O Dios o el dinero
Javier Solís
Periodista
¡Qué vergüenza! Hace años que muchos católicos sinceros se vienen cuestionando sobre el banco llamado "Servicios Pastorales". "Servicios" entiéndase lucro con las limosnas acumuladas hechas por los fieles creyentes y "pastorales" porque los banqueros son clérigos. No por pastorado de las ovejas descarriadas ni por imitación del Buen Pastor.
Cuando murió Torres, la Conferencia Episcopal publicó una esquela de pésame de media página en un diario. Nada parecido han publicado por la muerte de santos obispos o sacerdotes. ¿Por qué? Porque la escala de valores está invertida. El dinero es lo principal.
Y la acumulación ha sido tanta que han podido invertir en Sama más de cuarenta mil millones de colones. Hasta tienen un asiento en su junta directiva. De "pastores" entre comillas se han convertido en prestamistas de plata. ¡Qué sacrilegio! Ése es el más grande antitestimonio del compromiso evangélico de toda la historia de la Iglesia Católica en Costa Rica. A partir de su participación en Sama, la iglesia de los obispos, no la iglesia de los pobres, traicionó su identidad con el pueblo llano costarricense y se alió con los señores del dinero, de la riqueza, del poder.
Y ahora esto de los préstamos. Es natural. Tenía que darse. Les gusta prestar plata y cobrar los intereses. Pero no saben administrar. Pretenden ser banqueros pero jugando el papel de guías "espirituales", de hombres de religión. Han hecho trampa cerrando un ojo -o los dos- sobre los orígenes de los depósitos que reciben y la legalidad de su administración. Así se encuentran hoy como hace unos años el eufemísticamente llamado "Instituto para las obras de religión", es decir, el banco del Vaticano, en el caso del Banco Ambrosiano, de Roberto Calvi y Monseñor Marcinkus. El mismo guion. La misma mafia de masones santulones. ¿Lavado de dólares? ¿Conexiones con el narcotráfico?
Y lo más vergonzoso es ver cómo se exhibe - contradicciones, evasivas, inocencias, incompetencias, opacidades, cobardías - Francisco Ulloa, Presidente de la Conferencia Episcopal y responsable de la administración financiera, su representante en Sama y máximo jerarca de los "Servicios Pastorales". No sé, no conozco, pregúntele a él, se lo preguntaré en el cielo, intervine porque me pidió consejo, no fui informado, se hizo sin mi autorización ni conocimiento, tengo que consultarlo, lo que digan los abogados, no sé por qué no se hizo, me siento inocente ¿verdad? (¿No les suena al chimisazo o al abelazo?) En la más primitiva empresa financiera, un gerente o presidente con ese desempeño no tarda sesenta minutos en ser puesto en la calle sin responsabilidad patronal.
¿Quién va a ir a misa con esa clase de pastores? Ulloa debería ser destituido. inmediatamente como presidente de los obispos. ¿O vamos a presenciar la misma táctica utilizada en el caso de los religiosos pedófilos? Los sacerdotes y las comunidades católicas de Cartago deben pedir su renuncia como obispo diocesano. Pronto nadie le va a creer ni el Credo de la misa.
Se trata de un pecado muy grave. En Mt. 6,24 Jesús habla de "Mamón" (dinero, en griego y en arameo) como de un poder demoníaco al que se somete el hombre codicioso y cuyo servicio es incompatible con el de Dios. Sí, incompatible. No hay término medio. Y en Lc16, 9.11 lo tilda dos veces de injusto o inicuo en una expresión de la tradición bíblica que designa el modo concreto cómo generalmente se adquiere, aumenta y emplea la riqueza.
Pero los obispos y los sacerdotes católicos pueden redimir este pecado, arrepentirse, hacer penitencia y propósito de enmienda. Pueden convertir esos cuantiosos, cuantiosísimos fondos en un banco de los pobres, como el Banco Graameen, fundado por Muhammad Yunus, Premio Nobel de Economía 2006, en Bangladesh. Quizá veríamos entonces florecer de nuevo la autenticidad y el fervor religioso.
¿Veremos ese milagro? No hay que ser muy optimistas porque el mismo Jesús previno que era muy difícil que los que ponen su confianza en el dinero, entren en el Reino (Lucas 10,23-25.). Y dos versículos antes le dice a un joven que le pregunta por la perfección: "ande, vende cuanto tienes y dalo a los pobres". Pero el joven dio media vuelta y se fue entristecido "porque tenía muchos bienes". Lo mismo le va a pasar a la Conferencia Episcopal.
Semamanario Universidad 24 abril 2008.

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