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RESONOCO

14/05/2008 GMT 1

ESAS COSAS RARAS

marfuerte @ 03:15

María Elena Jiménez Vega
mjimenez@prensalibre.co.cr
Es una ola gigante que nadie ha querido ver venir, pero ya esta acá. Los expertos lo llaman tsunami. Pero no se alarme si está cerca del litoral Pacífico o en el Caribe, porque este fenómeno no amenaza las costas costarricenses, sino los estómagos de 100 millones de personas, incluso el de nosotros.

Desde hace muchos años se viene señalando que el uso irracional de los recursos naturales por el hombre traerá serías consecuencias. La contaminación ambiental, la tala discriminada de árboles, el uso irracional del agua potable, la sustitución de suelos destinados a la agricultura por condominios residenciales, entre otros.

Ahora esas consecuencias se enmarcan dentro de un nombre: efectos del cambio climático. Este señor del clima nos tiene una pistola en la sien, amenazándonos con quitarnos la vida. Claro, mientras no dispare, aún hay agua potable que beber, dinero para comprar combustible, comida en la alacena de la casa.

Pero en cualquier momento dispara, en cualquier momento ese tsunami nos inunda de hambre y de carestía de alimentos. En ese momento veremos que lo que tanto se nos advirtió toca nuestras entrañas.

Este jueves, por ejemplo, la subida de global de precios de la comida hizo que Estados Unidos (el mayor socio comercial de Costa Rica) sufriera la peor inflación por el precio de los alimentos en casi dos décadas.

Tanto es así que cadenas de supermercados en Estados Unidos y otros países, como Gran Bretaña, restringirán la venta de productos como el arroz.

Wal Mart, por ejemplo, limitará la venta de bolsas de nueve kilos de arroz a cuatro por cliente y día.

El tema de la escasez de arroz desencadena una reacción de demanda desesperada por los consumidores, quienes ya comienzan a ver cómo le hacen para guardar bolsas de más en la alacena de alimentos.

Esto me recuerda aquella recesión que vivimos los costarricenses en el gobierno de Rodrigo Alberto Carazo, en la que había que hacer fila en los llamados estancos del Consejo Nacional de Producción para comprar arroz, frijoles, manteca y café.

Yo era muy niña cuando eso, pero eran situaciones marcadas por políticas económicas asumidas por el Gobierno y no por la alarmante realidad de la escasez de alimentos.

La agricultura está abandonada. El hombre ha preferido ser abogado, arquitecto, médico, ingeniero de la informática, menos ser agricultor. Los agricultores no reciben motivaciones, ni incentivos, pero hoy necesitamos volver a ellos y darles las herramientas para que nos lleven la comida a la casa.

Este jueves, por ejemplo, almorcé ensalada de lechuga con tomate, bistec encebollado, una torta de huevo, frijoles molidos y plátano maduro. Sin precisar cuán balanceada estuvo mi dieta, tuve realmente la bendición de tener un almuerzo delicioso, hecho por mis padres.

Ese mismo plato puede ser en Haití o en Egipto, una razón para que sus habitantes exploten en violencia. No desarrollemos esta realidad.
periódico La Prensa Libre 25 abril 2008.

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