El reto de la globalización en Costa Rica: aspectos económicos e impactos sociales
Josette Altmann Borbón
La globalización contemporánea ya no tiene a los Estados como actores principales; ahora los protagonistas son movimientos de grandes flujos de capital representados en agentes privados como los gigantes de la comunicación, los organismos financieros y las empresas transnacionales.
En Costa Rica la discusión planteada entre neoliberales y keynesianos revive las viejas confrontaciones entre desarrollistas y estructuralistas latinoamericanos de los años sesenta, o entre liberales y planificadores de los treinta. Y para sumar, no ayuda al debate el conocido dilema mercado o estado.
La globalización no es mala en sí misma, lo que es malo es la inexistencia de reglas que hagan accesibles sus beneficios a todos los países. Puede señalarse que la globalización es buena si aumenta espacios de comercio, genera inversión y produce crecimiento. Sus problemas inician cuando, por ausencia de reglas o la presencia de reglas unilaterales, muchos países terminan pagando altos costos de gobernabilidad y de equidad por sostener un esquema de relación global que está beneficiando a menos de treinta economías, sin que aparezcan señales claras del mundo rico para mejorar los términos de solidaridad con las regiones más pobres.
El desarrollo económico de un país se inserta en su organización social, de manera que abordar las inequidades estructurales requiere de cambios económicos y transformaciones de la sociedad misma. Por ello resulta válida la afirmación de que Costa Rica requiere una nueva forma de construir sociedad, tarea que se asume con una forma de organización estatal para la equidad, que es, al final de cuentas, el Estado de Bienestar.
Cómo generar riqueza sigue siendo el interrogante para las economías del planeta. Sin un mayor crecimiento no habrá una mayor equidad. Costa Rica enfrenta el reto de crecer en un mundo globalmente abierto a la competencia y encontrar un patrón de crecimiento ajustado a las exigencias de la época, sin olvidar que los beneficios de la apertura dependen de su complemento con políticas domésticas relativas a la inversión, la estabilidad macroeconómica, la cohesión social, los recursos humanos y el buen gobierno.
El objetivo esencial del desarrollo debe ser la búsqueda de una sociedad más justa, otorgando prioridad a la vigencia de derechos económicos, sociales y culturales, que se transmiten en valores de igualdad, solidaridad y no-discriminación. Disminuir la pobreza y la desigualdad es un imperativo ético y político. La pobreza puede verse agravada o reducida, aún en un entorno caracterizado por crecimiento del ingreso, porque no todos sus beneficios se distribuyen de manera equitativa. Por ello la educación y la creación de trabajos bien remunerados se convierten en la mejor manera de erradicar la pobreza en el mediano y largo plazo.
Ni la apertura, ni la globalización son los únicos culpables del deterioro y el costo social en Costa Rica. También hay que señalar el tema de la acción eficaz y efectiva que reconcilie al gobierno y a la sociedad civil.
La necesaria reforma del estado costarricense debe ir acompañada de las denominadas políticas de “buen gobierno”, que se inspiran en principios de eficiencia, transparencia y responsabilidad. Algunos han puesto el dedo en la llaga, señalando que no hay acciones verdaderamente eficaces porque tenemos por un lado una clase política deslegitimada y, por otro, una ciudadanía desconfiada e incrédula producto de lo primero.
Es necesario retomar el compromiso por Costa Rica a través de alianzas transparentes entre todos los actores sociales: instituciones gubernamentales, partidos políticos, sindicatos, cooperativas, universidades, organizaciones no gubernamentales, etc., que nos lleve a superar uno de los principales obstáculos que tenemos: las asimetrías sociales.
Frente a la inevitable integración y globalización, tiene que haber mecanismos sociales y económicos que acorten las distancias que nos separan como países (desigualdad horizontal) y sus estratos sociales (desigualdad vertical).
Por ello, la internacionalización debe venir acompañada de claras políticas en materia de compensación y sustentación, como las que existen en Europa, que nivelen las diferencias entre países y dentro de sus sociedades.
Diario Extra Suplemento Página Abierta. 22 abril 2008.

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