contrario, la experiencia de los últimos años demuestra que, si toda esta considerable masa de recursos y potencialidades, puesta a disposición del hombre, no es regida por un objetivo moral y por una orientación que vaya dirigida al verdadero bien del género humano, se vuelve fácilmente contra él para oprimirlo.
Debería ser altamente instructiva una constatación desconcertante de este periodo más reciente: junto a las miserias del subdesarrollo, que son intolerables, nos encontramos con una especie de superdesarrollo, igualmente inaceptable, porque, como el primero, es contrario al bien y a la felicidad auténtica. SRS # 28
Cuidado con lo que estamos haciendo… Al buen entendedor, pocas palabras.
periódico La Nación 15 abril 2008.

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