Columna En Vela
Julio Rodríguez | envela@nacion.com
Dos aspectos sorprenden en la crisis financiera de la Iglesia Católica en Costa Rica, ventilada en los recientes reportajes de La Nación : la presencia de las mismas personas en diversos cargos estratégicos y la impericia de aquellas para desempeñarlos. Doble pecado.
El adagio “zapatero, a tus zapatos” no ha perdido su lozanía, más aún en materia eclesiástica o pastoral. En este sentido, y sin pretender inmiscuirme en asuntos ajenos a mis escasos conocimientos, viene al caso la relectura de Henri de Lubac, enMeditación sobre la Iglesia , texto clásico, o bien el más reciente, de Joseph Ratzinger, actual Benedicto XVI, enLa Iglesia, una comunidad siempre en camino , para citar solo dos en una pléyade de obras recias e inspiradoras. El capítulo V de esta,Una compañía en el camino, un llamado a la reforma, podría ser el ansiado epílogo de esta saga dolorosa en Costa Rica, que, con ribetes de escándalos, financieros y no financieros, conocidos o soterrados, ha consumido demasiado tiempo.
Cito al papa Benedicto XVI: “Lo que necesitamos no es una Iglesia más humana, sino una Iglesia más divina; solo entonces será también verdaderamente humana. Y por esto todo lo que hacen los hombres dentro de la Iglesia hay que reconocerlo en su puro carácter de servicio y desaparece ante lo que cuenta más y es lo esencial… Creo –agrega– que, desde este punto de vista, deberíamos iniciar en la Iglesia a todos los niveles este examen de conciencia sin reservas”.
Jesús nos enseña que no se puede servir a dos señores… ni a dos señoras. Hay que saber distinguir, pues el que mucho abarca, poco aprieta. Jesús sabía de la necesidad de dividir el poder y del imperativo categórico de consagrarse a lo esencial. El poder –en su doble sentido depoder de ypoder sobre – es demoníaco, corrompe y atonta, pero, bien orientado, esto es, dividido, deliberante, transparente y esencial, siembra, produce y florece. Su sabia administración es tarea capital. La sentencia de Hobbes nos debe poner alertas: el ser humano tiene “un deseo perpetuo y sin tregua de adquirir poder tras poder”. Por ello, unos pocos, expertos o inexpertos, haciendo todo y sabiéndolo todo, o creyendo que lo saben todo, en una plataforma de poder, es una fórmula fatal, cuya primera víctima es siempre la verdad. Lo mismo vale para la política, para el Estado o para las empresas.
Cuando muchos están informados, el radar cognitivo compartido permite captar las señales o la llegada del lobo, o bien valorar, por la deliberación, “el exceso de confianza”, trampa siempre abierta que engaña a los más duchos. Si pocos tienen el poder, fácilmente germinan el secreto, el miedo y la mentira.
periódico La Nación 23 abril 2008.

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