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RESONOCO

08/05/2008 GMT 1

Preludios de miedo y violencia

marfuerte @ 01:23

Historia

Antes de 1948 Profascistas y antifascistas revelaron tendencias autoritarias HistoriaPreludios de miedo y violencia

Dennis Arias Mora | dennarm@yahoo.de
El gobierno nazi comenzó en enero de 1933; no había pasado un año, y ya en Costa Rica se conocía su rumbo antidemocrático. Eran constantes las noticias sobre sus tendencias militaristas y expansionistas, y sobre persecuciones contra judíos, socialistas y comunistas. A la vez, se sabía cómo se idolatraba al Führer al frente de la “nueva Alemania”.

Pese a esas alarmas, la Alemania nazi despertó el interés y la simpatía de no pocas personas corrientes y de algunos grupos de políticos.

Desde el siglo XIX, la comunidad alemana en el país gozaba de prestigio debido a sus éxitos económicos, sociales y políticos. En la prensa, durante la era nazi (1933-1945), esa “colonia” despertaba elogios de políticos como Ricardo Jiménez y de intelectuales como Roberto Brenes Mesén y Rafael Obregón Loría.

Tal admiración favoreció el que, en los años 30, los valores atribuidos a la germanidad hicieran ver al nacionalsocialismo y a Adolf Hitler como su derivación natural. La relativa recuperación económica de Alemania bajo su mando, invitaba a fantasear con la virilidad, el vigor racial, la disciplina y la grandeza con que se definía lo alemán.

Mientras tanto, la sección costarricense del Partido Nacionalsocialista Alemán de los Trabajadores (Nationalsozialistische Deutsche Arbeiterpartei) se había creado alrededor de 1932 y realizaba actividades públicas en el Club Alemán (Guadalupe, San José) y en otras instituciones germanas, de larga tradición, haciendo creer que el nazismo y los alemanes constituían una sola identidad.

En su mayoría, el partido estaba formado por alemanes veteranos de la Gran Guerra (1914-1918) residentes en el país; llegó a sumar 66 miembros, y era liderado por Herbert Knohr y Karl Bayer. Sus actividades para “nazificar” a la comunidad alemana causaron divisiones en esta. En el Club Alemán (presidido por Knohr) se celebraban los aniversarios del Tercer Reich y el cumpleaños del Führer . En una ocasión, la hija del maestro Luis Dobles Segreda, la niña Margarita, declamó allí su poesía Adolfo Hitler, el libertador de la tierra alemana .

Choques. En ese tiempo, Costa Rica sufría una grave crisis económica y había un descontento general que podía favorecer al Partido Comunista (fundado en 1931) en las elecciones y en las calles.

Así, los comunistas podrían afectar el tradicional apoyo dado a partidos liberales, como el dominante Republicano Nacional (PRN). La crisis económica y el comunismo parecían recrear los escenarios que, como reacción, derivaron en gobiernos nacionalistas autoritarios en Europa y Latinoamérica.

Unos pensaban que el comunismo debía ser destruido porque amenazaba la democracia, la propiedad y la familia; para otros, ubicados en la izquierda, el anticomunismo (cuyo sesgo nacionalista desembocaba también en el antisemitismo) originaría un gobierno de fuerza, semejante al nazismo.

El ascenso de Hitler alimentó el debate y el vocabulario político costarricenses. Así, en 1936, para los comunistas, la candidatura presidencial del “aspirante a Führer”, León Cortés, conduciría a un gobierno de “mano dura”.

Cortés era un liberal anticomunista, germanófilo por lazos familiares y económicos, y de carácter austero, puritano y autoritario. Él imprimió a su administración (1936-1940) los aspectos más rígidos de su personalidad.

Asimismo, el escenario costarricense se nutrió de la agitación de la política mundial. Pronto surgió una versión propia del antifascismo intelectual.

A las organizaciones y congresos de ese movimiento internacional estaban ligadas reconocidas figuras de nuestro medio, como el escritor y editor Joaquín García Monge, la escritora y comunista Carmen Lyra, y el socialista y latinoamericanista Vicente Sáenz.

En Costa Rica, el antifascismo estuvo influido por la Guerra Civil Española (1936-1939). Se fortaleció un vanguardismo intelectual que rechazó el “arte por el arte” y que imprimió un fuerte compromiso político a sus labores artísticas y literarias.

Ese movimiento, heterogéneo, defendió a la República Española contra la sublevación militar de Francisco Franco, y protagonizó choques con las autoridades civiles y eclesiásticas. Estas dos, no pocas veces, se mostraron afines al franquismo español y a los totalitarismos alemán e italiano.

Sin embargo, no tuvieron éxito los intentos por traducir el movimiento antifascista en una alianza política semejante al Frente Popular que había triunfado en las elecciones francesas de 1936.

Las protestas acabaron con frecuencia en despidos y procesos judiciales. De aquella época se recogen innumerables textos de izquierda: estos relacionaban las tensiones mundiales con las tendencias autoritarias del gobierno cortesista.

‘Mano de hierro’. Una segunda etapa del antifascismo se configuró al iniciarse la Segunda Guerra Mundial (1939-1945), con la salida de los cortesistas del partido gobernante (PRN), con el acercamiento oficial al panamericanismo de los Estados Unidos (enemigos de los nazis), y con la alianza del gobierno de Rafael Ángel Calderón Guardia (1940-1944) con los comunistas, pacto que impulsó las reformas sociales de inicios de los años 40.

Para entonces, el vanguardismo intelectual mostró los límites de su pasión contestataria. Los comunistas de Costa Rica, por ejemplo, se aliaron con el catolicismo político de los calderonistas y con la Iglesia católica, sus antiguos adversarios.

Tras esta alianza, los comunistas dejaron ver sus fibras también nacionalistas, caudillistas y autoritarias.

De denunciar, en 1936, el riesgo de un gobierno de “mano dura” de Cortés, los comunistas pasaron –con un discurso violento y militarista– a exigir de Calderón Guardia una “mano de hierro” (1942) que se deshiciera de una vez por todas de opositores y alemanes, vistos como una “quinta columna” dispuesta a dar el zarpazo de la expansión nazi en el istmo.

Bajo los estandartes del caudillo nacional (Calderón Guardia) y del continental (Franklin Roosevelt), el antifascismo consolidó el término nazismo como un insulto y una villanía política. La acusación de “quintacolumnismo” pasó a ser una estrategia de descalificación político-electoral con fuertes rasgos chauvinistas.

Una atmósfera de redención y civismo cubrió la transformación real del nazismo, de fantasía a villanía, y del antifascismo, de vanguardia intelectual a movimiento nacionalista.

Todo ello sugiere que la política costarricense se había polarizado tempranamente, y que además contenía elementos de autoritarismo y violencia, prontos a activarse al calor de las luchas y miedos políticos, y en la frialdad de los cálculos electorales.

Eso ocurrió mucho antes de la ebullición de los odios que, a fines de los años 40, desembocaron en una guerra civil.

El autor es profesor de la Escuela de Historia de la UCR y miembro del Centro de Investigaciones Históricas de América Central de la UCR.

Suplemento Áncora. Perioódico La Nación 19 abril 2008.

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