Columna EL OBSERVADOR
Fe y política de la mano
Lic. Hermes Navarro del Valle
El diario Aceprensa nos cuenta que en el discurso que Benedicto XVI dirigió al presidente George W. Bush, el pasado miércoles, durante la ceremonia de bienvenida en la Casa Blanca, subrayó que la religión y la moralidad son soportes indispensables para la prosperidad política.
El Papa se remontó a los principios inspiradores de la Constitución de Estados Unidos de América, para hacer ver que las creencias religiosas son una poderosa fuerza orientadora en la vida social y política. “Ya desde los albores de la República -recordó-, la búsqueda de libertad de América ha sido guiada por la convicción de que los principios que gobiernan la vida política y social están íntimamente relacionados con un orden moral, basado en el señorío de Dios Creador. Los redactores de los documentos constitutivos de esta nación se basaron en esta convicción al proclamar la ‘verdad evidente por sí misma’ de que todos los hombres han sido creados iguales y dotados de derechos inalienables, fundados en la ley natural y en el Dios de esta naturaleza.”
Para formar una sociedad que incorporara estos principios hubo muchas dificultades, reconoció el Papa. “A lo largo de ese proceso, que ha plasmado el alma de la nación, las creencias religiosas fueron una constante inspiración y una fuerza orientadora, como, por ejemplo, en la lucha contra la esclavitud y en el movimiento en favor de los derechos civiles. También en nuestro tiempo, especialmente en los momentos de crisis, los americanos siguen encontrando energía en sí mismos adhiriéndose a este patrimonio de ideales y aspiraciones compartidos.”
Al mismo tiempo que elogiaba la libertad, el pontífice advirtió que “la libertad no es sólo un don, sino también una llamada a la responsabilidad personal”. “La defensa de la libertad es una llamada a cultivar la virtud, la autodisciplina, el sacrificio por el bien común y un sentido de responsabilidad ante los menos afortunados. Además, exige el valor de empeñarse en la vida civil, llevando las propias creencias religiosas y los valores más profundos a un debate público razonable. En una palabra, la libertad es siempre nueva. Se trata de un desafío que se plantea a cada generación, y ha de ser ganado constantemente en favor de la causa del bien.”
La Iglesia está convencida, aseguró el Papa, que “la fe nos ofrece la fuerza para responder a nuestra alta vocación y la esperanza que nos lleva a trabajar por una sociedad cada vez más justa y fraterna”. Y aquí el Papa volvió a enlazar con los orígenes de Estados Unidos, al decir: “Como vuestros Padres fundadores bien sabían, la democracia solo puede florecer cuando los líderes políticos, y los que ellos representan, son guiados por la verdad y aplican la sabiduría, que nace de firmes principios morales, a las decisiones que conciernen a la vida y el futuro de la Nación”.
periódico La Prensa Libre 19 abril 2008.

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