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RESONOCO

10/05/2008 GMT 1

Fundada sobre roca

marfuerte @ 01:38

Abril Gordienko

Abogada

A diferencia de Europa, América Latina sigue teniendo una mayoría católica; a misa no solo asisten los ancianos, sino familias completas, jóvenes, profesionales, campesinos, empresarios y políticos. Nuestra Iglesia está viva y a todos, clero y laicos, nos corresponde una cuota de compromiso con lo que Cristo espera de su Iglesia. Este es uno de los elementos que distinguen a los católicos: estamos unidos por una institución fundada por el Hijo de Dios, que se ha mantenido a lo largo de 20 siglos, a pesar de sus propios errores y de los constantes ataques de quienes desean verla desaparecer.

Aparte de la cardinal labor evangelizadora, la Iglesia cumple en el mundo una tarea social trascendental y determinante para el progreso humano, en unas épocas y en unos lugares más que en otros, claro. Dice el filósofo Julián Marías ( Sobre el cristianismo ) que “en España, la Iglesia ha hecho una increíble proporción de lo que se ha hecho; ha asumido funciones que en otros países o en otras épocas han sido propias de la sociedad o del Estado”. Me atrevo a aplicar esa afirmación a la Iglesia en Costa Rica, cuya intervención fue decisiva para instaurar la paz y la seguridad sociales junto a otros valiosos aportes al fortalecimiento de nuestra democracia hechos por el pensamiento de clérigos y de fieles católicos. Y sigue siendo la Iglesia a través de parroquias, de órdenes religiosas y de asociaciones laicas inspiradas en la palabra de Jesús, una de las mayores fuentes de ayuda y de compensación social de este país.

Festín de detractores . Los sacerdotes deben guiar a los fieles, y nosotros tenemos la obligación y el derecho de decirles lo que esperamos y lo que necesitamos de ellos. Y necesitamos, entre otras cosas, que modelen para nosotros, porque sus faltas nos perjudican y son el festín para los detractores de la Iglesia ya que, como dice el escritor español Eulogio López, hoy en día desprestigiar a los prelados resulta mucho más efectivo que la persecución física de los cristianos. “Con lo segundo, se acaba con la vida o con la libertad, pero el verdadero enemigo es el que puede dispersar al rebaño a costa de desprestigiar a sus pastores”. El descrédito del clero hace más daño que la maquinaria de Hollywood, los impostores, la prensa, el panteísmo, el agnosticismo, el comunismo, el indiferentismo y el materialismo. Es muy común, aun entre los católicos, que se confunda a la Iglesia con Cristo y, si alguno de sus miembros comete un error, se lo atribuyen a Él. Las consecuencias no se limitan al desprestigio de la institución eclesial, sino que sufrimos todos los creyentes que vemos desacreditado el nombre de nuestro pastor por culpa de algunas ovejas descarriadas y sufre la sociedad por la pérdida de valores y de modelos dignos de imitar.

Está claro que la Iglesia necesita dinero. Los primeros cristianos se reunían para celebrar la Cena del Señor y compartir sus bienes (Hch 2,42-47); con el tiempo, este compartir quedó como un acto importante junto a las ofrendas del pan y del vino, lleno de múltiples sentidos, como la ofrenda de nosotros mismos a Dios, devolverle parte de lo que recibimos de Él, la santificación y consagración de nuestro esfuerzo cotidiano, ayudar a los hermanos que necesitan más de nosotros y sentido evangelizador para que la parroquia tenga medios para anunciar a Jesús. En Costa Rica, la Iglesia se sostiene de un aporte estatal y de las colectas parroquiales. Esa plata debe usarse para difundir el Evangelio, para hacer labor social, para sostener los gastos de mantenimiento de las parroquias y los párrocos y para otros gastos que el arzobispo considere necesarios, sin “temporalizarse”, sin acomodarse a intereses políticos o económicos ajenos a la misión encomendada por Cristo; nunca para especular ni para hacer buchacas. Su manejo debe ser siempre transparente y de ello se le deberían rendir cuentas a los fieles.

Función trascendental. La Iglesia la fundó Jesucristo, no los hombres, y por eso, a pesar de nuestros errores, sigue en pie cumpliendo una función trascendental. Dice Louis de Wohl: “… tal vez surjan nuevos peligros, tal vez se desaten nuevas tempestades, pero, si así fuera, no olvidemos jamás lo que Jesús dijo, al final del Sermón de la Montaña, del hombre prudente y de la casa que había construido: “Cayó la lluvia, vinieron los torrentes, soplaron los vientos e irrumpieron sobre aquella casa, pero no cayó, porque estaba fundada sobre roca” (Mateo 7,25)”. Cristo es la roca, a Él le he dado mi insobornable adhesión y me mantengo fiel a su Iglesia, a pesar de todo. Este comentario no pretende desprestigiar a las autoridades eclesiásticas de Costa Rica; por el contrario, es una invitación a que den las explicaciones que los fieles merecemos y a que tomen medidas correctivas contundentes y evidentes, que pueden ser dolorosas, pero que son necesarias. Los disimulos y las explicaciones a medias quizás le den un salvoconducto temporal a los implicados, pero dañan la imagen de la institución y son excusa para que muchos cuya fe es vulnerable, se alejen no solo de ella, sino del Evangelio mismo.
periódico La Nación 20 abril 2008.

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