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RESONOCO

09/05/2008 GMT 1

¿Cuidamos la herencia de nuestros líderes?

marfuerte @ 00:36

Róger Churnside
Acabo de releer El Espíritu del 48, escrito hace más de veinte años por don José Figueres Ferrer, con presentación de Guillermo Villegas Hoffmeister y prólogo del Revdo. Dr. Benjamín Núñez. Y cuadró nítidamente con algunas reflexiones que venía haciendo sobre liderazgo nacional: “elegantemente”, hubiera dicho el doctor Martín Godfrey, mi supervisor de tesis en Sussex University; “como anillo al dedo”, en nuestro folklore hispánico. Permíteme, estimada lectora, estimado lector, compartir esa experiencia contigo.

En lo que va de la civilización y la cultura, reconozcámoslo, los pueblos han girado en torno a líderes. Que las cosas deben ser así o no es otro tema; también es otra cuestión que los líderes hayan sido fieles a sus pueblos o no. En cualquier caso, el eje de la democracia es el liderazgo y éste consiste en tres conjuntos de cualidades esenciales: políticas, proféticas y filosóficas. Describo la trilogía a continuación:
• Las primeras tienen que ver con actividades o procesos de formación de estructuras para gobernar la sociedad y distribución de sus mecanismos de control. Mediante ellas, los líderes apelan a los intereses de los pueblos, sus percepciones y sentimientos sobre lo que les conviene.

• Las segundas se refieren a interpretaciones, conjeturas y predicciones sobre acontecimientos futuros mediante señales o cálculos hechos previamente. Basados en ellas, los líderes sintonizan con la conciencia de los pueblos, es decir, sus valores culturales y juicios personales sobre lo que es bueno o malo.

• Las terceras son inclinaciones a imaginar y razonar coherentemente sobre la convivencia social. Con ellas, los líderes recurren a la inteligencia de los pueblos, en otras palabras, sus capacidades de análisis, entendimiento y crítica racional.

Ahora bien, la relectura de El Espíritu del 48 me indujo a pensar lo siguiente. Primero, a mediados del siglo XX, Costa Rica tuvo un ascenso de desarrollo social al perfilarse cada uno de esos tres conjuntos de cualidades de liderazgo, claramente y vigorosamente, en sendos personajes, que lograron complementarse, controlarse y equilibrarse entre sí; esto se observó en torno a los hechos de 1948, con participación de personajes paradigmáticos como don José Figueres Ferrer, Arzobispo Monseñor Sanabria y don Rodrigo Facio Brenes. Segundo, después de una o dos generaciones, llegaron a predominar cualidades políticas en la mayoría de nuestros líderes, con exclusión de las proféticas y filosóficas; y esto desembocó en los ciclos de degradación que irrumpieron en la cúpula del aparato del Estado a finales de 2004, con los acontecimientos denunciados en torno a Rafael Ángel Calderón Fournier, Miguel Ángel Rodríguez Echeverría, José María Figueres Olsen y tantos otros, cuyas secuelas se extienden hasta hoy, bajo el manto del mercado global y el acecho del narcotráfico.

Pero, ¡qué demagógicos son los enfoques que atribuyen ese irrespeto de la herencia de liderazgo a fuerzas históricas impersonales, librando al “pueblo noble” o el “colectivo anónimo” de responsabilidades humaníticas!. Y, ¡qué fácil es explicar la degeneración del gobierno por la perversidad de autoridades específicas, ignorando la complacencia -cuando no complicidad- de ciudadanos comunes!
Por eso, parafraseando al poeta que cita Rodolfo Cerdas en el prefacio de El Lado Oculto del Presidente Mora, de Armando Vargas, cabe decir: “¿Y nosotros, dónde estábamos? ¿Qué haremos tú y yo? ¿Vendrán a nosotros las palabras encendidas para hablar la verdad con el pueblo?”.
Diario Extra Suplemento Página Abierta 22 abril 2008.

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