Columna DIGAMOSLO
Walter Hernández Valle
guelo59@hotmail.com
* El excelente artículo del licenciado William Gómez Vargas, publicado en el Diario Extra el 10 de abril pasado, sobre “los lamentos de siempre” de aquellos que solo saben quejarse y echarle la culpa al Gobierno, al regulador general, o a quien sea, de todo lo que no les gusta o no les conviene, me ha traído a la mente otras muestras de esa forma de pensar y de actuar.
* Tenemos, por ejemplo, el síndrome del pobrecitico, que en ocasiones llega a extremos tales que transforman a un violador y asesino de niñitos de meses o de muy pocos años en un verdadero mártir de la sociedad y de la justicia, y que es defendido, a capa y espada, por algunos que se autodenominan defensores de los derechos humanos.
* Este síndrome tan sui géneris también favorece a funcionarios que han usufructuado de fondos destinados a la gente pobre o que han despojado a pobres campesinos de tierras que les cedió el IDA, para construir urbanizaciones, hoteles y mansiones de lujo.
* Cuando el brazo de la ley los atrapa, de inmediato surgen las quejas y críticas clamando por un mejor trato a los pobreciticos, que hicieron un negocio “de buena fe”, pues “no sabían” que esos fondos eran para las mujeres y niños indigentes, y que aquellas tierras, por ley, solo podían ser de propiedad de familias campesinas muy pobres.
* Por otra parte, es cierto que nadie, o casi nadie, menos aún los sindicalistas, protestan cuando dejan en la calle a cientos de trabajadores de las maquilas, pero en cuanto alguna institución estatal se niega a pagar a sus empleados un sueldo extra por llegar solamente una hora tarde, todos los días, a su trabajo, entonces sí van a la huelga y cierran calles y carreteras como protesta.
* O cuando una “comisión de estudio” de la Asamblea Legislativa, integrada por diez diputados, viaja en primera clase, por cuenta del Parlamento, a Las Vegas, se aloja en el mejor hotel y a su regreso declara “solo hicimos algunas apuestitas para ver cómo funcionan allá los casinos y aprovechar esas enseñanzas para reformar aquí la ley que regula esos establecimientos”.
* O cuando algunos jerarcas del gobierno de turno viajan a Oriente para conocer los secretos de la acupuntura, tal vez con el propósito de clavarle, sin dolor, más agujas a los consumidores.
* Más ejemplos: cuando algún equipo de fútbol pierde un partido por 7 a 0, su director técnico y el presidente del club claman, airados, que no merecían perder, que el árbitro “les echó el rey” o que la cancha estaba mojada. Que merecían, por lo menos, un empate.
* Y cuando algún juzgado decreta el remate del estadio de algún club de fútbol, por sus deudas con la Caja del Seguro, sus directivos responden, indignados, “que es una injusticia”, “que la culpa la tiene el gobierno o el alcalde del barrio donde está situado el estadio o Armando Manzanero o los Hicsos, porque no llegaron a un concierto que les dejaría mucha plata”.
periódico La Prensa Libre 15 abril 2008.

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