LA RONDA DE LOS LIBROS
Alfonso Chase
Toda una vida
Obra poética 1974-2007
Mayra Jiménez
Editorial Costa Rica, 2007
Mayra Jiménez (1938) es una escritora costarricense que ha construido, desde 1966, una obra poética de indudable valor literario y de apertura a nuevas visiones formales, que le otorgan un lugar de privilegio en la historia de la poesía nacional. En este libro recoge una segunda versión de una obra antológica que se inicia con parte del libro “Qué buena tu memoria” (2001), que abre la selección, para incorporar luego otros dos apartes que muestran un libro sólido, capaz de resistir una lectura amplia y razonada, y que nos permite conocer la obra, casi total, de una poeta que ha dedicado su vida a descubrirse a sí misma y a dar forma a la realidad social y política de su tiempo, en un espacio que ella determina como toda una vida con una voz potente, una visión de la poesía como testimonio y propuesta de existencia, donde la forma adquiere aspectos coloquiales, como si estuviera contando la historia en un diálogo entre ella y nosotros.
La sustancia de sus poemas es la memoria. No solo la convencional y personal, sino el panorama de ser y estar en ella, con plena responsabilidad histórica, dentro de su concepción política, revolucionaria, y el valor de expresar lo que mira y siente para dar luz a sus sombras, que muchas veces se refieren al amor, en sus diferentes versiones de encuentro, maduración, separación o historia personal, para dar paso a las diferentes etapas que configuran su vida. No hay nada de oscuridad en esa memoria abierta y sí las tensiones que se derivan de sus palabras para mostrarnos, algunas veces de, manera objetiva, la conversión de la anécdota en hecho real y perteneciente al mundo de la poesía.
Eso un aspecto de lo que se muestra en el libro. Lo otro es también el misterio o la angustia, el ámbito secreto de la poesía que mana, como si estuviera escribiendo un diario personal que se transforma en epístola, para ser compartido por todos nosotros, en la valentía de exponer sus dudas, muchas dialécticas, que la certeza de lo expresado las convierte en hechos reales, rodeados todos de su historia, su testimonio y el sentido de vivirse en acción con las cosas cotidianas, expresado en ese su estilo exteriorista de lo interno a lo externo, para sacar de sí misma los asuntos que la oprimen y que tienen respuesta en los actos volitivos que ella transforma en poemas, y que pertenecen a seres de carne y hueso, que su fuerte memoria proyecta como sólidas existencias que se sobreponen a todos los infortunios, o destinos personales, para existir en esos poemas-historia que les dan vida y les aseguran su presencia. Algunos de ellos tienen su propia evocación en sitios determinados: Costa Rica, Nicaragua, Venezuela, que son territorios de esa buena memoria, que da testimonio del paso de la vida por el oficio poético de la escritora.
Conversaciones, tarjetas, diapositivas, cartas, gramática al uso, nos permiten conocer el mundo poético de Mayra Jiménez, las categorías de su pensamiento, su cultura, el amor y el desamor, la nostalgia, como elementos presentes en la materialidad del poema y los sucesos, todo eso discurriendo en las tres partes en que se divide su libro, y el propósito de escribir sobre lo que percibe y siente concretamente.
Aunque el elemento emocional está presente en esta antología de sus poemas, lo racional impone su derecho a percibir la vida personal como parte de lo social y lo político, siempre relacionado con lo humano, en ese diálogo permanente que constituye la esencia de su poesía.
Mayra Jiménez ha escrito poemas que podemos definir como clásicos en la poesía de Costa Rica, por su intensidad poética y por los recursos formales de que hace uso para construirlos. No todos los incluidos aquí son de amor y de dolor, sino más bien de encuentro con su propia vida, con la ternura implícita en hacer de la poesía diálogo y afirmación, singularidad y orden. Es un libro completo de Mayra Jiménez para con nosotros. Está hecho, configurado, diseñado, como ella es: una mujer que ha vivido su existencia como totalidad, como afirmación, como batalla.
Aunque eso, algunas veces, nos negamos a aceptárselo. Envidiosos que somos.
Resabios
Luissiana Naranjo
Ediciones Andrómeda, 2008
“Resabios”, de Luissiana Naranjo (1962), es un volumen de poemas en prosa o simplemente textos, que podemos leer como si fuera un libro de horas, especie de arrebatada conjunción entre la lucidez y el desvarío, pero que ella logra darle sustancia en un libro completo, concreto, en que cada texto vale por sí mismo, pero se puede encontrar una continuidad entre uno y otro, según sea el deseo de la autora por ordenarlos y hacer una obra compacta, en medio de su híbrido sentido de rastrear sus tropismos mentales y corporales. Puede también ser un diario, extraño pero convincente, producto del insomnio ante la vida, en un duermevela que determina ese resabio volitivo del acto de escribir como se quiera, pero con el orden altivo de que cada texto valga por sí mismo y se convierta en poema. Todos los temas se unen para darnos un rastro de quien escribe, que lo hace con la secreta profundidad de una autora que alcanza su madurez, trabajando la palabra como arte de orfebrería y donde la placidez abrupta de la prosa poética nos permite buscar lo que son formas de pensamiento, embriones de poemas, o el poema hábilmente logrado, para así infringirnos un sobresalto. La unidad de quien escribe con la naturaleza es el sustento del libro. Una visión panteísta del mundo, que se integra a la poeta para darle un orden, ella misma, y el placer de hacer el texto para salir de la cueva omisa de las ideas. De allí que estas se conviertan en propuestas, convicciones, espectros transformantes que tocan con irreverencia lo que ya está hecho. Es un libro escrito para romper la piel de las convenciones y ser un cuerpo que escribe y no solo una mente que elabora múltiples ideas, que trata de comunicar, primero a sí misma, luego a sus lectores.
No es poesía de prisa, aunque en sus orígenes tal vez lo fuera. Son texto de lectura meditada, de penetrar o saltarse los límites psicológicos y reposar en la palabra misma, en el universo de Luissiana Naranjo, que resume vida, acción, naturaleza y espacio para meditar las cosas, contrariando órdenes prefijadas. Nada de garabatos para dar estructura al verso: vida percibida como corriente hacia ninguna parte, como no sea el mundo de la autora, poemas circulares que salen y regresan a la fuente: la escritora divagando por diversos sitios y dejando testimonio de que lo que ha visto ya pertenece, para siempre, a la realidad frenética de quien escribe.
Es un libro diferente, más maduro, de lo que antes escribía la autora. Un encuentro consigo misma, pero dejando para luego cualquier esbozo de biografía centrada en el resabio de haberla vivido, donde conviven lasitud y alteración, mar y huerta, nostalgia y paisaje, con la aceptación, entre humorística y crítica, de su propio cuerpo que es el afirmar: existo, luego soy.
Eso puede percibirse en su visión del mundo externo. Lo que nos agobia de la información transformada en estereotipo, de la falsa realidad de lo que vemos, para adentrarse, al fin, en ese mar que es el vivir. La portada y las ilustraciones son de Rafael Chamorro, como expresión, contenida, de la fuerza del libro.
Autoretrato y
cruci/ficciones
Carlos Cortés
Euned, 2007
Carlos Cortés (1962) ha publicado ocho libros de poesía en Costa Rica, Guatemala, México y España, según afirma la nota bibliográfica que aparece en esta obra, que recibió el Premio Mesoamericano Luis Cardoza y Aragón (2004) y salió editada en México en 2006 y en 2007, en nuestro país. Está dividido en cuatro partes, diferentes entre sí en cuanto a temática, pero con una secuencia real de expresar un tono elegíaco, que combina humor-amor y un inventario de encuentros y desencuentros que nos muestran una poesía coloquial, memorias o epitafios, si así pueden llamarse, que lo presentan como el escritor que es, autorretrato, o las ficciones, crucificadas, de una historia que intenta marcar un orden o secuencia de lectura y donde se cuenta la breve versión de lo que pueden ser mentiras reales, ficcionales o simplemente piadosas. El tono coloquial de todos los poemas nos permite conocer temas singulares, misterios alumbrados por la llama de un cerillo, como en la cuarta parte, donde el tono elegíaco se convierte en oda y en la cual privan la ternura, el recuerdo, o una visión del destino poético muy particular, y se transforma el fracaso de los poetas, no de la poesía, en algo trascendente que vive de la nostalgia del recuerdo.
El sentido de los autorretratos, si lo fueran realmente, permite al poeta exorcizar detalles de su existencia, que son enviados al lector como augurio y pregunta o simplemente como milagro del acto de escribir. El carácter universal de algunas sensaciones poéticas le hacen al autor salirse de sí mismo, en un eterno viaje, elegíaco muchas veces, donde logra percibir lo personal pero en función de lo externo y foráneo, en la creación de un mundo nada piadoso, pero lleno de amor loco, como lo hace en el poema del mismo nombre. Algunos de los poemas de este libro se cuentan entre los mejores que ha escrito Cortés en la plenitud de su viaje hacia la madurez, en el descubrimiento de secretos y exorcismos para hacer de la poesía un lenguaje comprensible, ingenioso y humorista, donde no existe ninguna cruci-ficción, pero sí la plena conciencia de que el fracaso es tener la idea clara de que lo que existe es solo una manera de percibir las alucinaciones, que se perciben en las grandes ciudades transformadas en escaparates.
Los recuerdos, para existir realmente en este libro, deben convertirse en epitafios, y de ellos está constelado este libro, lo que nos permite entender que el autor logra expulsar fantasmas y dar un nuevo rumbo a su poesía, que va dejando en tierra de nadie las experiencias del poeta. Todo esto escrito con maestría, con elementos de leve sarcasmo, que hacen que el poema se autotransforme y que los sitios y momentos evocados se conviertan en la más pura nostalgia, o en esas mentiras piadosas que el poeta nos propone, unidas a la cita epitafio de Wallace Stevens: “lo que cuenta es la mitología del yo”. Este libro de poemas también nos ofrece la propia existencia de quienes acompañan al poeta, seres de carne y hueso, poetas algunos, figurillas que se escapan y aparecen, reiterativamente, bajo diferentes disfraces.
Todo el libro podría ser lo que se recuerda antes del olvido para dar forma a un poemario bien estructurado, hermosamente escrito, con el cual el autor pareciera haber cerrado un ciclo, no solo el de los viajes internos y los periplos por caminos y ciudades, como todo tipo de autoformación exige.
Un libro que expresa un cambio en su poesía y nos hace percibir que ha sido escrito como epitafio por el propio creador, para así lograr acercarse a su propia historia con valentía y desparpajo, expresando que, a pesar de sus propias palabras, ya no hay poeta ciego o cuyo destino real sean los infiernos, dado que estos, simplemente, ya no existen.
periódico LA Prensa Libre 24 abril 2008.

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