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RESONOCO

15/05/2008 GMT 1

El reino iconoclasta de Reygadas

marfuerte @ 00:28

Contrastes ‘Batalla en el cielo’ sorprende con una carga ambivalente de religiosidad, urbe y erotismo

Jurgen Ureña Arroyo | jurgenurena@yahoo.com
En muy poco tiempo, y en virtud del profundo impacto producido por tres largometrajes de vocación radical, el director mexicano Carlos Reygadas se ha ganado un lugar privilegiado en el panorama cinematográfico de nuestros días.

La ópera prima del cineasta, estrenada en el año 2002 bajo el título de Japón , evidenciaba una gramática obsesiva y perturbadora, concebida a partir de la morosidad narrativa y del choque violento entre nociones antagónicas.

En su segundo largometraje, Reygadas fija su mirada en la intimidad de una desigual relación amorosa y se inclina de nuevo por el enfrentamiento entre ideas opuestas como belleza y fealdad, vida y muerte, infierno y paraíso.

Este juego de oposiciones hace de Batalla en el cielo (2005) una obra de difícil acceso, a veces demasiado personal, pero siempre efectiva al representar emociones complejas y trascendentales.

El ambivalente e inusual tejido cinematográfico incluye manifestaciones diversas, y aparentemente incompatibles, como la performance , la sinfonía urbana del período silente, el cine reflexivo de los grandes maestros y el relato policiaco.

Confluencias. Uno de los rasgos más notables del cine según Reygadas es la recurrencia de suaves y amplios movimientos de cámara y la caracterización actoral hierática, dispuestos en sentido contrario a la estética predominante.

Esta puesta en escena particular produce una sensación de tiempo suspendido, una atmósfera etérea que invade al filme y propicia el tránsito hacia los diversos estados emocionales experimentados por los protagonistas.

Adicionalmente, el desencadenante narrativo de Batalla en el cielo surge de la cotidianidad mexicana y adopta la forma de un secuestro infantil. Esto convierte a la ciudad en elemento esencial del tejido dramático, en espejo que multiplica las sensaciones de millones de seres humanos.

El carácter plural y reconocible de la capital mexicana da consistencia a las etéreas relaciones de Batalla en el cielo . El espacio urbano es además el principal dispositivo creativo, el vínculo generador entre la idea y la realidad. El propio Reygadas ha comentado que se inspiró en el cine de Roberto Rossellini y en la manera en que el director italiano construyó una ficción a partir del paisaje urbano en el filme Roma, ciudad abierta (1945).

Finalmente, la peregrinación religiosa que atraviesa el relato aumenta la sensación de pluralidad y extiende las relaciones hacia la tradición cinematográfica de formas contemplativas. Aquí es donde se manifiestan las influencias más importantes de Reygadas, donde se vislumbra con claridad la huella profunda de directores como Robert Bresson, Carl Theodor Dreyer, Yasujiro Ozu y Andréi Tarkovski.

Fronteras. Uno de los elementos más comentados de Batalla en el cielo es el uso de la sexualidad explícita en un par de pasajes. Tras la proyección, los abucheos y silbidos se alternan usualmente con diversas manifestaciones de apoyo, lo que reaviva el antiguo debate sobre los linderos entre lo erótico y lo pornográfico.

Para muchos, el límite entre ambos territorios es claro: el cine erótico insinúa y el pornográfico muestra. El erotismo es sutil e imaginativo; la pornografía, torpe y demos-trativa. La pornografía es vulgar, y el erotismo es arte.

Una breve revisión histórica añade al esquema el beneficio de los matices y recuerda que el cine de genitales expuestos es tan antiguo como el propio cinematógrafo. Obras como A través de la cerradura de la puerta (1900) y El amor a todas las edades (1902) lo confirman.

La división abrupta entre erotismo y pornografía gozó de muy buena salud durante la primera mitad del siglo XX, amparada en los medios diferenciados de distribución y en las censuras nacionales, como el Código Hays estadounidense.

El aire rebelde de finales de los años 60 preludia los cambios que llegarán a la gran pantalla con la Trilogía de la vida, dirigida por Pier Paolo Pasolini e integrada por El Decamerón (1971), Los cuentos de Canterbury , (1972) y Las mil y una noches (1974).

La crítica especializada se enfrenta a las nuevas propuestas con gran perplejidad: ¿puede una película conciliar la abierta exposición sexual con el logro estético? La evidencia propone una respuesta afirmativa.

El último tango en París (1972), dirigido por Bernardo Bertolucci, y El imperio de los sentidos (1976), del japonés Nagisa Oshima, confirman una tendencia que en la última década ofrece filmes tan notables como Los idiotas (1998), Lucía y el sexo (1999), Nueve canciones (2004) y El sabor de la sandía (2005).

Aún así, la presencia del sexo explícito en un largometraje es actualmente una razón de peso para la descalificación y el juicio de valor condenatorio. El caso extremo del fenómeno se ubica en Irán, donde la sexualidad manifiesta en el cine es sancionada con la pena de muerte.

Ecce homo. El rostro inexpresivo de Marcos, figura central de Batalla en el cielo , abarca la pantalla en la primera imagen del filme. Algunos minutos más tarde el espectador puede interpretar el momento erótico inicial, explícito y contradictorio, grotesco y lírico a la vez, como una doble presentación.

Por un lado, Reygadas parece emular en la imagen una célebre frase de la tradición cristiana: “He aquí al hombre”, flagelado y a punto de iniciar su personal via crucis .

Esa lectura es inducida por la extensa iconografía religiosa que destaca en cada rincón del filme, y por las diversas estaciones señaladas durante el desarrollo del relato.

Por otra parte, el pasaje inaugural de Batalla en el cielo se expresa como una síntesis dramática: “He aquí la película”, constituida fundamentalmente por contrastes.

A lo largo del filme, plano tras plano, la mirada reposada y poética convive con el choque frontal, la niebla gravita al lado de la violencia cotidiana.

Los detractores de Reygadas –que no son pocos– lo acusan de ostentar un excesivo trascendentalismo y lo consideran poco más que un simple provocador. Argumentan que sus películas alimentan los mayores estereotipos sobre América Latina, que él no pretende ponerse a la altura de sus personajes, y que en cambio narra siempre desde un trono sofisticado, de abolengo europeo.

En Batalla en el cielo podrían confirmarse algunas de esas apreciaciones, a riesgo de subestimar su valiosa condición de obra iconoclasta.

La película es al mismo tiempo una radiografía y un alegato contra el México actual. Es la imagen fotográfica y el comentario que pide quemar el viejo retrato.

Batalla en el cielo rompe con la estética promulgada por el star system hollywoodense y objeta además la imagen idealizada sobre el cine latinoamericano, mediante la reescritura del propio cine latinoamericano. El logro alcanzado –o, incluso se podría afirmar, el simple propósito– no es de ninguna manera despreciable.

Suplemento Áncora. periódico La Nación 27 abril 2008.

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