¿Cuidamos la herencia de nuestros líderes?
Róger Churnside
Acabo de releer El Espíritu del 48, escrito hace más de veinte años por don José Figueres Ferrer, con presentación de Guillermo Villegas Hoffmeister y prólogo del Revdo. Dr. Benjamín Núñez. Y cuadró nítidamente con algunas reflexiones que venía haciendo sobre liderazgo nacional: “elegantemente”, hubiera dicho el doctor Martín Godfrey, mi supervisor de tesis en Sussex University; “como anillo al dedo”, en nuestro folklore hispánico. Permíteme, estimada lectora, estimado lector, compartir esa experiencia contigo.
En lo que va de la civilización y la cultura, reconozcámoslo, los pueblos han girado en torno a líderes. Que las cosas deben ser así o no es otro tema; también es otra cuestión que los líderes hayan sido fieles a sus pueblos o no. En cualquier caso, el eje de la democracia es el liderazgo y éste consiste en tres conjuntos de cualidades esenciales: políticas, proféticas y filosóficas. Describo la trilogía a continuación:
• Las primeras tienen que ver con actividades o procesos de formación de estructuras para gobernar la sociedad y distribución de sus mecanismos de control. Mediante ellas, los líderes apelan a los intereses de los pueblos, sus percepciones y sentimientos sobre lo que les conviene.
• Las segundas se refieren a interpretaciones, conjeturas y predicciones sobre acontecimientos futuros mediante señales o cálculos hechos previamente. Basados en ellas, los líderes sintonizan con la conciencia de los pueblos, es decir, sus valores culturales y juicios personales sobre lo que es bueno o malo.
• Las terceras son inclinaciones a imaginar y razonar coherentemente sobre la convivencia social. Con ellas, los líderes recurren a la inteligencia de los pueblos, en otras palabras, sus capacidades de análisis, entendimiento y crítica racional.
Ahora bien, la relectura de El Espíritu del 48 me indujo a pensar lo siguiente. Primero, a mediados del siglo XX, Costa Rica tuvo un ascenso de desarrollo social al perfilarse cada uno de esos tres conjuntos de cualidades de liderazgo, claramente y vigorosamente, en sendos personajes, que lograron complementarse, controlarse y equilibrarse entre sí; esto se observó en torno a los hechos de 1948, con participación de personajes paradigmáticos como don José Figueres Ferrer, Arzobispo Monseñor Sanabria y don Rodrigo Facio Brenes. Segundo, después de una o dos generaciones, llegaron a predominar cualidades políticas en la mayoría de nuestros líderes, con exclusión de las proféticas y filosóficas; y esto desembocó en los ciclos de degradación que irrumpieron en la cúpula del aparato del Estado a finales de 2004, con los acontecimientos denunciados en torno a Rafael Ángel Calderón Fournier, Miguel Ángel Rodríguez Echeverría, José María Figueres Olsen y tantos otros, cuyas secuelas se extienden hasta hoy, bajo el manto del mercado global y el acecho del narcotráfico.
Pero, ¡qué demagógicos son los enfoques que atribuyen ese irrespeto de la herencia de liderazgo a fuerzas históricas impersonales, librando al “pueblo noble” o el “colectivo anónimo” de responsabilidades humaníticas!. Y, ¡qué fácil es explicar la degeneración del gobierno por la perversidad de autoridades específicas, ignorando la complacencia -cuando no complicidad- de ciudadanos comunes!
Por eso, parafraseando al poeta que cita Rodolfo Cerdas en el prefacio de El Lado Oculto del Presidente Mora, de Armando Vargas, cabe decir: “¿Y nosotros, dónde estábamos? ¿Qué haremos tú y yo? ¿Vendrán a nosotros las palabras encendidas para hablar la verdad con el pueblo?”.
Diario Extra Suplemento Página Abierta 22 abril 2008.

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