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RESONOCO

10/05/2008 GMT 1

América Latina debe escoger con sabiduría

marfuerte @ 01:39

Óscar Arias Sánchez

¡Cuán diferente sería nuestra región con miles de profesionales más!

Presidente de la República

En 1973, consternado por la muerte de Salvador Allende y el surgimiento de regímenes totalitarios en América Latina, el autor mexicano Octavio Paz escribió: “El continente se vuelve irrespirable. Sombras entre las sombras, sangre sobre la sangre, cadáveres sobre cadáveres: la América Latina se convierte en un enorme y bárbaro monumento hecho de las ruinas de las ideas y de los huesos de las víctimas ”. Treinta y cinco años después podemos afirmar que América Latina ha dejado de ser una región de sombras, pero todavía dista mucho de ser una región de luz. Las pretensiones autárquicas y el proteccionismo comercial, el populismo y la retórica antidemocrática, la posposición de las más básicas necesidades de todos nuestros ciudadanos, particularmente la educación, y la persistente carrera armamentista son lastres que todavía arrastramos y que hemos de abandonar si pretendemos sentar las bases para un futuro mejor.

América Latina es una región singular. Habiendo llegado tarde a la cita del desarrollo, vive simultáneamente en el feudalismo y la posmodernidad. Nuestras preocupaciones van desde la erradicación de tugurios, hasta la conectividad de banda ancha; desde la universalización del acceso al agua potable, hasta el reto de lograr que nuestro libre comercio con las naciones desarrolladas sea, en verdad, libre. Quizás esto explique el hecho de que todo abordaje de la economía latinoamericana deba empezar por el abordaje de su democracia y de su desarrollo humano.

Es un hecho que en los próximos años veremos una desaceleración del crecimiento económico de América Latina. Esto es difícil de manejar para cualquier región, pero es mucho más difícil de manejar para una región que no cuente con instituciones democráticas consolidadas y con un elevado desarrollo humano. Pocas oportunidades son tan propicias para el resurgimiento de demagogias y delirios autoritarios como una crisis económica, porque, frente a la terrible disyuntiva entre libertad y estabilidad económica, es común que las naciones escojan, como Fausto, entregar su libertad.

Debemos prepararnos, entonces, para escoger con sabiduría. Sobre todo, para escoger el destino que le daremos a los recursos disponibles. En épocas de vacas flacas lo que vale es el trigo que tengamos en el granero. ¿De qué nos vale tener armas, helicópteros militares y decenas de miles de soldados en el granero? ¿De qué nos vale en una región que –con la sola excepción de Colombia– no experimenta actualmente ningún conflicto armado? Según cifras del Instituto Internacional de Investigación sobre la Paz de Estocolmo, en el año 2006 el gasto militar de América Latina ascendió a 32. 600 millones de dólares, una cifra que ha aumentado un 24% en términos reales en los últimos doce años. Esto es alarmante, sobre todo si tomamos en consideración que, como nos informa la CEPAL, entre los años 1991 y el 2005 América Latina elevó su gasto en salud del 3,1% del PIB al 3,4%, es decir, apenas un 9,7%; y su gasto en vivienda permaneció inalterado en un 1,2% del PIB.

En materia de educación, a pesar de que nuestro gasto en relación con el PIB sí ha aumentado considerablemente en los últimos años, ello no ha sido suficiente: uno de cada tres jóvenes no asiste nunca a la escuela secundaria, y sólo uno de cada diez llega a graduarse de la universidad. En cambio, los países desarrollados, que albergan menos del 10% de los jóvenes del mundo, gastan más de la mitad de todo el presupuesto mundial en educación. Existen casi 12.000 universidades y centros de educación superior en el mundo, pero 4,000 se ubican solo en EE. UU. Ninguna de las universidades de América Latina califica dentro de las 100 mejores en el ámbito mundial. Resulta evidente que, si queremos sentar las bases para un mejor futuro, debemos empezar por invertir más en los salarios de nuestros maestros y profesores, en la infraestructura de nuestras escuelas y colegios, en las becas para nuestras universidades y, sobre todo, en el aprendizaje de otros idiomas y el acceso a las tecnologías de la información y el conocimiento.

Como es bien sabido, del aumento total de la producción en el mundo en los últimos 25 años, el 88% proviene de mejoras en la tecnología, y sólo el 12% proviene de la expansión de los sistemas de producción vigentes. Es claro, entonces, que debemos empezar a invertir mucho más en ciencia y tecnología, si queremos dar el salto al desarrollo que nuestros pueblos se merecen.

Hacerlo implicará, sin duda alguna, sacrificios. Sacrificios como el dinero que se invierte en cada avión Sukhoi Su-30k, cuyo costo ronda los 34 millones de dólares, y que serviría para comprarle a nuestros estudiantes alrededor de 200.000 computadoras del MIT Media Lab. Sacrificios como el dinero que se invierte en cada helicóptero Black Hawk, cuyo precio mínimo ronda los 6 millones de dólares, y que podría servir para pagar durante un año una beca de 100 dólares mensuales a 5.000 jóvenes latinoamericanos. Un solo avión menos, un solo helicóptero menos, no puede significar una diferencia en seguridad. Pero ¡cuán diferente sería nuestra región con miles de profesionales más!

Si América Latina quiere emerger de las sombras hacia la luz y derrotar definitivamente los demonios que durante tantos años han acosado su progreso, debe elegir ahora mismo. Debe elegir la democracia. Debe elegir el desarrollo humano. Debe elegir a los latinoamericanos.
periódico LA Nación 20 abril 2008.

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